La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Desmemoria


La memoria es selectiva en dos formas. Retira aquella información que se torna innecesaria y accesoria para, en términos del lenguaje de los ordenadores, “limpiar el disco duro”; y lo mismo hace con los recuerdos de hechos negativos y emociones perturbadoras.

El barrido de ese primer tipo de material nemotécnico, lo ya devenido en accesorio e irrelevante, es completo. No ocurre así con el segundo tipo que, en función del daño producido, queda guardado con mayor o menor intensidad, pero fuera del radar de la actividad mental consciente.

Es ya muy habitual atribuir a la sociedad, a la colectividad, a la masa si queremos, atributos y cualidades de la psicología individual. Tan es así que, seguramente se menciona mas la palabra “resiliencia” en la información social y política, que en la teoría y praxis de la psicología.

De la suma de los olvidos individuales, cuando estos se refieren a asuntos comunes, deriva una forma de olvido colectivo.

En la psicología individual es sano y recomendable el olvido del daño inevitable de los azares de la vida, no aquel sufrido por una carencia, propia o del entorno cercano, que queda guardado en forma de trauma sin resolver.

De nuevo podemos dar el salto a la psicología colectiva, en eso que algunos llaman el inconsciente colectivo y que guarda, fuera del radar consciente, los daños sufridos y no elaborados por la sociedad en su conjunto.

Los traumas colectivos se guardan generación tras generación, y no entenderíamos el ser español en nuestro tiempo, por ejemplo, sin el esplendor colonial que fue seguido, en el ciclo propio de los imperios, por la noche oscura de la decadencia.

Como terapia a este trauma colectivo, recomiendo la lectura de la obra de Elvira Roca Barea y de Marcelo Gullo Omodeo, entre otros.

Y, efectivamente, lo anterior debe ser aterrizado, “La Opinión de Cuenca” obliga, en la realidad conquense.

En Cuenca hemos hecho del olvido un arte, y quienes nos gobiernan desde Madrid y Toledo ya lo saben y se aprovechan.

La casuística daría para escribir un libro, pero espiguemos algunos ejemplos:

El asunto de los remontes mecánicos trae causa de hace ochenta años, por tanto ¿cómo es posible entonces que cada legislatura lo retomemos con juvenil entusiasmo como si empezáramos de cero?

Con el cierre del tren, ¿Cómo es posible que hayamos olvidado décadas de abandono y engaño? El último, con motivo de los desperfectos de la borrasca Filomena en que, con el cierre de la línea ya decidido, se nos decía desde instancias oficiales que estaban en su reparación. Incontables compromisos a favor de la línea que hemos olvidado.

¿De qué fecha data el primer proyecto oficial de Palacio de Congresos? ¿Y el primer estudio del trazado de la autovía Cuenca-Albacete? ¿Cuántas veces hemos reformado el edificio del Mercado? ¿Cuándo se anunció el proyecto de nuevo hospital? Y aquí me paro en la enumeración, pero el artículo sigue.

Como digo, los traumas quedan y condicionan y, lo que es peor, reviven con mayor fuerza si cabe ante nuevos acontecimientos que desactivan ese olvido más patológico que terapéutico.

Y vuelvo con el tren, y traigo malas noticias para quienes piensen que, con el olvido, o con el autoengaño que es casi peor, tienen el tema resuelto.
La herida en la dignidad y el futuro de Cuenca se va a abrir muchas veces en los años venideros, porque serán tiempos de esplendor para el tren en toda España menos en Cuenca.

Y para muestra un botón:
La noticia se ha publicado en “La Información”, reciente como el año recién estrenado que aprovecho para felicitar a los lectores y lectoras de “La Opinión de Cuenca”: “La UE revive el tren de la Ruta de la Plata y abre la puerta a la conexión del oeste”. Nos informa este medio digital de 38 años fuera de servicio, junto con la cuantía a invertir para su recuperación: 122 millones de euros.

Con mi reconocimiento para quienes, para que no olvidemos, se concentran todas las semanas en la abandonada estación de tren de Cuenca, diré también que sacar los traumas a la luz es la forma de sanarlos.  

Y muy enferma quedará la sociedad conquense si intenta tapar y ocultar la herida en su dignidad y futuro por el cierre del tren.

Noticia de alcance:

El texto anterior corresponde al artículo cerrado con fecha 11 de enero para su publicación el domingo 15 de enero.

Y antes de cerrar la edición de “La Opinión de Cuenca” nos asalta de nuevo la realidad que se empeña en aguarnos a los conquenses la placida y engañosa tranquilidad de la desmemoria.

12 de enero de 2023. “Heraldo-Diario de Soria”: “La UE incorpora la Soria-Castejón a la red ferroviaria de transportes”. Cerrada hace 27 años, se prevé una vía de nueva construcción para viajeros y mercancías, que venga a sumarse a la ya existente Soria-Madrid.

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