La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Autopista por Cuenca


Todas las historias tienen un principio, un origen lejano que no siempre es fácil de encontrar. Ayudan en el empeño los archivos documentales, y en este punto, y tocante a la historia de Cuenca, el archivo privado de mi buen amigo Jesús Mateo es una joya.

El documento lleva por título “Las autopistas Madrid-Valencia y Valencia Xátiva (1925/1936)”, un estudio de los ingenieros Fco. Javier Rodríguez y José María Menéndez sobre los primeros proyectos de vías de gran capacidad en España. Y es en su cuarta parte que aparece el epígrafe que aquí nos interesa: “La autopista Madrid-Cuenca-Valencia (1927)”.

No estamos hablando de una idea peregrina, hablamos de la hora fundacional de la modernización de las carreteras de nuestro país, y es en esa hora que se redactó el proyecto, firmado por el ingeniero José Marqués Lis, que unía Madrid y Valencia por Cuenca, con la siguiente justificación:

“La autovía que se proyecta tiene por objeto poner en comunicación directa Madrid, Cuenca y Valencia; unir el centro de España y la capital de la nación con el mar Mediterráneo por el camino más corto, haciendo posible que el puerto de Valencia, que geográficamente es el mas próximo a la capital, venga a ser realmente el puerto de Madrid.

Atraviesa una zona comprendida entre Pajaroncillo y Tuejar muy pobre de comunicaciones y en donde existe la mayor riqueza forestal de España que duplicará seguramente su valor actual, al facilitar su transporte que hoy es muy costoso.”

Una foto del año 27 da cuenta del acto por el que se hizo entrega del proyecto en el Ministerio de Fomento.

El final de la historia es mas conocido que su origen, y no es otro que la realidad de la autovía Madrid-Valencia, que atraviesa la provincia de Cuenca, algo geográficamente inevitable, orillando a la capital.

Una capital provincial tiene la obligación de articular su territorio de referencia y fomentar su desarrollo. Una provincia con su capital aislada es una provincia condenada, y es en lo que estamos casi un siglo después de ese primer proyecto de moderna comunicación por carretera que, finalmente, se hizo realidad sin pasar por la capital provincial.

Tanto por carretera, como hemos visto en el proyecto de 1927, como por ferrocarril, el camino mas corto entre la ciudad de Madrid y la ciudad-puerto de Valencia pasa por la ciudad de Cuenca y, por esos misterios de la historia, resulta que por ambas formas de comunicación, Madrid y Valencia quedaron finalmente unidas por Albacete.

Y por ese mismo motivo nos han cerrado el tren y, ni se ha hecho ni se va a hacer la autovía entre Cuenca y Albacete que, junto con el trazado de la A40 entre Madrid y Cuenca nos situaría en el eje de prosperidad Madrid-Valencia, saldando con ello una deuda que se contrajo un día de diciembre de 1927 en la sede del Ministerio de Fomento.

Y es por eso que, en Cuenca, a pesar de estar geográficamente bien situada, no hablamos de prosperidad o desarrollo, hablamos de ayudas a territorios despoblados-subdesarrollados, lo que se conoce como “ayudas al funcionamiento” que la Unión Europea diseñó para territorios realmente aislados geográficamente, como es el caso de la Laponia finlandesa.

Y por eso, los promotores de un experimento de vida salvaje (“rewilding”) han elegido Cuenca afirmando: “Hemos escogido esta zona porque, siendo muy grande y deshabitada, a futuro puede convertirse en un espacio natural de primer orden. Seguramente fuera de Escandinavia no hay en Europa un área con una densidad de población tan pequeña.”


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