La Opinión de Cuenca

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El Predicador del Eclesiastés, Roberto Bolaño y Pedro Sánchez


Hace más de una década me tropecé con una poética sentencia leyendo Los detectives salvajes de Roberto Bolaño: “hay momentos para recitar poesía y hay momentos para boxear”. Desde entonces, la he repetido una y mil veces en diferentes contextos, generalmente para intentar justificar una personalidad dual. Recuerdo también recitarla a los jóvenes del pueblo con el objetivo de convencerlos de que, además de estar en el bar, saliesen a hacer deporte o se implicasen en asociaciones locales.

Hace unos días, en sede parlamentaria, a cuenta del debate sobre los indultos a los presos catalanes, Pedro Sánchez se sacó de la manga una cita de corte similar: “hay un tiempo para el castigo y un tiempo para la concordia”. Llevan unas semanas, él y el resto de miembros del Gobierno, maleando el lenguaje y sembrando de palabras hermosas el campo de la justificación de decisiones políticas para ver si cuela. Debería ser delito doloso que Sánchez se atreva a decir que “entre los principios constitucionales no se encuentran ni la venganza ni la revancha” como núcleo fundamental de su alegato a favor del indulto político.

Todo esto ya está en el Antiguo Testamento, en concreto en el Eclesiastés:

Hay un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para recogerlas;
un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse.
Hay un tiempo para buscar y un tiempo para perder;
un tiempo para guardar y un tiempo para tirar.
Hay un tiempo para rasgar y un tiempo para coser;
un tiempo para callar y un tiempo para hablar.
Hay un tiempo para amar y un tiempo para odiar;
un tiempo de guerra y un tiempo de paz.

Además de los versículos anteriores, el Predicador que recita los dichos del Eclesiastés parece susurrar a Pedro Sánchez: “todo lo que se hace en este mundo es vana ilusión, es querer atrapar el viento. ¡Ni se puede enderezar lo torcido, ni hacer cuentas con lo que no se tiene!”

Confieso, de antemano, que ignoro los procedimientos legales y subterfugios políticos del asunto en cuestión. Sobre indultos, e insultos, ya escribió Silvia Valmaña aquí con acierto la semana pasada, y siempre es mejor ceder la palabra a juristas profesionales que empalmar opiniones personales. Sí procede, en cambio, afear al presidente más hipócrita de la historia reciente su modo de tergiversar el lenguaje para vestir de luces una injusticia. No es que haya un tiempo para el castigo o la revancha o la venganza, sino más bien al revés: la concordia se funda bajo el cimiento de la ley. O como leí hace unos días en algún sitio: “la ley es lo contrario de la venganza; es la institución que la sustituye, de hecho”.

Los españoles, en definitiva, ni odiamos ni nos vengamos de los políticos catalanes -de ánimo reincidente- que vulneraron la ley y fueron sentenciados por el Tribunal Supremo como quiere hacernos ver Pedro Sánchez. Ni él ni Roberto Bolaño ni el Predicador del Eclesiastés nos van a convencer de que la revancha cabe en el imperio de la ley.

Cayetano J. Solana

Mundanal Ruido

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