La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Decía John Dewey...


“Si enseñamos a los estudiantes de hoy como enseñamos ayer, les estamos robando el mañana”

Tras la catarsis educativa que ha supuesto el confinamiento por Covid en el periodo marzo-junio de 2020 muchas son las dudas que me asaltan sobre la base en la que estamos trabajando en nuestro sistema educativo actual.

Antes de marzo de 2020 en muchos centros colgaba el cartel de INNOVADOR Y TECNOLÓGICO y de repente los padres vimos en la destreza de nuestros hijos y en los medios de los centros que había un vacío importante en el sistema educativo cuando hablamos de dar clase online, sin presencialidad.

De repente saltaron las alarmas, los servidores se saturaban, la wifi no era capaz de soportar tantas videoconferencias, no teníamos suficientes dispositivos... en definitiva no era un eje estratégico de la educación y por lo tanto tenía mucho de postureo marketiniano más que de fundamentación pedagógica.

El periodo de confinamiento nos sirvió para ver, si de verdad la Comunidad Educativa a la que pertenecemos cada uno de nosotros, salió airosa en el sentimiento de Comunidad, porque cada Colegio abrió, de repente, una sucursal en cada uno de los domicilios de nuestros alumnos, donde cada familia pudo observar y participar de las virtudes y carencias del sistema.

Nos dimos cuenta de repente que la brecha tecnológica no es sólo de la ciudad al entorno rural, no es sólo una cuestión cultural, de hábitos de uso, de consumo de ocio digital pero con poca competencia tecnológica, de recursos, de infraestructura, de formación docente, de cultura familiar, sino que además los docentes enseñamos pero el alumno es el que aprende y es fundamental, que el alumno aprenda para que se produzca el fenómeno educativo. Sé que muchos dirán eso es de perogrullo, pero veo a diario muchos docentes que transmiten contenidos sin tener en cuenta a qué perfil de alumnos tienen delante, qué intereses tienen y en muchos casos con un discurso que valdría para un aula de finales del sxx.

Volviendo a la cita inicial de John Dewey, creo que es necesario pensar en lo que nuestros alumnos van a necesitar mañana, para formarlos adecuadamente.

Nuestros hijos trabajarán en un entorno global, y al igual que se produjo un movimiento migratorio en los 70-80 del campo a la ciudad, ahora mismo tenemos a nuestros profesionales trabajando en distintas partes del globo de forma totalmente normalizada.

¿De verdad tenemos claro que dominar al menos el idioma es ya, hoy en día, fundamental? El nivel de idioma del docente, su experiencia internacional y su estancia en el país para aprender la cultura son fundamentales para poder enseñar un idioma o un área en una lengua extranjera.

Como suele pasar en España, no tenemos una política común en el aprendizaje de idiomas. Hoy en día, el nivel de idioma que exigimos al profesor para dar clase bilingüe puede ser distinto en cada comunidad autónoma. Por ejemplo, en Asturias, Andalucía o Castilla-La Mancha piden un nivel intermedio (B2); y en otras, como Madrid, requieren un nivel avanzado (C1).

Esto hace que en muchos casos los profesores estén desencantados, y el resultado final de aprendizaje no sea el esperado. Este curso en Castilla-La Mancha ya son 80 los colegios que se han salido del programa bilingüe, de un total de 271 centros, es decir, el 20 por ciento.

Será por descontento, por falta de medios, por crisis del sistema o pérdida de confianza, pero si un claustro decide dar marcha atrás reconociendo que no son capaces de llevar a buen puerto este barco, tenemos que prestarles atención. Si hay que formarlos, habrá que ver la forma, si hay que dedicar recursos tendremos que ver cómo hacerlo, pero necesitamos a los mejores profesionales al frente de las aulas, al igual que necesitamos al mejor cirujano en el quirófano cuando operan a nuestros hijos, pero lo que de verdad necesitamos es proyecto, son líneas estratégicas que hagan de la educación un pilar de nuestra sociedad real.

En ningún caso quiero que se malinterprete como una crítica al profesorado, nada más lejos de mi intención, es una súplica a la reflexión de nuestros gobernantes.

Creo que merece una profunda reflexión especialmente en una Comunidad como la Castilla-La Mancha, donde hoy es imprescindible una apuesta por un sistema educativo revolucionario, con estrategias educativas de primer nivel, que puedan devolver la fe en el sistema, con miras a recuperar una economía maltrecha, con una fuga de talentos hacia otras zonas, con dificultad para captar inversión privada y con una demografía en números rojos.

Hoy es momento de pensar en grande, para proyectar un sistema que con inversión, medios, experiencia e ilusión sea capa de poner a nuestra región en el SXXI con garantía de éxito para nuestros hijos y alumnos en el mundo profesional cambiante que tendrán en unos años. Es imprescindible dejar de trabajar como siempre se ha hecho, para formar ciudadanos del futuro. A diferencia de otras generaciones, en este caso desconocemos los cambios que van a venir, robots en empresa, nuevas carreras profesionales, desaparecen profesiones... por lo que es fundamental tener un sistema abierto y brillante que se adelante y que haga del mañana un escenario donde nuestros jóvenes puedan crear familias que arraiguen en nuestros municipios, empresas que produzcan empleo y desarrollo y generemos alegría e ilusión en nuestra comunidad.

 

Enrique Escandón

La Educación a debate

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