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Salud Mental: un derecho necesario

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El pasado día 11 de octubre se celebró el día mundial de la salud mental con el lema “un derecho necesario”. Según la definición de la OMS la buena salud va referida a bienestar físico y también mental… y no solo ausencia de enfermedad.

Estoy depre, esto de la pandemia nos va a dejar a todos muy tocados, el mundo se ha vuelto loco… son expresiones que oímos y decimos muy a menudo de una forma casi mecánica e inconsciente, pero que no están muy lejos de la realidad que estamos viviendo como sociedad como vamos a ver a continuación.

El hilo de este post se va a basar en los problemas más comunes, ansiedad, depresión e insomnio que son el 80% de las dolencias de salud mental, dejando al margen otros con etiologías más complejas que requieren un abordaje más clínico, y que si están más atendidos por nuestro sistema de salud. Esquizofrenia, trastorno bipolar y otros relacionados son cada vez más comunes y no debemos olvidarnos del sufrimiento de las personas que lo padecen y su entorno.

Soy de los que piensan que el sistema de salud y la población en general nunca ha dado la importancia suficiente a todo lo referente a la salud mental. Quizás por la complejidad, desconocimiento, el coste, quizás el estigma, o porque socialmente, ansiedad o depresión se han considerado enfermedades de gente con cierta debilidad. De ahí el titular y el lema elegido para este año por la Confederación Salud Mental España: Un derecho necesario. Solo como dato, dos sesiones de psicoterapia al año es el máximo disponible solo en algunas comunidades autónomas cuando el 30% de la discapacidad en España está relacionada con salud mental.

Con un sistema sanitario excesivamente biologicista, y sobre todo en una sociedad altamente medicalizada, se han intentado en muchas ocasiones reducir los problemas mentales a la toma de una pastilla buscando la causa en alteraciones químicas del cerebro. Casi el 11% de la población española toma relajantes o tranquilizantes, fundamentalmente para dormir. Cuando la salud mental va mucho más allá de una simple alteración biológica.

Seguramente sean las dolencias más acusadas por eso de lo que ya hablamos hace un tiempo que son los condicionantes sociales de la salud. La situación económica, el entorno, el género, la raza, la geografía, la educación, la vivienda y otros muchos son factores determinantes a la hora de padecer cualquier enfermedad de este tipo, y por supuesto una barrera para su tratamiento contribuyendo con ello a una mayor desigualdad.

Según datos de la Confederación Española de Salud Mental, la personas con ingresos bajos tienen hasta tres veces más probabilidades de sufrir una depresión. El 53% de la población trabajadora española piensa que su salud mental ha empeorado desde el inicio de la pandemia. Este porcentaje sube al 63% en el caso de personas que no puede cubrir las necesidades básicas con los ingresos que recibe. Si nos vamos a personas que no pueden hacer frente el pago de su vivienda y corren riesgo de perder la casa, estamos hablando del 80%.

Uno de cada siete jóvenes tiene un problema con este origen y actualmente el suicidio es la mayor causa de muerte entre esta población. Si nos vamos al género, en España las mujeres sufren el doble de problemas que los hombres. Y así podríamos ir analizando cada uno de los condicionantes que afectan a nuestra sociedad.

Finalmente indicar que en los entornos urbanos hay mayor prevalencia que en el entorno rural, atribuible fundamentalmente a motivos de soledad y aislamiento.

La pandemia ha puesto encima de la mesa la importancia capital de la salud mental, dejando además secuelas invisibles que impactan en gran medida en nuestro bienestar particular y en el bienestar comunitario.

Soluciones varias. La fundamental es la inversión en unos servicios con grandes deficiencias debido a la falta de recursos. Solo el 5% del gasto sanitario se dedica a salud mental. Ello obliga en muchas ocasiones a optar por vías privadas que no están al alcance de todos y por ello, queda mucha gente fuera de ser atendida suponiendo una vulneración de un derecho humano como es la salud. Prestar atención a los más vulnerables por ser además los más afectados, dedicando recursos a la prevención y sobre todo desterrando el modelo biologicista del que hemos hablado anteriormente es básico para abordar esta problemática.

Pero como en todos lo relacionado con la salud, nosotros también tenemos que poner de nuestra pequeña parte. Vivimos en una sociedad en la que prima lo inmediato, lo útil económicamente hablando, la competencia, la imagen y muchas otras cuestiones a las que en muchas ocasiones no podemos llegar, causando frustración que suele terminar en situaciones de ansiedad y depresión. Una definición que me gustó mucho referente a ansiedad decía que la sufrimos cuando pensamos más rápido que lo que podemos actuar. Y esto lo trasladamos a nuestros hijos, en sus actividades y en la forma en la que les enseñamos a afrontar la vida, con agendas cada vez más apretadas paralelas a las de los adultos por una simple necesidad a la hora de conciliar. 

En una entrevista al ciclista Pedro Delgado, este comentaba que estamos enseñando a ganar, cuando lo que deberíamos es enseñar a perder. Esto que suena un poco mal, lo de perder, es bajar a la realidad. La sociedad visibiliza iconos victoriosos en los que solo vale ser el número uno y sí, ese debe ser nuestro objetivo, pero no mostramos que el camino hasta esa victoria está muchas veces lleno de fracasos y tropiezos. En lo personal y en lo profesional. Como sociedad debemos enseñar a gestionar el fracaso y la frustración, que forman parte de nuestra vida y del camino que nos debe llevar a nuestro éxito personal, es decir, a ser felices. Y en este camino intermedio es donde muchas veces, nos quedamos.

Debemos ser conscientes de nuestros logros aprendiendo a manejar nuestros tropiezos, los pensamientos negativos y nuestra propia autocrítica. No debemos aislarnos y compartir con nuestra gente de confianza nuestros sentimientos, y sobre todo si lo vemos necesario, acudir a un profesional. Y este profesional debe ser accesible, independientemente de nuestra condición social.

Seamos conscientes que de la misma manera que cuidamos nuestra salud física, debemos cuidar nuestra salud mental. Aunque en ocasiones sean cuestiones que veamos muy lejanas, recuerda que por muchos de los condicionantes que hemos visto aquí, mañana puedes ser tú.

Texto: Ángel Huélamo

Sección: Salud y Bienestar

 
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