La Opinión de Cuenca

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Pícaros, embaucadores, hechiceros y nigromantes. Jerónimo de Liébana (VII)

Historia


En la villa de Madrid, a primero día del mes de febrero del año 1632, ante el señor inquisidor parecieron don Juan Enríquez y Jerónimo de Liébana, el cual bajo del juramento y prosiguiendo con su declaración, dijo lo siguiente:

Para la fundición de las figuras y ligación de demonios era día señalado un jueves, que a lo que se quiere acordar se contaban nueve de diciembre de seiscientos veintisiete, y para ello tenían prevenida una luz de cera blanca que llamaban candelabro, que de un tronco procedían siete velas, la cual se había hecho, según el Guñibay y los demás decían, de cera virgen, guardando en la fábrica de ella bendiciones, horas y observaciones; y un libro que llamaban “Sacro”. Y hasta diez o doce hojas de él, las primeras, eran de pergaminos hechos de pieles de perros y corderos, sacados antes de nacer de los vientres de sus madres, en horas y con observaciones particulares. Lo cual éste vio hacer algunas veces a los dichos don Marcos y Guñibay, y los demás que se hallaban en Málaga, excepto al marqués, porque éste, como ha declarado, estaba en Granada y en Órgiva; porque jamás éste lo vio en Málaga ni asistir a cosa alguna más de a lo que tiene declarado en la audiencia pasada. Juntamente con los susodichos asistía éste y ayudó algunas veces así a matar los perros y corderos como a abrirlos y sacar los hijos de los vientres, como a desollarlos. Y para este efecto había prevenidos cuchillos y un puñal que habían hecho fabricar en la ciudad, a un cuchillero que éste no conoce ni se acuerda dónde vive. Se fabricaban las dichas herramientas en horas que ellos señalaban, guardando el orden que daban los libros por donde se gobernaban. También hicieron las demás hojas del libro, que serían hasta cincuenta, todas de papel ordinario. En él Guñibay iba escribiendo conjuros diferentes con muchos caracteres, y los intentos que cada uno tenía en la ligación para la privanza, oficios y puestos que pretendían de su majestad, el marqués y los demás. Tenía muchos nombres de demonios y todas las hojas muy luminadas y doradas, algunas letras y otras de diferentes colores. La cubierta era de tablas guarnecidas de terciopelo verde, con manecillas de plata; y por el canto, dado color verde a las hojas. Era del tamaño de cuartilla y al final del libro estaban las firmas del marqués, don Marcos, Guñibay, Juan Bautista Quijada, licenciado Gabriel García y Pedro Bautista. Y aunque éste no se las vio firmar, las vio muchas veces escritas en el libro, de letras coloradas. Los susodichos dijeron a éste muchas veces, excepto el marqués, que aquellas firmas las habían firmado con sangre de los mismos, cada uno de la suya, sacándola unos de los dedos y otros de otras partes diferentes del cuerpo, según ordenaba a cada uno Guñibay. Y aunque éste no inquirió ni supo en qué ocasión firmó en el libro el marqués, siempre presumió que debía de haber estado en Málaga algún día escondido, porque si se hubiera de haber llegado a Granada o a donde estaba, había de haber sido éste el mensajero por ser la persona confidente que para ello había, o había de haber ido alguno de los susodichos; y de éstos nunca faltó de la ciudad persona tanto tiempo que pudiese haber ido adonde estaba el dicho marqués. Por esto presume y tiene por cierto que el marqués habría ido allá. 

Asimismo, había prevenido un ornamento que hicieron nuevo: alba, amito, cíngulo, estola, manípulo y casulla, ésta de tafetán verde, doble, forrada en tafetán encarnado sin guarnición ni (---), y el cíngulo de seda verde; el amito y alba eran de holanda. Todo lo cual se cortó con tijeras que estaban hechas en la forma que los cuchillos. Y supo del dicho Guñibay que él lo había cortado y el licenciado Gabriel García. Cosieron lo más en las horas y días que Guñibay, con agujas. Y asimismo dio para este efecto prevenidas con supersticiones, como todo lo demás.

También había prevenidas algunas hierbas llamadas almerich, que ésta fue muy dificultosa de hallar; y éste y el licenciado Gabriel García fueron a la Sierra de Ronda por ella, y no hallándola fueron en su busca al término de Ubrique, que está siete u ocho leguas de Málaga, al poniente, adonde la hallaron; labradores dijeron de ella, por las señas que dieron, que es cenizosa y pequeña, a modo y menor que la mata de los garbanzos. Conque volvieron muy contentos y fueron muy bien recibidos por haberla hallado. Las demás eran cicuta verbena, eléboro y otras de que no se acuerda. Asimismo, se previnieron los mismos olores que tiene declarados. Fueron números para los conjuros y plumas de aves, que la una de ellas se acuerda era de abubilla para escribir en el libro sacro que ha declarado y pichones negros para escribir con la sangre en el dicho libro; y pieles de pescados y animales, de que en particular no se acuerda cuáles fuesen, y huesos de criaturas muertas sin agua de bautismo, para cuya busca éste y el dicho licenciado Gabriel García trajeron diligencia con una comadre que había en la calle de San Juan, de cuyo nombre no se acuerda, y con efecto se los dio, y llevaron a Guñibay y los demás  que ha declarado. Cada uno para su parte buscaba lo que se le encargaba de estas cosas. Asimismo, se previno carbón de sauce y de olivo, cortando la madera en las horas que Guñibay ordenaba. Y a éste le tocó cortar el palo del sauce con el puñal que ha declarado, que tenían preparado para matar los corderos y perros. Al licenciado Gabriel García le encargó cortar el olivo en la misma forma y así lo hizo. Guñibay hacía el carbón según él decía, porque éste no se lo vio hacer. También tenía Guñibay tinta negra prevenida para escribir todo lo necesario, hecha también a su modo.

Asimismo, se previnieron trece onzas de oro y cosa de setenta de estaño para hacer las figuras que se habían de vaciar y lo purificaron todo de por sí cada metal delante de éste, echando al estaño claras de huevo y echándolo en vino o vinagre blanco, lo cual purificaba Guñibay, ayudándole éste; y todos los demás en lo que él ordenaba. 
Y así esto, como todo lo que ha declarado y declarará, se previno e hizo a particulares horas, con ceremonias, observaciones y conjuros, sin que a cosa alguna faltase superstición ni instrumento que no tuviese misterio y hubiese sido hecho con él y con observancia de horas, como tiene dicho, guardando en todo el orden que daban los libros por donde se gobernaban. 

Guñibay y don Marcos hicieron unas figurillas de cera y otras de madera para, por ellas, hacer los moldes de las que se habían de vaciar con crisoles, tenacillas y demás recados de fuelles y braseros que eran necesarios. También un paño de holanda en cuadro, de menos de una vara, con un círculo grande en medio; y alrededor del paño, por la orilla, repartidos setenta y dos círculos pequeños con caracteres. Y en el círculo grande de en medio, una figura de la Verónica de Nuestro Señor Jesucristo.

(Continuará...)

Imagen: Bodegón de Halloween con libro mágico y pluma sobre tablones de madera (VeraPetruk)


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