La Opinión de Cuenca

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Vías Verdes, la excusa para cerrar el tren en Cuenca

Actualidad


No hay nada mejor, en estos tiempos, que añadir la palabra verde o sostenible a cualquier decisión o proyecto que se acometa. Si es una noticia sumamente negativa, como el cierre del ferrocarril en la provincia de Cuenca, un transporte económico y ecológico, recordemos, implantamos en el cerebro de los sufridos ciudadanos la idea de que van a disponer, a cambio de la supresión de este servicio público, de un sinfín de kilómetros de vías verdes. ¿Qué significa este recurso? Caminos para andar por los que antes pasaba el tren. La pregunta clave es ¿Cuenca necesita esas vías verdes? ¿Por qué se contrapone el hecho de contar con el tren a la de disponer de espacios al aire libre para caminar o practicar deporte? 

El anuncio del cierre de la línea de ferrocarril desde Cuenca a Valencia es un auténtico despropósito se analice desde la óptica que sea. El deterioro de la línea ha sido progresivo y el actual gobierno de España ha esquivado en sus presupuestos una y otra vez cualquier inversión. Vías obsoletas, estaciones cayéndose, horarios nada prácticos y una velocidad tercermundista de los convoyes condenaban al tren a una lenta agonía. La puntilla, el temporal Filomena, una ocasión que tanto Renfe como Adif han aprovechado para deshacerse de la ruta entre Cuenca y Valencia. Lo más meritorio: el haber sido capaces estas dos gestoras, además del Gobierno de España, la Junta, la Diputación y escogidos alcaldes como el de la capital, Darío Dolz y el de Tarancón, López Carrizo, de sostener 11 meses una gran mentira, de engañar a todos los conquenses con el argumento de que se estaba trabajando en la recuperación de la línea. Además, estos gobernantes fueron capaces de aprobar mociones y escribir cartas en apoyo del tren sin pestañear. De cuestiones morales ni hablamos…

Esos 11 meses, de enero al 30 de noviembre, son los que ha tardado la constelación de gobiernos socialistas en elaborar un argumentario vergonzante para convencer primero a sus representantes públicos y, a través de ellos, a la sociedad conquense de que el cierre del tren nos convenía y que, encima, va a traer prosperidad y riqueza a nuestra provincia.

Dicen los socialistas en ese documento interno que la provincia de Cuenca "requiere un servicio de transporte adaptado al siglo XXI, rápido moderno y eficaz y que de respuesta a las necesidades de movilidad que demandan los ciudadanos que viven en el medio rural". ¿Ahogar a un transporte público para suprimirlo después es responder a esas necesidades de nuestros pueblos? ¿Sustituir el tren por el autobús es solución? Para mayor gravedad, ¿no se están suprimiendo líneas de autobús entre los municipios y ciudades y dejando a pueblos incomunicados? Recogen los socialistas en su argumentario político que “un transporte que realiza un trayecto en el triple de tiempo que un vehículo particular o un autobús no da respuesta a las necesidades de movilidad actuales” y recurren al enfrentamiento excluyente del ferrocarril con el AVE, “la alta velocidad ha reducido drásticamente el número de usuarios”. Primero, una adecuada gestión e inversiones hubieran mejorado la línea de tren y, por tanto, su velocidad, irrisoria en algunos tramos. La segunda afirmación raya el límite la tomadura de pelo, ¿un vecino que quiera ir de Cuenca a Huete o Carboneras va en AVE? ¿Todo el mundo se puede permitir un gasto de 60 euros de media que cuesta ir y volver, por ejemplo, a Madrid, en Alta Velocidad? Si el tren convencional ha ido reduciendo su número de pasajeros ha sido, simple y llanamente, porque no ha habido frecuencias de circulación suficientes y adecuadas.

“Un modelo de transporte mixto, que combine los traslados en autobús y con la alta velocidad, - a través de un billete único, por ejemplo- garantiza un servicio más eficiente y, además, más rápido”, continúa el argumentario elaborado por los socialistas conquenses para intentar convencer a la ciudadanía de lo acertado e imprescindible de su decisión de cerrar el tren. Se antoja complicado creer que los gobiernos actuales vayan a vertebrar la provincia a base de autobús, cuando lo que están llevando a cabo desde hace años es la supresión de rutas. En la provincia hay pueblos incomunicados por donde, incluso, no pasa ningún tipo de transporte público. 

