La gesta heroica que protagonizó nuestra heroína, Rafaela Herrera y Sotomayor, está a la altura de otras similares llevadas a cabo por otras compatriotas nuestras, María Pita, Agustina de Aragón o la Monja Alférez.
La estirpe de Rafaela Herrera desciende del Reino de Galicia, de uno de los diez linajes más ilustres. Sus blasones constan en el Castillo de Sotomayor (Pontevedra). Rafaela era hija del Comandante de Artillería don José Herrera y Sotomayor, distinguido militar que participó en 1741 en la heroica defensa de Cartagena de Indias, bajo el mando del glorioso e invicto almirante guipuzcoano, Blas de Lezo. El abuelo de Rafaela, ingeniero militar, don Juan Herrera y Sotomayor, participó en la construcción de numerosas fortificaciones en los Territorios de Ultramar, muchos de los cuales aún mantienen su orgulloso esplendor. También su bisabuelo fue militar, gobernador de Buenos Aires y capitán general de Río de la Plata.
Rafaela, desde muy niña, vivió los avatares militares de su familia, en la que servir a España con honor y dignidad era algo consustancial a su educación esmerada, acorde con el rango y solera de sus apellidos.
Nuestra heroína tuvo que oír una y mil veces la heroica defensa de la plaza fuerte de Cartagena de Indias, asediada por la Armada Inglesa, mandada por el almirante Vernon, que sitió y cañoneó durante días, con más de dos mil cañones, los fortines de Cartagena de Indias. Cerca de treinta mil hombres estaban listos para desembarcar y tomar al asalto la hermosa ciudad por los boquetes abiertos en uno de los dos castillos del complejo defensivo.
La astucia de Blas de Lezo que hizo hundir 5 de los 6 barcos con los que contaba y el uso de cadenas y otros obstáculos dificultaron gravemente el desembarco de los soldados. Un ataque fulminante de Blas de Lezo saliendo en tromba desde las murallas provocó el desconcierto y la retirada de los atacantes. El fracaso y el ridículo inglés fue enorme.
Para hacer más sonado el fracaso y el ridículo inglés solo había que ver la acuñación de monedas hecha por Inglaterra, más de un año antes de la batalla de Cartagena de Indias. En las monedas aparecía la enorme Armada y por la otra cara la rendición de Blas de Lezo, arrodillado ante Vernon, entregándole su espada.
Inglaterra trató de hacer olvidar con tan humillante derrota, la toma del Castillo de la Inmaculada lejos de poblaciones importantes, ubicado frente al río San Juan y rodeado de selva tropical.
El castillo de la Inmaculada, junto con el de San Carlos, junto al nacimiento del río San Juan y el fortín de San Pablo en la costa de Granada se construyeron para evitar los saqueos que padecía Granada y otras ciudades a manos de los piratas ingleses. Si los ingleses se hacían con el castillo de la Inmaculada tenían el paso abierto hacia Granada, eludiendo el de San Carlos y entrando a Granada por tierra firme y no por el hermoso lago de agua dulce que bordea Granada.
Las fuerzas inglesas salen de Jamaica, tradicional refugio de los piratas ingleses al servicio de la Corona, los cuales vivían del pillaje al que sometían a las poblaciones españolas y a los barcos mercantes que hacían las rutas a España.
El 29 de julio de 1762 la expedición inglesa levanta el campamento cerca del fuerte de la Inmaculada eludiendo el paso por el rio San Juan, dada la potencia de fuego de los grandes cañones españoles de los que disponía el fuerte. La guarnición del castillo era de ciento veintitrés hombres. Los macheteros zambos que servían en el fuerte quisieron rendirse y abandonarlo. Rafaela Herrera lo impidió, cerrando el acceso al castillo y poniendo guardias armados. Según consta y recogen varias crónicas de la época, la joven Rafaela Herrara, que contaba con 19 años, respondió duramente a quienes querían entregar las llaves de la fortaleza: “¿Os habéis olvidado de los deberes que impone el honor militar? ¿Vais a permitir que se entregue villanamente esta fortaleza que es el resguardo de la Provincia de Nicaragua y de vuestras familias?
