La Opinión de Cuenca

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Parque del Huécar... ¡Qué desolación!

Actualidad


En mis diarios paseos por mi ciudad, por mi Cuenca querida, son innumerables las ocasiones que mis pasos me llevan a buscar ese rincón evocativo de mi juventud, ese banco soleado desde el que contemplar Cuenca a mis pies desde El Castillo, el Cerro del Socorro desde un irreconocible Jardín de los Poetas o el Hospital de Santiago desde El Escardillo. No son pocas las veces, también, que busco el sol de un invierno “aprimaverado” en algún parque de mi ciudad, para solaz y consuelo de mi infeliz alma. Infeliz alma que llora la progresiva destrucción de esta bella ciudad castellana, la Muy Noble y Leal Ciudad de Cuenca, que conquistara nuestro rey Alfonso VIII allá por 1177.

Y así, en el paseo el cual hoy relato, la casualidad ha querido que buscara el anteriormente citado solaz, en el Parque del Huécar, de bajada a extramuros por asuntos burocráticos, es decir, por pura necesidad. Quizá debería decir, más correcto sería, que intenté buscar esos minutos de asueto y de intimidad que permitieran a mis no ya tan jóvenes huesos tomarse un breve descanso, lo cual no fue posible. Desolado me quedé al contemplar, lo que debería ser una de las más coquetas zonas verdes de la zona centro de Cuenca al arrullo del río. ¿Puede una ciudad Patrimonio de la Humanidad tener un espacio así? Encontrar un banco que por lo menos tuviera su estructura al completo, que no me ocasionara desperfectos en mi ropa por los enganchones, realmente fue una tarea infructuosa. Mi pena se acrecentó, cuando intenté imaginar a los niños de las casas aledañas, o a aquellos niños que junto a sus padres disfruten de un paseo al amparo de nuestro río menor, niños que bien podrían ser alguno de mis nietos, y como tales, quisieran desfogar sus incontenibles energías infantiles en la zona de parque para ellos destinada… ¿qué fue de los columpios? ¿Y si en vez de un niño es una persona mayor con movilidad reducida? ¿Es de recibo el estado tan deplorable en el que se encuentra el pavimento del suelo? Los baches son incontables, en la zona con solado la falta de losetas es inaceptable, lo que hace que el paseo por este parque se convierta en una actividad de riesgo. El escaso y deficiente cuidado de la vegetación merece un capítulo especial. Alcorques vacíos, discontinuidad en los setos… sequedad, abandono y negligencia.

Y digo yo… ¿para qué pagamos impuestos si estos no revierten en la mejora de nuestra ciudad? Eso sí, nos están vendiendo como cortina de humo la “macroobra” de unos remontes para subir al casco histórico de la ciudad… pero si no son capaces ni de arreglar un bache… Con esto de los remontes, ¿no nos irán a dejar como herencia para generaciones futuras un segundo “Bosque de Acero”? Capaces son.
¿Se acuerdan de la famosa frase de Alfonso Guerra de “A España no la va a conocer ni la madre que la parió”? Pues Ayuntamiento, Diputación y Junta de Comunidades van camino de hacer lo mismo con Cuenca… A CUENCA NO LA VA A CONOCER NI LA MADRE QUE LA PARIÓ.

Texto: La Opinión de Cuenca

Fotos: Varias imágenes del estado del Parque del Huécar

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