No parece el socialista, realmente, un argumentario muy elaborado y basado en hechos reales. La guinda del pastel, el último de los puntos, “destacar el aprovechamiento público para creación de zonas deportivas, verdes y culturales de los terrenos que atraviesa la vía en el caso de Cuenca, Tarancón o Carboneras de Guadazaón”. Una promesa a la medida del Psoe, fácil de enunciar para salir del paso, a un año y medio de elecciones municipales y autonómicas. Para empezar, la expropiación de esos terrenos, en su momento, se realizó con una finalidad ferroviaria. ¿Dónde queda ahora ese fin? ¿Habría que devolverles esas tierras a los dueños? Otra cuestión ¿Quién se beneficiaría en el caso de que se pueda construir en estos lugares? Se aceptan apuestas.

La Ruta del Quijote o el abandono de lo ‘verde’

Uno de los argumentos más exprimidos por los responsables del cierre del tren es la conversión de la infraestructura en una Vía Verde. Como ya hemos señalado, consiste, en que por donde antes pasaba el tren, ahora caminarán, correrán o pasearán en bicicleta quienes lo deseen. ¿Está necesitada Cuenca y su generosa naturaleza de estos caminos? Otra pregunta, ¿Se ha consultado a los Ayuntamientos sobre la implantación de estas Vías Verdes? Hay que recordar que son estas instituciones las encargadas finales de mantenerlas en perfecto estado. ¿Por qué no se ha contemplado en ningún momento potenciar la actual línea del tren con, por ejemplo, el transporte de mercancías? Y el proyecto de tren turístico planificado para el tramo entre Cuenca y Utiel que se encuentra en manos de Renfe desde 2018, ¿por qué no se ha puesto en marcha ya?

Solemos insistir en que no hay que perder la perspectiva y que la experiencia es la mejor de las guías para vaticinar o temer qué es lo que puede ocurrir en según que proyectos. Hace 17 años nuestra comunidad autónoma celebraba el IV Centenario de la publicación de El Quijote. El entonces presidente de la Junta, el socialista José María Barreda presentaba a finales de 2004 en el Parador de Sigüenza una ingente agenda de actividades, teatro, danza, exposiciones, congresos internacionales y la llamada Ruta de Don Quijote. Englobada en el apartado dedicado al turismo de esta efeméride, anunciaba Barreda, recordemos en 2004, que "se va a convertir en el mayor corredor ecoturístico y cultural de Europa con una longitud de 2.500 kilómetros que unen a 145 municipios de las cinco provincias de la Región. Esta Ruta, que aspira a ser catalogada por sus valores culturales y medio ambientales como Patrimonio de la Humanidad, invita a conocer la Región elegida por Cervantes como cuna de las andanzas del Ingenioso Hidalgo hace cuatrocientos años y que hoy se proyecta como una Comunidad Autónoma joven, moderna y en constante desarrollo". Perplejidad es lo que causan, hoy en día, estas palabras ¿Qué queda de esta famosa Ruta? ¿Patrimonio de la Humanidad? Este proyecto jamás llegó a consolidarse y, forma parte, 17 años después, de las promesas incumplidas y de los proyectos cortoplacistas que concibió el gobierno regional socialista de entonces para crear ilusión y esperanza entre los ciudadanos.

Barreda colocaba la primera piedra de la Ruta de Don Quijote en febrero de 2004 en Argamasilla de Alba. Mil kilómetros para mil ideas era el lema de «un itinerario literario, un camino cultural y también puede ser una experiencia espiritual», declaraba el entonces presidente de la Junta. Llegaba a comparar Barreda, sin complejos, la Ruta de Don Quijote con el Camino de Santiago.  ¿Alguien recuerda 17 años después esa Ruta? ¿Para qué sirvió?   Senderos con la señalética en condiciones deplorables, llenos de maleza y de los que se ha hecho responsables a los Ayuntamientos, muchos de ellos sin presupuesto ni conocimientos, para mantenerlos es lo que podemos encontrar hoy en día por los pueblos de nuestra región.  

