La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Crédito. Del lat. “credĭtum.”


Recordará usted, como atento lector que es, mi columna de hace unas semanas que titulé Gracia. Del lat. “Gratia.”

Iluso de mí, consideraba que los rumores que circulaban entonces en torno al supuesto aval que una administración pública podría regalar a unos delincuentes no podría materializarse. Iluso de mí, sí.

En la situación política que sufrimos no queda margen para ese tipo de impericia por mi parte. Al contrario, parecemos abocados a lo que un día espetó un hombre del que muchos renegaron y al que otros, hoy, añoran: Cuanto peor mejor para todos y cuanto peor para todos mejor, mejor para mí el suyo beneficio político.

Pero es contra esta situación con la que nos toca trabajar. Y aunque no demos crédito, no podemos quedarnos en silencio. 

Si recuerda la columna de la que le hablé al principio, estoy seguro de que imaginará que hoy el asunto gira en torno al crédito. Como hice entonces, le iré indicando entre paréntesis la acepción a la que me refiero en cada caso, lo que no le priva de otorgar a mis palabras el significado que, con buen criterio, considere.

Hablo de crédito (6), porque es lo que parece que no llevarán a gala los medio-indultados en el correcto cumplimiento de sus obligaciones económicas. 

¿Pero de dónde vienen esas obligaciones económicas para nuestros amigos represaliados?

Como imagino que sabrá, las autoridades y funcionarios públicos responden contablemente de las malas decisiones que toman en el uso del dinero de todos. O así debiera ser más a menudo.

El paradigma es la malversación, es decir, cuando una autoridad o funcionario cualquiera destina los dineros del común a actividades que no debe; sin metérselo, necesariamente, en su propio bolsillo. 

La condena por este delito conlleva, junto a la cárcel y la inhabilitación, la responsabilidad civil consistente en la devolución de la cantidad indebidamente gastada. La devolución de ese dinero se lleva a cabo a través de la llamada responsabilidad contable que ejerce el Tribunal de Cuentas, encargado de determinar lo que se debe devolver; cuantía que, en ocasiones, es superior a lo declarado en la sentencia penal.

Terminada esta aclaración (aunque sé que usted ya lo sabía), vayamos al meollo de la cuestión, y lo que otorga crédito (3) a esta columna de hoy: la artimaña que pretende utilizar nuestra recua de delincuentes indultados.

Y es que, además de haber sido condenados (e indultados) por los delitos cometidos contra la convivencia pacífica de los españoles, también lo fueron por un pequeño delito perpetrado (¡sorpresa!) contra su dinero (sí, el suyo; el de usted).

Parece obvio afirmarlo, pero cuando se organiza un referéndum, previo sufragio con crédito (1) libre y a fondo perdido de una “estrategia de promoción exterior”, la pela no sale de los bolsillos del fugado de la mansión de Waterloo, sino de los de usted, sufrido lector.

Aún no sabemos cuánto dinero público malgastaron nuestros recién encontrados compatriotas en organizar esas verbenas independentistas, en pagar esos anuncios épicos, en fletar esos miles de autobuses para llenar cualquier acto, o en inflar las arcas de las asociaciones que dirigen la política en esa parte de nuestra nación, sin rendir cuentas a nadie.

No tenemos ni idea de cuánto nos ha costado y nos costará a los sufridos españoles pagarles la bacanal. Aunque el Tribunal de Cuentas, poco a poco, algo va sacando a la luz.

Y cuando los ilusos creyentes de la bondad del Estado de Derecho esperábamos que devolvieran lo malversado, aunque se libraran de una pena de cárcel cumplida a medias, aparecen las mentes preclaras del Palacio de San Jorge y nos vuelven a dejar pasmados. Reconozco que imaginación tienen, y mucha.

Vea usted la jugada, y no parpadee, que se la pierde: 

Unos señores se gastan el dinero público de una administración en lo que no pueden. 

Esta administración, en lugar de reclamárselo, les avala. 

Los delincuentes no pagan.

La Administración paga y luego no les reclama ni un céntimo.

Eso sí que es una Administración Pública que otorga crédito (2) a sus honrados ciudadanos…

Veremos cómo reacciona el Estado de Derecho, pero hasta entonces, permítame terminar con la cita de Foxá que ya utilicé: ¡Vaya patada que le van a dar a Franco en nuestro culo!

 

Alejandro Pernías Ábalos

Tertium genus

La Opinión de Alejandro Pernías Ábalos

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