La Opinión de Cuenca

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Un montón de piedras con ojos


En uno de los últimos plenos de la Diputación de Cuenca, el diputado de obras no se anduvo con rodeos ni eufemismos: “mire, Sr. Solana, su obsesión con los temas de patrimonio es crónica, nosotros ya dijimos, y vuelvo a repetir, que MENOS PIEDRAS”. Ese comentario literal se escuchó en el salón de plenos con la connivencia del presidente Martínez Chana y del diputado de cultura Miguel Ángel Valero, ambos leales defensores en sus discursos de las bondades de la conservación de nuestro patrimonio pero olvidadizos a la hora de asignar presupuesto a la materia. La sensibilización en la protección de la historia de Cuenca flota, así, en el mundo intangible de las buenas intenciones y los pobres frutos.

Algunos responsables políticos provinciales manifiestan de forma explícita su desafección por nuestro patrimonio describiendo un monumento como un montón de piedras con ojos; símil tan imprudente como definir a una persona como un amasijo de células con pelo o al océano como un ejército infinito de gotas de agua con peces y plástico. Como muestra de dejadez, un botón: el servicio de patrimonio de la Junta de Comunidades está tan falto de personal y presupuesto que provoca cuellos de botella en la tramitación de cualquier expediente.

Esta descarada falta de conciencia se une al cortoplacismo imperante en la actualidad política, lo que provoca que se mire con recelo cada euro de dinero público desembolsado en proyectos a largo plazo: todo aquel que se somete al juicio de las urnas barema si rentabilizará hoy la inversión en aquel viejo monumento de su pueblo. ¿Cómo asimilar la relevancia de construcciones con siglos de historia en un contexto vertiginoso que se rige por stories de 24 horas?

Se hace imprescindible insistir, desde la ciudadanía de base, en que invertir tiempo y dinero en conservación del patrimonio permite cuidar la identidad histórica de un territorio y potenciar un motor de desarrollo económico y social. Casi nada. El concepto de identidad histórica nos interpela de forma directa e inconsciente, nos permite mirar al pasado y al futuro en una línea continua de aprendizaje y expectativa, porque tenemos la necesidad de asimilar y entender lo sucedido para prever y enriquecer el mañana. Artistas actuales como Rosalía o C. Tangana han entendido de forma magistral la decantación de la tradición musical española con proyección de futuro. Ana Iris Simón, en su novela Feria, también llega al análisis del presente en un viaje a través de la tradición histórica y familiar.

Mientras tanto, monumentos en deterioro irreversible, proyectos que quedan en el olvido por falta de financiación, una historia que se va perdiendo por la despoblación y la apatía de muchos responsables y propietarios, una identificación que se licua y, en definitiva, un ir siendo cada vez menos nosotros. Si desaparecen los custodios del territorio y los amantes de los patrimonios locales, el relato se perderá y, con el tiempo, la identidad hasta diluirse en el silencio de los tiempos.

Cayetano J. Solana

Mundanal Ruido

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