La Opinión de Cuenca

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Partidos políticos vs políticos perdidos

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“Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política”. (Constitución española, Título preliminar, art. 6).

En esta nueva Corte de los milagros valleinclanesca en la que da la sensación que se ha convertido la vida política española en estos últimos tiempos no pareciera muy oportuno echarse a la arena del Ruedo ibérico fratricida sin riesgo de ser empitonado por alguna cabeza de las nueve entre diez que, según Machado, embisten y no piensan. Aun a riesgo de correr tal suerte, me permito compartir con ustedes, sin acritud y con máximo respeto, algunas reflexiones sobre el quehacer político, con referencia expresa a nuestro entorno más cercano. Salvo que queramos embestir, todos convendremos en la bondad y necesidad del ejercicio de la política en libertad a través de los cauces que nos hemos concedido: partidos políticos, sindicatos, asociaciones cívicas diversas, órganos democráticos de las instituciones, iniciativas personales y demás medios con los que cada cual tiene a bien participar en la vida pública con el fin, a priori, de contribuir al bien común. No voy a insistir aquí en la infinidad de casos en los que ese fin está siendo vulnerado y, bajo varias estratagemas para el engaño, se pretende confundir el bien común con lo que serían bienes bastardos particulares. Este hecho, tan evidente y tantas veces repetido, ha supuesto el descrédito más absoluto de tal actividad y ha traído consigo que algunos oportunistas “salvadores” hayan aprovechado la ocasión para arremeter contra la casta que, según ellos, es el origen de todos los males de la gente; muerto el perro se acabó la rabia, se pensaría, si no fuera porque en realidad es quítate tú que me pongo yo como propietario de la buena política.

Haciendo abstracción del bochornoso espectáculo cómico burlesco protagonizado por algunos dirigentes del Partido Popular, estas guerras de intereses, que resultan evidentes en las esferas políticas nacionales, tienen su correspondencia en la esfera más inmediata so pretexto de defensa de los intereses más próximos a la ciudadanía y velar por la buena gestión de los recursos públicos. Esto es así y resulta positivo, a mi modo de ver, en tanto en cuanto estas iniciativas de denuncia y reivindicativas se mantienen como actividad abierta a la ciudadanía y se canalizan posteriormente a través de los partidos políticos para ser llevadas a los presupuestos con los que se puedan ejecutar, aunque esto pueda resultar paradójico en este momento. Los ejemplos de fracaso de la otra vía, la de la participación directa en la contienda electoral al margen de la estructura de los partidos políticos, ha terminado siempre en fracaso si no en desencanto; lo fue en su momento la Agrupación en defensa de la República, de Ortega y Melquíades Álvarez, lo fue de alguna manera UCD, la Operación Roca y en el ámbito más cercano lo fue el movimiento que dio origen a Independientes por Cuenca y lo está siendo ahora mismo con Cuenca nos Une, por no mencionar algunos otros experimentos en los que yo mismo he participado; “el que lo probó lo sabe”, que diría Lope. Se aduce como ejemplo de éxito el caso de Teruel Existe o Soria Ya olvidando que a tales colectivos les precedieron años de movimiento ciudadano que les sirvió como nexo de unión y unos resultados electorales que han permitido magnificar su influencia en la política nacional, veremos a ver si de manera coyuntural o definitiva. Que es necesaria una nueva ley de partidos políticos más democrática, participativa y trasparente está fuera de toda duda, al igual que una nueva ley electoral que supere las limitaciones que se tuvieron que pactar en el 78.

Viene esta digresión a cuenta porque observo que cada vez está más extendida la idea de que una solución parecida a Teruel Existe sería ideal para olvidarnos de todos los males de la patria conquense y pasar definitivamente a la modernidad. Es decir, quitarse de en medio la vieja casta y erigirse en salvadores con el único bagaje en la mochila que el descontento cierto y justificado de la ciudadanía maltratada durante décadas. No sé si otro nuevo intento en esa línea sería el mejor camino para salir de este grado de postración en el que nos hallamos, aunque lo dudo; los antecedentes no son muy esperanzadores por la experiencia más reciente y entonces no tendríamos a quién pedirle responsabilidades por no haber una estructura de partido que fuera responsable civil o, si llegara el caso, penal, salvo que lo hiciéramos al maestro armero. La defensa del bien común en la escena política tiene una oferta más que amplia para ser canalizada a través de los partidos políticos ya consolidados, incluso los que puedan ir surgiendo; las agrupaciones de electores y plataformas diversas son muy atractivas para satisfacer aspiraciones y frustraciones personales, incluso para agrupar en torno a sí al sindicato de cabreados que han ido dejando los partidos tradicionales por motivos diversos y no siempre imputables a los propios partidos. No caigamos en la sinécdoque de desprestigiar la política por uno o por varios políticos que la desprestigien; siempre hay mecanismos para quitárselos de en medio, incluso por los cauces internos de los partidos si no son rentables para su oferta. Las aventuras personalistas en este terreno más pronto que tarde tienen un recorrido muy limitado y a los hechos me remito. Hagamos política, desde luego, porque si no otros la harán por nosotros, lo cual no está reñido con participar en los movimientos sociales y ciudadanos que vayan creando conciencia crítica y ciudadanos críticos capaces de exigir responsabilidades y tener la garantía de que nuestro voto no es un cheque sin fecha de caducidad sino que se puede cambiar de beneficiario en la siguiente convocatoria, incluso pedir responsabilidades subsidiarias a la organización que avala la oferta. Así lo pienso y así se lo cuento, con el deseo de que pasen un buen día a sabiendas de que el quiasmo del título no es precisamente uno de mis mejores logros expresivos.

Texto: Martín Muelas

Sección: Mirando a los clásicos


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