12 años después…

En noviembre de 2016, a las puertas de Fitur, la directora general de Turismo de Castilla-La Mancha anunciaba, según recogía eldiario.es que "relanzaremos la Ruta del Quijote basándonos en los pasajes literarios de la obra" y declaraba sin complejos que este proyecto había sido liquidado por el PP, según recoge el mencionado digital. Las fechas y los años de gobierno no parecen avalar las afirmaciones de Fernández Samper. En 2004 se inauguraba la Ruta de Don Quijote. Hasta 2011, estuvo gobernando el Partido Socialista la Junta de Comunidades, es decir, 7 años. De 2011 a 2015 ganaron los populares. Y desde 2015 a 2021, vuelven los socialistas con Page a la cabeza, es decir, seis años y medio después de retornar y cinco desde que realizara estas afirmaciones, ¿Volvemos a tener Ruta del Quijote? O más bien, ¿siguen los parajes deteriorándose cada vez más y sin ninguna perspectiva de inversión? La pandemia no computa como excusa, Filomena tampoco y, mucho menos, haber invertido, recientemente, y con la excusa del turismo, en financiar el cumpleaños de la celebrity Tamara Falcó. 

El mantenimiento de las Vías, para los ayuntamientos

Que este tipo de recurso necesita una planificación y también conservación es evidente.  Precisamente hace algo más de un mes, Adif anunciaba la clausura temporal de la Vía Verde de La Jara, “debido al estado de conservación en que se encuentra y a los serios problemas de seguridad que se derivan de esta circunstancia (mal estado del firme, falta de iluminación en los túneles y déficit en la recogida de residuos)” indicaba la gestora. “En tanto se mantenga  esta situación, no está permitido circular por la misma, siendo de total responsabilidad de los que no respeten esta advertencia cualquier accidente o incidencia que se pueda producir”.  Resulta, pues, hasta peligroso, a tenor del comunicado de Adif, aproximarse a esta vía. 

Nuestro país cuenta con un gran número de kilómetros de vías férreas y no todas son susceptibles de convertirse al ecologismo. Hace unos años, en 2017, el diario elmundo publicaba un extenso reportaje en el que cifraba en 4.800 los kilómetros de esas vías a las que llamaba fantasma. Una ingente cantidad, algunos de ellos producto de una mala planificación a la hora de construirse. Una gran parte de las vías que hoy conocemos como fantasmas fueron cerradas debido a un acuerdo alcanzado por el Consejo de Ministros en el año 1984, señala elmundo, “se clausuraron 914 kilómetros de vía y 933 kilómetros se mantuvieron para el transporte de mercancías”.  El periódico apuntaba la falta de financiación del ferrocarril en España, afirmación recogida de un informe del Banco Mundial sobre Renfe, ya en los años 60, "el principal problema de los ferrocarriles es que durante la mayor parte del periodo desde el año 1941 el Gobierno de España no ha proporcionado fondos suficientes para modernizar el sistema ferroviario o incluso para reemplazar el equipo obsoleto", apunta el documento recogido en elmundo

El diario hacía un cálculo sobre las vías verdes. Según Adif, el coste medio de adecuación oscila en torno a los 40.000 euros por kilómetro 'sencillo', sin incluir túneles o la reposición de obras de fábrica como puentes o pasarelas a desnivel, que aumentarían considerablemente los gastos. Además, según datos de inversión aportados por la Fundación del Ferrocarril, el coste total de acondicionamiento inicial de las infraestructuras, incluidas las que están en fase de obras, es de 173,8 millones de euros desde 1993 hasta la fecha, sin tener en cuenta costes de mantenimiento. La posterior conservación y el mantenimiento de estas vías es responsabilidad de las entidades locales y autonómicas por las que discurre la 'vía verde', con cifras que pueden alcanzar los 1.500 euros por kilómetro de vía al año

Resumiendo todo lo relatado, queda claro que no existe ni un sola razón de peso para cerrar el ferrocarril en la provincia de Cuenca y que ni tan siquiera el argumentario interno del Psoe llega a poder justificar una decisión que se anunciaba en la provincia al mismo tiempo que la ministra de Transportes hacía pública la inversión de 24.000 millones de euros para el tren en otras partes de España. Las Vías Verdes, mucho nos tememos, serán migajas de pan para hoy y problemas y hambre para un mañana que tendrán que solucionar, encima, los ayuntamientos. Curiosa manera de entender el municipalismo y de apoyar a estas entidades y sus maltrechas economías.

Texto: AGA

Foto: Uno de los tramos de la Ruta de Don Quijote, abandonados desde prácticamente su puesta en marcha hace 17 años.


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