La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Derechos y deberes


Creo que fue Napoleón Bonaparte quien definió la música como “el menos desagradable de los ruidos”. Dicha frase, fue matizada posteriormente por alguno de sus biógrafos suavizándola en cierta medida quedando para posteridad como que “la música es el más bello de los ruidos, pero ruido al fin y al cabo”.

Desafortunada o no, dicha frase viene a colación con el evento (¿musical?) que tuvo lugar en la explanada del Bosque de Acero, al que acudieron, según recogen distintos medios de comunicación, alrededor de 5.000 personas. Un buen puñado de jóvenes (y jóvenas) que desde las seis y media de la tarde del sábado 11, hasta las tres de la madrugada del domingo 12, no pararon de estremecerse al compás de lo que algunos consideran música y otros simplemente ruido alienante y repetitivo, aderezado por los gritos del ‘pincha discos’ de turno, animando con sus alaridos a la diversión y al consumo de ‘refrescos’ aderezados, cuyos envases quedaron esparcidos por todo el ‘territorio comanche’, obligando a hacer horas extras a los sufridos comandos de limpieza de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad…

Vaya por delante que la diversión, el disfrute y el ocio es un derecho al que todos sin excepción debemos tener opción, aunque también es cierto que habría que hacer algunas matizaciones al ‘derecho’ y no  olvidar el ‘deber’.

¿Cómo es posible que las autoridades autoricen un evento en plena ola de calor, sin la más mínima oportunidad de resguardarse del sol? ¿Cómo se entiende que se celebre un festival cuando por otro lado están advirtiendo del peligro de los golpes de calor (hubo mas de uno que tuvo que ser atendido) ¿Quién autorizó la celebración de un espectáculo organizado por una empresa privada sin tener en cuenta el lugar en el que se celebraba; sin valorar la proximidad de comunidades de vecinos que tienen ‘derecho’ a descansar y a no soportar el zumbido constante de los altavoces desde las seis de la tarde hasta las tres de la madrugada?. ¿Nadie tuvo en cuenta que la macro-discoteca se instaló en las inmediaciones de un hospital-residencia de mayores?.

Unas cuántas preguntas que quedan sin respuesta.

Pero lo malo no es la no respuesta por parte de ningún responsable municipal. No. ¿En ese evento no se tienen en cuenta los decibelios? ¿No hay una ordenanza que los regule? ¿No hay otro lugar en el que celebrar el ‘macrobotellón’ de quienes no adquirieron la entrada para acceder al recinto vallado? Más preguntas sin respuesta.

Una vez formuladas, vuelvo otra vez al derecho y al deber que todos tenemos. Como no quiero que ustedes piensen que soy un egoísta y que he sido un privilegiado al poder disfrutar del acontecimiento musical, rogaría a los responsables municipales, (supongo que son ellos los que conceden o no los permisos para este tipo de celebraciones), que la próxima vez que les pidan autorización para otro espectáculo similar, tengan a bien buscar un sitio más adecuado (no estaría mal que fuera en las inmediaciones de su domicilio), con el fin de que pudieran disfrutar y vibrar al compás del ‘chunta-chunta’.

Sería toda una muestra de solidaridad, generosidad y altruismo, evitando así que un puñado de egoístas pasemos una noche del sábado gozando del buen ambiente, los vidrios rotos esparcidos por la calles y los regueros de (…), decorando las esquinas y las puertas de los garajes.

Créanme si les digo que si lo hacen así, contarán con mi eterno agradecimiento. Disfrutemos todos, porque todos pagamos impuestos y no es lógico que unos gocemos y otros se vean privados del ‘derecho’ a vivir una jornada del más exquisito espectáculo músico-botellonazo inolvidable.

Sinceramente suyo.

 
 

 

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