La Opinión de Cuenca

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Primera impresión de la llegada en AVE: los olores de un vertedero

Actualidad


La Alta Velocidad entre Madrid y Valencia, con parada en Cuenca, recordemos que no siempre la capital las tuvo todas consigo como receptora y emisora de viajeros, va camino de cumplir los 12 años. En diciembre de 2010, los entonces Príncipes de Asturias, Felipe y Letizia, volvían a visitar la provincia para ratificar, oficialmente y de manera efectiva, su incursión dentro de una red de transporte en alza y que borraba la psicológica barrera de tardar casi dos horas en viajar hasta tierras madrileñas o levantinas. En esos momentos pasaban al olvido otros trazados y, sobre todo, los temores que sobrevolaban la incomprensible exclusión de Cuenca del proyecto.

Casi de heroica podría clasificarse la lucha mantenida por la capital, en especial de algunos colectivos como aquellos que incitaron a colgar carteles de balcones y ventanas pidiendo el paso del AVE, para que la ciudad no se quedara fuera de esta infraestructura. Tal fue la batalla en despachos, sobre todo ministeriales, que cuando por fin se confirmaba que Cuenca contaría con la lógica parada entre Madrid y Valencia, desde las instituciones locales, poco confiadas se ve en que la historia terminase felizmente, hubo que pisar el acelerador para decidir dónde ubicar la estación. Habría que remontarse hasta 2002 cuando con la capital gobernada por el socialista Martínez Cenzano, con Luis Muelas, del mismo partido, como presidente de la Diputación y con el afamado José Bono como responsable de la Junta, la capital proponía el paraje de La Estrella como lugar para la subida y bajada de viajeros. Lo que en principio iba a suponer un aliciente para el desarrollo, para fomentar el crecimiento urbano hacia esta zona y un lugar perfectamente comunicado con la ciudad, se ha convertido, a lo largo de todos estos años, en un auténtico quebradero de cabeza para quienes quieran viajar en AVE. Es habitual que los coches particulares se aglutinen en las puertas de la Fernando Zóbel para recoger o llevar viajeros, dada la escasa confianza y frecuencia que ofrecen los autobuses urbanos, sobre todo en las idas hacia el recinto. Y no digamos nada, si el tren de llegada se retrasa. Puede darse la paradoja, y se da, de que se tarde más en el trayecto al centro de la capital desde la estación que en el viaje desde Madrid o Valencia. ¿Por qué en 20 años las circunstancias de acceso al AVE siguen siendo las mismas? ¿Es lógico que no se haya avanzado en adecentar el deprimente estado que ofrece esta entrada a Cuenca? ¿Qué problema hay en coordinar los autobuses de una forma más eficaz entre la ciudad y la estación? ¿Por qué el aparcamiento para quienes viajan en AVE y dejan su coche allí no está incluido en el desorbitado precio del billete? Y, sobre todo, ¿es lógico que en el lugar se tenga que soportar el olor nauseabundo del cercano vertedero?, Que, por cierto, llegó antes que la estación, pero a ningún político de esta veterana alianza socialista de 2002 pareció importarle…

La elección de este lugar para la estación Fernando Zóbel no ha estado exenta de polémica en estos veinte años. No se llegó a explicar nunca convincentemente, por ejemplo, por qué la Alta Velocidad no podía haberse integrado en el centro de la ciudad, aprovechando la actual estación del ferrocarril. Quizás si así hubiera sido, ahora no estaríamos hablando de quedarnos sin tren regional. Tampoco se ha llegado a justificar a los conquenses por qué no se merecían un soterramiento de vías, por muy costoso que fuera, cuando en otras ciudades de España estas obras pueden afrontarse sin ningún tipo de problema. No queremos volver a caer en el argumento de la discriminación, pero lo ponen muy fácil…

Dos años antes de que se produjera el primer viaje inaugural, el actual vicepresidente de la Junta, el parrillano Martínez Guijarro, que entonces, en 2008, ocupaba la Consejería de Medio Ambiente y Desarrollo Rural, justificaba el emplazamiento de la Alta Velocidad asegurando que esa era la opción más beneficiosa para la ciudad, y que, en definitiva, era la propuesta que en 2002 se había llevado a cabo desde la provincia. Guijarro respondía de esta forma a la plataforma ‘AVE Dentro’, integrada por varios colectivos, sindicatos y partidos políticos quienes ya vaticinaban los inconvenientes que acarrearía que la estación se ubicara en el actual emplazamiento. Desde esta plataforma llegó incluso a insinuarse que la construcción de la Fernando Zóbel en La Estrella, tal y como publicaba el diario 20minutos en 2008, respondía únicamente a intereses urbanísticos. También se referían sus integrantes al cambio de tendencia dentro del panorama nacional que suponía llevarse la estación tan lejos de la ciudad y citaban capitales como Valencia, Madrid, Lérida o Almería, con estas infraestructuras en pleno centro. 

Aunque la queja ha estado siempre presente en este asunto han pasado ya, como decimos, 20 años desde que se decidiera desplazar el AVE en medio de la nada y casi 12 en los que cada verano, con especial intensidad, los malos olores del vertedero regalan la primera impresión olfativa de Cuenca a los turistas. Sin olvidarnos, por supuesto, de los residentes que viven en Las Pernalosas o en Villar de Olalla, lo más perjudicados, de manera permanente, por la situación. 

En septiembre de 2016, los concejales de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Cuenca presentaban una moción en la que pedían que se depuraran responsabilidades políticas por la ubicación del AVE junto a la planta de tratamiento de residuos sólidos. Calificaban de negligente e irresponsable esta decisión. Nada se avanzó en este tema a nivel municipal.

Más activo para solucionar la desafortunada unión entre estación y vertedero, que se mostró la Diputación Provincial bajo el mandato del popular Benjamín Prieto. Ese mismo año, en 2016, Prieto pedía por escrito a la Junta de Comunidades, bajo cuyas competencias se encuentra la del Medio Ambiente, su colaboración para el traslado de esta planta de residuos. Esta solicitud partía de otra moción, aprobada por unanimidad en esta institución, presentada, a su vez, por el Grupo Socialista. Se requería, en esta iniciativa, la creación de un grupo de trabajo y la financiación necesaria, por parte de la Junta, para solucionar el problema. El Gobierno de Page ignoró la la iniciativa y siguió permitiendo que los malos olores camparan a sus anchas en esta zona.

Llegamos a la actualidad, julio de 2022. Nada ha cambiado. El actual presidente de la Diputación, el socialista Chana, en la amplia declaración de intenciones que realizaba al tomar el mando provincial hace tres años incluía su intención de solucionar este problema. Debe de andar cómodo el alcalde de Almonacid del Marquesado con los basureros a su alrededor, recordemos que su municipio alberga el mayor de residuos industriales de toda Europa, porque se ha tomado el oloroso asunto con muchísima tranquilidad. Queda menos de un año para acudir a las urnas. De nuevo apostamos, ¿moverá ficha en estos 11 meses? Seguro. De intenciones y promesas, cada vez más acentuadas, vive la actual alianza socialista. Y Cuenca y su provincia no sólo cronificando sus problemas, añadiendo otros nuevos.

Texto: AGA

Imagen: Indicación al vertedero, próximo a la estación del AVE

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