La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Partes de la acción de los franceses en Cuenca, del 21 al 27 de abril de 1811 (I)

Historia


Según documentos del Archivo Histórico Nacional, signatura:
DIVERSOS-COLECCIONES,95,N.39

En agosto de 1810, Luis Alejandro Bassecourt, general español oriundo de Francia, pasaba a Valencia con el cargo de comandante general y en la comandancia de Cuenca quedaba el coronel José Martínez de San Martín, quien imposibilitó que pelotones de soldados franceses continuasen robando a los sufridos vecinos; sin embargo, cuando se acercaban fuerzas  enemigas en un número que batirlas le resultaba imposible, iniciaba la retirada tal como efectuase el 22 de abril de 1811  cuando   se  aproximaba el general Lahonssaie, y una Cuenca prácticamente desierta fue de nuevo víctima del en-cono y la voracidad de los invasores. Desde esa fecha hasta final del año 1811, la ciudad del cáliz y la estrella soportaría nueve saqueos y veintisiete desalojos por no renunciar a sus creencias más íntimas y a su patriotismo. 

Cuenca, una ciudad desguarnecida prácticamente, había sido ocupada con anterioridad por la columna del mariscal Adrien Jeannot de Moncey, compuesta por la 1ª División Musnier, la Brigada Wathier y tres baterías de artillería. Sumaban en total siete mil setecientos cincuenta infantes, ochocientos jinetes, doscientos treinta y siete artilleros y dieciséis cañones, que llegaron a Cuenca el 11 de junio de 1808 y abandonaron la ciudad el 17. En esta ocasión, los franceses no se produjeron con una violencia significativa. No así cuando, pocos días después, el 3 de julio de 1808, entraron las tropas del marqués y general Armand Augustin de Calaincourt. En este caso, el francés perpetró, o lo permitió, los ultrajes más espantosos. El saqueo, el latrocinio, el fuego, las violaciones y el sacrilegio estuvieron presentes de forma continuada mientras permaneció en Cuenca.

Y en la primavera de 1811, días que nos ocupan en la presente serie, los habitantes de Cuenca volvieron a temerse un nuevo asedio.

José Martínez San Martín, aupado por la marcha de Bassecourt al cargo de comandante general de las fuerzas en Cuenca, enviaba con fecha de 6 de mayo de 1811 este extenso informe al general Luis Alejandro Bassecourt quien en 1810 había sido des-tinado a Valencia en calidad de capitán general:

Con fecha de 23 del pasado (abril de 1811), dije a V. S. lo siguiente: 

El ataque que en mi oficio de ayer insinué a V. E. debían hacerlo hoy, los enemigos lo verificaron ayer tarde con las considerables fuerzas que indiqué a V. E. en el mismo oficio, según las noticias de los confidentes; pues yo, por lo nublado de la tarde, por el desecho temporal de viento y lluvia que nos daba de frente en nuestra posición, no pude reconocer al enemigo. Desde el día anterior tenía situadas las compañías de adelantados de Cuenca, a las órdenes de don Luis Gutiérrez, en Villar del Horno; una partida de observación destacada de los escuadrones de la división a cargo del capitán don Atanasio Ximénez, compuesta de cincuenta caballos y un subalterno que estaba en la venta de Cabrejas; y en Cólliga y Colliguilla el resto de los escuadrones, todos con la orden de sostenerse recíprocamente y de irse replegando sobre la capital con el mayor orden, sosteniendo siempre al enemigo y dándome partes continuados de sus adelantamientos en el caso de que avanzasen con fuerzas superiores.

Un movimiento rápido que los enemigos hicieron sobre el camino Real con un grueso cuerpo de Caballería impidió que mis órdenes fuesen obedecidas. Y yo me hallé con los enemigos muy cerca de la ciudad, cuando esperaba que precediese la entrada de los escuadrones.

 Las compañías de Gutiérrez y la fuerza que mandaba Ximénez se batieron muy bien y causaron bastante pérdida al enemigo, según se me ha informado; pero cediendo a la superioridad de éste, la partida de Gutiérrez se dispersó después de haber sido hecho prisionero su comandante y los escuadrones se retiraron por la izquierda de la ciudad, pasando los vados que hay en aquella parte en lugar de pasar el puente de San Antón. Luego que supe que los enemigos se aproximaban, formé la primera línea compuesta del Batallón de Tiradores y las compañías de Granaderos y Cazadores de Badajoz; todo al cargo del teniente coronel don José Yarza, sobre el parapeto y zanja que se había hecho y se extendía desde el cerro de la Majestad hasta el río. Y el resto del Regimiento de Badajoz quedó en segunda línea. Y protegiendo el paso del puente se presentó una gruesa columna de Caballería sostenida de fuertes guerrillas de esta arma. Reconocieron el frente de mi posición a pesar del fuego que sufrían, y luego intentaron, al llegar su infantería, dos cañones y un obús con el que hacían un fuego muy vivo, atacar la izquierda de la línea; pero la bizarra serenidad de las tropas que la defendían y el acertado fuego que hicieron, habiéndoles dejado acercar a distancia de un tiro certero, rechazaron y desordenaron a las tropas que intentaban el ataque, que repitieron varias veces en el discurso de dos horas, siempre con iguales resultados. En este estado mudaron de plan, y destacaron columnas de infantería y caballería con dirección a pasar por mi izquierda para envolverme. En vista de esto y de que no se habían podido concluir las obras que tenía meditadas en las entradas de la ciudad, por la parte que llaman de la Ventilla, mandé retirar las tropas, dando al efecto las órdenes correspondientes para que el Batallón de Tiradores lo hiciese por el puente del Chantre; el Regimiento de Badajoz por la Inquisición, y por medio del teniente de Cazadores, que V. E. tiene a su lado, don Manuel Manso, comuniqué la orden a la caballería, cuyo comandante don José Salcedo me acababa de avisar en aquel momento que había pasado el río, como a una legua de distancia de la ciudad, que se retirase a Fuentes y de allí a Almodóvar del Pinar en caso de ser perseguido por el enemigo.

 Como el tiempo era tan lluvioso, los caminos estaban tan malos, era tanta la caballería enemiga y yo ignoraba en dónde se hallaba la mía desde el principio de la acción, mandé que se retirase la artillería y su parque con una escolta suficiente de infantería por Palomera, como en efecto se verificó.

 Estoy esperando se me reúna el Batallón de Tiradores y luego que se verifique daré a V. E. parte de todos los resultados con expresión de lo perdido que hayamos teni-do cuando los cuerpos me den estas noticias. Tampoco puedo dar a V. E. ahora idea de la que haya tenido el enemigo, pero lo haré cuando lo adquiera.

(Continuará...)

Imagen: Luis Alejandro de Bassecourt. Óleo de Miguel Parra Abril. 1814. Palacio de Cervelló

 
 
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