La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Costes de oportunidad


Hablábamos de la desmemoria en la anterior entrega de “Entropía”, y la forma en que este proceso, necesario para la mente humana, podía convertirse en obstáculo para el acceso y conocimiento de los hechos y devenires de la vida en común, de la sociedad y la política.

Si los hechos y los datos, objetivos y mensurables, son difíciles de aprehender cuando quedan velados por las brumas de la desmemoria, veremos hoy lo fácil que es ocultar a la mente consciente y alerta las consecuencias de esos hechos, ya de por sí desdibujados.

Poníamos varios ejemplos de desmemoria colectiva en Cuenca, y cómo esta circunstancia permitía a los gobernantes reproducir hasta el paroxismo promesas no cumplidas. Esto sería como la energía que no se crea ni se destruye, solo se transforma.

Me quedo para la argumentación de hoy con el proyecto (sic) de autovía Cuenca-Albacete, uno de esos que no se crean ni se destruyen, solo se transforman en cada convocatoria electoral. 

Ya que existe la Wikipedia, en la era de la información la desmemoria no es justificable. Recoge esta enciclopedia digital la presentación del proyecto en 2008, con asistencia del Consejero de Fomento, Sánchez Pingarrón, y del de Agricultura, Martínez Guijarro.

Por tanto, la pregunta que dejé en el aire en mi anterior artículo tiene respuesta: quince años; en el mejor de los casos, porque antes de aprobar un proyecto de esta envergadura, pasan años de anuncios y promesas.

Y la cuestión que nos trae aquí hoy no es si ha pasado mucho o poco tiempo, que ha sido mucho, la cuestión es valorar ese material mas escurridizo que los hechos, y que son los elementos que conforman esa realidad que pudo haber sido y no fue, la realidad contrafactual.

¿Cómo sería Cuenca si la autovía del Júcar se hubiera construido y llevara años operativa? ¿Qué magnitud tienen los costes de oportunidad para Cuenca por no contar con esta infraestructura tan necesaria para el desarrollo económico?

Estamos hablando de una autovía que, junto al trayecto Tarancón-Cuenca, completaría la incorporación de la ciudad y su entorno provincial al eje de prosperidad que constituye la unión entre Madrid y Valencia.

¿Cuántas empresas y empleos no han llegado, y cuantas empresas y empleos hemos perdido, por esta broma pesada que consiste en prometer agua al sediento cuando no hay intención de saciar su sed?

¿Cuántos de nuestros jóvenes hubieran hecho de Cuenca el lugar de su proyecto vital si en lugar de la realidad real que vivimos se hubiera conformado esa otra realidad posible pero que se nos ha negado?

No me voy a extender, y solo dejaré constancia de un último ejemplo. Sea el lector el que con su leal saber y entender juzgue otros casos a los que pueda ser de aplicación la lógica que aquí expongo.

¿Cómo sería la realidad de Cuenca y sus gentes si se hubiera invertido hace treinta años en la electrificación del ferrocarril Madrid-Cuenca-Valencia a su paso por nuestra provincia?

 

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