Rafaela Herrera había sido educada dentro de la disciplina miliar, habiendo hecho prácticas en el uso de las armas de fuego e, incluso, en el tiro de artillería y otros ejercicios militares. Junto a las virtudes personales de Rafaela Herrara y sus conocimientos sobre la milicia, sus ideas sobre la disciplina, el honor, el espíritu de servicio el sacrificio y el amor a la Patria eran conceptos que llevaba en los genes por la honda tradición militar de su familia.
Quiso la mala fortuna que el padre de Rafaela Herrera, el comandante y jefe de la guarnición, sufriera de unas repentinas fiebres y falleciera en 14 de julio, cuando los ingleses se preparaban para tomar el castillo y la provincia de Nicaragua para conseguir lo que no habían logrado en Cartagena de Indias. Si lo lograban, el Imperio se partiría en dos y los ingleses tendrían acceso al Pacífico que tanto significaba para ellos.
Con el campamento inglés establecido y abundante material y personal que multiplicaba por cinco la guarnición española, el panorama se presentaba bastante oscuro. Además, una mayoría de negros zambos y moscos, no eran en absoluto fiables ya que tenían a sus familias fuera y no querían luchar contra los ingleses.
Ese mismo día 29 de julio varias barcazas y cayucos desembarcaron tropas por los alrededores del fuerte y dispararon algunos cañonazos. Las piraguas y barcas procedentes de Granada buscaron el refugio del castillo dada su inferioridad ante los atacantes.
La joven Rafaela observó movimientos y concentración de tropas cerca del campamento levantado por los ingleses. En esta situación, Rafaela solicitó licencia al teniente que había quedado al mando para disparar uno de los cañones que cubrían el frente del río San Juan.
Rafaela disparó tres cañonazos causando daños fuertes a los ingleses. El tercer cañonazo acertó de lleno en la tienda del jefe inglés, que voló por los aires, causando grandes destrozos y la muerte del citado jefe militar.
El capitán Nelson, viejo conocido de los españoles, resultó herido de consideración. Algunos testigos apresados informaron que había sido herido en el pecho, en un brazo y en un ojo. Los ingleses iniciaron un ataque brutal contra el castillo que se prolongó durante seis días. Las defensas enardecidas por Rafaela Herrera y la escasa guarnición, se batieron valientemente, rechazando los ataques enemigos, causándoles pérdidas cuantiosas en hombres y embarcaciones.
El día 2 de agosto ya se observó un descenso notable en los ataques ingleses que se retiraron el día 3 de agosto después de oírse una tremenda detonación junto a los restos del campamento inglés.
La Paz de París de 10 de marzo de 1763 hizo que los ingleses declinaran sus ambiciones por ocupar Nicaragua.
Rafaela Herrera casó pocos años después con don Pablo Mora, granadino de Nicaragua con el que tuvo cinco hijos y la dejó viuda y desvalida.
El Rey de España, sabedor con muchísimo retraso del valor y la entereza demostrados por nuestra heroína le concedió una pensión vitalicia con fecha 11 de noviembre de 1781. A la pensión había que añadir la concesión de dos lugares en Santa Teresa que le permitieron salir de la pobreza en que quedó tras enviudar de su marido.
Rafaela Herrera falleció en 1805 en Granada (Nicaragua). Con la defensa del fuerte de la Inmaculada, nuestra heroína honró a su padre, fallecido en el fuerte, a su estirpe militar y a quienes defendieron el fuerte rechazando el ataque inglés e impidiendo que Granada cayera en sus manos como ya había ocurrido otras veces hasta la construcción de los castillos de la Inmaculada, San Carlos y San Pablo. Honra y gloria a los héroes y heroínas tan frecuentes en nuestra España.
Texto: José Alcarria
Imagen: Moneda conmemorativa acuñada en Inglaterra con un Blas de Lezo rindiéndose, hecho que nunca se produjo