La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Partes de la acción de los franceses en Cuenca, del 21 al 27 de abril de 1811 (III)

Historia


Como su contexto no satisface en mi modo de pensar a las preguntas que yo le hacía, estaba tomando conocimiento por varios individuos de su cuerpo de las ocurrencias de que hace mención y de las causas que pudieron influir en que no se replegase en las fuerzas de su mando sobre esta capital, como yo esperaba y tenía mandado, para dar al general en jefe y a V. S., dado ya a reconocer en esta división por comandante general de ella, y quedando yo en la clase de segundo, según la orden general del Ejército de 25 del mismo mes de abril, todas las noticias convenientes y que yo debía dar.

En este tiempo he recibido el oficio de V. S., que dice lo siguiente: Tan luego como recibí el primer parte de V. S., de la acción desgranada que tuvo con los enemigos sobre la ciudad de Cuenca el día 23 del anterior, creí tener enseguida un estado que me manifestase la pérdida de los cuerpos; y no habiendo recibido hasta ahora ni el estado citado ni relato que me ponga al tanto de este suceso, reitero a V. S. que sin pérdida de tiempo lo ejecute con la mayor prolijidad, lo que espero se verifique como deseo para mis ulteriores providencias.

Como yo esté persuadido de que en esta lucha patriótica en que se trata de salvar la libertad y la independencia de la nación, un general que tiene una acción desgraciada debe morir con la espada en la mano o debe ser examinada su conducta en un consejo de guerra, pido formalmente por medio de V. S. al excelentísimo señor general en jefe que se examine con arreglo a ordenanza mi conducta, ya que no pudo verificarse; lo primero, porque cuando yo mandé retirar las tropas, ninguna desgracia había sucedido a las que yo tenía a la vista. Como contra el comandante de los escuadrones don José Salcedo resulte el cargo de no haberse replegado a esta capital con orden, según se lo tenía mandado, y de este acontecimiento resultó que variase mi plano, que consistía en defenderme en esta capital todo lo que pudiera a favor del retrincheramiento que tenía hecho y verificar mi retirada cuando conviniese: la artillería y caballería por el camino de Palomera, que al intento ya tenía reconocido, y los dos cuerpos de infantería por las dos alturas colaterales que lo dominan, donde, en mi concepto, no podíamos ser incomodados por el enemigo, hube de variarlo, mandando que el Batallón de Tiradores se retirase por el puente del Chantre, y en esta retirada ocurrió lo que consta de oficio del comandante accidental de dicho cuerpo, que literal copio. 

“Luego que por el ayudante de mi batallón don Toribio Medrano se me comunicó la orden de V. S. para que me retirase por el puente del Chantre a La Cierva, la emprendí desde el retrincheramiento en desfiladero, pues no permitía otra formación el terreno. Los enemigos, que observaron mi movimiento, adelantaron sus guerrillas de infantería y caballería, que rompieron fuego contra las mías, las cuales, según mis instrucciones, se batían en retirada, sosteniendo la que iba haciendo el batallón. Los enemigos reforzaron las suyas y dispuse que la primera compañía quedase a sostener las mías. Seguí la retirada por escalones hasta el llano y, considerando el riesgo que éste me ofrecía en su travesía hasta llegar al puente, determiné vadear el río; pero las muchas aguas de aquel día habían aumentado considerablemente la suya y no me resolví a realizarlo por los informes que al mismo tiempo me daban. 

Resuelto a continuar por el llano a buscar el puente, hice que se adelantase un ayudante para que me avisara en caso de que los enemigos hubiesen hecho movimiento, para impedirlo; y yo seguí mi marcha en columna, sostenido por la tercera compañía que había formado el tercer escalón. Ésta y las guerrillas fueron cargadas por la caballería e infantería que me seguía, al mismo tiempo que por mi izquierda se me avisaba que bajaba una columna de caballería, como de doscientos caballos, con alguna infantería que, sin duda, trajeron en las grupas; ni tampoco debo dudar que con objeto de cortarme o de atacarme por el flanco, en cuyas críticas circunstancias no me quedó más arbitrio que el de acelerar mi marcha, pues, aunque la formación del cuadro o sólido podía, no sin riesgo con respecto al estado de la tropa y armamento, ponerme a cubierto de una carga de la caballería, no podía esperar con ninguna de estas dos maniobras un resultado feliz en el ataque que me amenazaba de las dos armas; antes sí, la destrucción casi inevitable de todo el Batallón, todo lo cual que no pude menos de prever, me obligó a decidirme en la determinación de redoblar el paso sin salir del orden de formación que traía y situar la 4ª compañía entre el río y el pueblo de Embí (Embid), que ofrecía alguna ventaja, para que contuviese con su fuego a los dragones. Pero en este momento ya caía sobre Embí la columna de la izquierda y, de permanecer más tiempo, la compañía iba a quedar cortada, como les sucedió a algunos de sus soldados, que, por demasiados ocupados por su frente, no oyeron la voz de retirada a su comandante. 

Entre el dicho pueblo de Embí y el Puente del Chantre fue donde los enemigos, ya reunidos, esto es, los que me seguían en mi retirada, y los que bajaban por la izquierda atacaron a la columna con todo empeño, cuyo ataque nos ocasionó la mayor pérdida y también impidió que todos llegasen al puente, pues, para liberarse de la caballería, se vieron obligados muchos a tomar la izquierda y dirigirse hacia Villalba y Sotos. Yo tomé el puente con una parte del batallón, en donde, con anticipación, había apostado una partida para que lo sostuviera. El enemigo no se resolvió a intentar el paso y, desde luego, comenzó a replegarse.

No puedo determinar a V. S., hasta la presente, la pérdida del batallón, pues ignoro el número, tanto de oficiales como de tropa, que se dirigieron por la izquierda, y también el de otras como que, forzadas por la caballería a ser prisioneros o tirarse al río, prefirieron este partido y sé que se han salvado; sin embargo, gradúo mi pérdida entre muertos, heridos y prisioneros como unos doscientos hombres, siendo de la última clase la mayor parte.

(Continuará...)

Imagen: Puente de El Chantre (Hispania Nostra)


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