La Opinión de Cuenca

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Pícaros, embaucadores, hechiceros y nigromantes. Jerónimo de Liébana (I)

Cultura


Uno de los pícaros y nigromantes más significativos que ha dado nuestra tierra ha sido Jerónimo de Liébana, nacido en La Ventosa el 15 de enero de 1590, hijo de Diego de Liébana y de Ana Xáraba (A.D.C. Libro I de Bautismos, folio 97 vuelto, de La Ventosa). En sus picardías llegó a hacerse pasar por presbítero sin serlo. En 1620, cuando contaba con treinta años, el tribunal de la Inquisición de Zaragoza lo juzgó por hacerse pasar por el sacerdote Juan Calvo, así como por asegurar que ...Savía muchas curiosidades, en particular ligar espíritus familiares para dibersos efectos y tener rezetas para hacerse imbisible, para alcançar mujeres y ganar en el juego. Por todo ello y por practicar invocaciones satánicas y misas dedicadas al demonio, fue condenado a recibir cien azotes y remar durante ocho años en las galeras de su majestad. Por idénticos motivos resultó procesado por el tribunal de la Inquisición de Barcelona. 

También puso de manifiesto sus trapacerías en Cuenca, engañando a varias familias con el cuento de descubrir tesoros. Sin embargo, su peripecia más sonada fue el propósito de hechizar al rey Felipe IV a fin de que perdiera la confianza en su valido, el conde-duque de Olivares.

Pero veamos, a tenor de la abundante documentación existente en el Archivo Diocesano de Cuenca, Sección de Inquisición, Legajo 435, expedientes 6.150 y 6.150 bis, algunas andanzas del personaje.

El 29 de agosto de 1630, prestaba declaración ante la justicia eclesiástica, concretamente ante el gobernador y provisor general de Cuenca y su diócesis:

En la ciudad de Cuenca, a veintinueve de agosto de mil seiscientos y treinta años, el licenciado don Fernando de Mera Carvajal, gobernador y provisor general en dicha ciudad y su obispado, hizo parecer ante sí a Jerónimo de Liébana, que está preso en la cárcel episcopal de la ciudad. Y habiendo parecido, su merced le recibió juramento en forma por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz. Y prometió decir verdad. Y a la fuerza y con alusión del dicho juramento, dijo: “Sí, juro y amén”. Y por su merced le fueron hechas las preguntas siguientes: 

Fuele preguntado cómo se llama, qué estado tiene y de dónde es vecino y natural. Dijo que se llama Jerónimo de Liébana y que su estado es de hombre soltero, ordenado tan solamente de órdenes menores; y que es natural y vecino de La Ventosa, de este obispado.

Fuele preguntado si tiene algún oficio, ministerio, trato, granjería u otra ocupación con que gane su vida. Dijo que se ha sustentado algunos años sirviendo al señor duque de Alcalá, gobernando Cataluña, y al señor conde de Savellá; y que después vino a la villa de Ocaña donde fue vicerrector del colegio que llaman el Convictorio de aquella villa, y que en esta ocupación de vicerrector estuvo ocupado cerca de dos años, que fueron los de 1628 y 1629.

Fuele preguntado si es verdad que hoy, este mismo día, cuando fue preso, se le halló lo siguiente: tres monedas de color de oro, que de una parte tienen tres coronas y tres flores de lis, y de la otra una figura con un círculo, que parece figura del mundo, con una cruz encima. Dijo que es verdad que le hallaron en su poder las dichas tres monedas y que confiesa que, aunque parecen de oro, le parece que no lo son; y que habiendo jugado con algunas personas algunos escudos de oro, entre los que ganó al juego vinieron las dichas tres monedas.

Fuele asimismo preguntado si es verdad que cuando hoy lo prendieron hallaron en su poder una baraja de naipes, la cual su merced le mostró para que la reconociese, en presencia de mí el presente notario. Dijo que es verdad que se le halló la dicha baraja y él la tenía en su poder. Y que reconoce y confiesa que es la misma que su merced le ha mostrado.

Y luego, por su merced fue mandado que yo, el presente notario, rubrique con mi rúbrica los naipes de la dicha baraja a las espaldas de cada uno, para que a todo tiempo conste cuáles son los naipes de la dicha baraja.

Fuele preguntado si es verdad que los dichos naipes están hechos y cortados algunos de ellos, y con algunos puntos y señales de tinta, que significan fullería. Dijo que tiene por cierto que es verdad que están hechos y cortados algunos de ellos, y con las dichas señales de tinta, que parecen naipes de fulleros; pero que este declarante no los cortó ni señaló porque, viniendo ayer miércoles veintiocho de este presente mes del convento de los Franciscos Descalzos hacia la Carretería, por junto a la ribera, halló a unos mozuelos que estaban jugando con los dichos naipes y pareciole a este declarante que sean naipes fulleros. Se los quitó y los metió en la faltriquera y por eso se los hallaron cuando lo prendieron.

Fuele preguntado si es verdad que, asimismo, cuando lo prendieron le fue hallado un canuto de caña lleno de azogue, y en un papel un poquito de cardenillo, y para qué traía consigo lo susodicho. Dijo que traía el dicho azogue y cardenillo para hacer un ungüento para una sarna que le acometía, y mostró en las manos dos o tres granos de ella.

Fuele preguntado si asimismo se le hallaron dos billetes, el uno que empieza: “Sr. licenciado Diego de Liébana”.  Su fecha, de Cuenca a dieciséis de este presente mes de agosto. Y por firma dice: “Un amigo de vuestra merced”. Y asimismo otro billete que empieza “Porque su merced no esté con cuidado”. Su fecha, en Belmonte a trece de este presente mes de agosto, y la firma dice Diego López de Abarca, y qué materias y cantidades son las que contienen los dichos billetes. Dijo que el primer billete lo dio a su hermano Diego de Liébana una muchacha estando diciendo misa, y el dicho Diego de Liébana se lo dio a este declarante; y que no sabe quién lo escribió ni a qué propósito. Y que el otro billete se lo dio un hijo del dicho Diego López de Abarca; y lo que en él se contiene es que este confesante había concertado con el dicho Diego López Abarca que le entregaría cierta cantidad de naipes, pimienta y solimón que había sacado del reino de Valencia; y que por la dicha mercaduría le había de entregar el dicho Diego López Abarca los ocho mil reales que se contienen en el billete. Y esto responde.

Fuele preguntado si es verdad que este declarante entregó un cestillo de mimbres a Tomás Martínez, cerrajero, vecino de esta ciudad, el cual cestillo está tapado y cubierto con un lienzo de anjeo y cosido con unas puntadas de hilo, y en el anjeo un rótulo que dice así: “Es para el doctor Gabriel de Briones, inquisidor de Murcia”. Pesa diez libras. Y si reconoce el dicho cestillo en la forma que aquí se dice, el cual por su merced le fue mostrado cerrado y cosido, y antes de abrirlo. Dijo que niega todo lo contenido en esta pregunta y que no conoce el dicho cestillo ni lo ha dado a Tomás Martínez ni sabe de ello cosa alguna.

Y luego su merced, viendo que negaba la dicha pregunta y el cestillo, hizo parecer ante sí a Tomás Martínez para carearle, en razón de esta pregunta, con el dicho Jerónimo de Liébana. Y habiendo dado juramento en forma el dicho Tomás Martínez y mostrádole el cestillo en la misma forma y manera arriba dicha. Dijo que conoce el cestillo y que el mismo le dio y entregó Jerónimo de Liébana, el martes próximo pasado que se contaron veintisiete de este presente mes. Y cuando le dio y entregó el dicho cestillo dijo que se lo dejaba en prendas de veintiocho reales que Tomás Martínez le prestó. Y que el dicho cestillo valía sesenta y ocho mil reales, porque dijo que tenía dentro diez libras y media de oro.

Y luego, visto por su merced lo susodicho, abrió el cestillo en presencia de mí el presente notario y de los dichos Jerónimo de Liébana y Tomás Martínez y halló dentro lo siguiente: al principio estaba unos pedacillos de tapiz viejo y debajo de ellos unos cantos envueltos, unos en papeles y otros en trapos y escarpines viejos, de modo que todo lo que estaba dentro del cestillo no era más que cantos y trapos  viejos; y mandó su merced el gobernador que al dicho Tomás Martínez se le reciba su declaración al tenor de la querella del fiscal.

Luego, su merced, por el señor gobernador mandó parecer ante sí a Juan Lorenzo, cerrajero, vecino de esta ciudad, para carear con el dicho Jerónimo de Liébana. Y habiéndosele dado juramento en forma de derecho, se le leyó su dicho y declaración en presencia de Jerónimo de Liébana, y habiéndolo oído, dijo que niega todo lo que ha dicho y declarado Juan Lorenzo, y que solamente es verdad que estuvo en casa de Juan Lorenzo quince días poco más o menos, para incitarle a que le hiciese una llave falsa para sacar de poder de su hermano Diego de Liébana una firma de saninación (sic) que el dicho su hermano le tenía; y asimismo con intento de venderles naipes y pimienta, que arriba tiene declarado, y dar al dicho Juan Lorenzo alguna parte de ella. Y esto responde

Y mandó a Juan Lorenzo se fuese, y el dicho Jerónimo de Liébana dijo que lo declarado es la verdad, so cargo del juramento que hecho tiene, y lo firmó de su nombre. Y dijo ser de edad de más de cuarenta años.

 (Continuará...)

Imagen: Nigromancia

 
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