La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

El Archivo Municipal, el Organismo de Recaudación y otros inmuebles del centro


En los días pasados pudimos leer en la prensa de nuestra ciudad el titular siguiente: “El Ayuntamiento busca espacio en alquiler para el Archivo Municipal: Mil quinientos euros mensuales y al menos quinientos metros cuadrados.” Y en el cuerpo de la noticia se explican los motivos de este interés por parte  de nuestros regidores para convocar esta licitación, que por lo visto, ya ha sido llevada a cabo de forma oficial: “La necesidad de proceder a esta contratación estriba en la carencia de inmuebles propiedad del Ayuntamiento para el adecuado depósito de los fondos del Archivo Municipal, siendo, por tanto, obligado acudir, para satisfacer esta necesidad, al mercado de arrendamiento de inmuebles localizados en la ciudad de Cuenca”.

El problema de cómo conservar los fondos que tiene nuestro archivo municipal, muchos de ellos de enorme interés para conocer mejor nuestro pasado, viene de antiguo, sobre todo desde que, hace ya demasiado tiempo, se decidiera trasladar el archivo, que entonces se encontraba en el mismo edificio del ayuntamiento, a un lugar del todo inadecuado, en el edificio Lucas Aguirre; un espacio que resultaba muy escaso, teniendo en cuenta la gran cantidad de documentación conservada por la institución. Ello obligó a tener que mantener diferentes espacios de depósito, en naves de propiedad municipal que son tan inadecuadas como la propia sede del archivo, alejadas del centro de la ciudad, lo que, agravado por la sistemática falta de personal, hace que tanto los investigadores como el resto de ciudadanos conquenses, sea casi cuestión de suerte. El problema se quiso solucionar con la restauración de la Casa del Corregidor, tantas veces soñado como la sede del archivo durante todas legislaturas que se fueron sucediendo en el gobierno de la ciudad. No es de extrañar que ahora, cuando su restauración se ha acometido de manera acertada -probablemente se trate de una de las mejores restauraciones de edificios históricos acometidas en nuestra ciudad en los últimos años-, el proyecto de trasladar a este lugar el Archivo Municipal haya sido abandonado. En esta sociedad que nos ha tocado vivir, es una verdad incuestionable el hecho de que quien paga decide, y de todos es sábado que ha sido el Consorcio Ciudad de Cuenca quien ha acometido la restauración del edificio, y que es el consorcio, al final, quien lo ha querido para sí mismo, con el fin de convertirlo en su nueva sede institucional.

Pero, ¿de verdad no hay otra forma que acometer la nueva sede del Archivo Municipal, que buscando un espacio en alquiler, otro más, cuando son varios edificios públicos del centro de la ciudad que se están quedando vacíos? ¿Tanta prisa corre su traslado -precisamente ahora, después de tanto tiempo de permanencia en un lugar inadecuado-, que el Ayuntamiento no puede esperar unos meses más, cuando tan próximo está el desalojo de otros inmuebles, que se van a incorporar también a esta larga lista? Hace algunos meses, la Diputación Provincial anunció también que iba a habilitar, en el mismo régimen de alquiler, un local junto al paso a nivel, para instalar allí el Organismo Autónomo de Recaudación, al no haber podido hacer realidad, como era su deseo, la compra del edificio en el que actualmente se encuentra, la antigua ICONA; un edificio que, por cierto, es propiedad municipal. Por otra parte, desde la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha se ha venido anunciando que próximamente, una vez finalicen las obras en el antiguo hotel Iberia, este edificio se va a convertir en la sede principal de la propia Junta. No se ha anunciado el destino en el futuro tendrá la actual sede, en la calle de las Torres, pero muy probablemente compartirá con el vecino edificio de Icona el mismo destino de olvido y abandono que, desde hace ya algún tiempo, vienen sufriendo demasiados inmuebles en el centro de la ciudad.  

No creo que vaya a resultar sencillo poder encontrar en el mercado de la propiedad privada un local adecuado para instalar, en las condiciones requeridas el Archivo Municipal. De todos es conocido que un edificio de estas características requiere de amplios espacios para el depósito de los documentos, además de una sala de investigadores que reúna las mínimas condiciones de luminosidad y de comodidad, tanto para los usuarios como para los propios trabajadores, y un sistema informático que facilite la consulta de los documentos. Por otro lado, el papel, cuando se acumula en grandes cantidades, pesa bastante, y ello obliga a que se tenga que hacer un importante refuerzo de los sistemas constructivos, algo que no todos los locales tienen. No es una casualidad que, en Madrid, en los últimos años, se hayan venido utilizando para este uso antiguas fábricas de cerveza: son edificios que cuentan con un espacio para el depósito de cebada, tan pesada como el papel en según que condiciones. Una vez dicho esto, volvemos a la pregunta inicial: ¿No puede esperarse el Ayuntamiento, cuando tanto tiempo hemos esperado ya el conjunto de los usuarios del archivo, a que algunos de estos edificios pueda quedar libre? 

Este asunto, el del Archivo Municipal, se viene a añadir a otros problemas que, relacionados también con el urbanismo, son de difícil solución en nuestra ciudad. Para otras entregas de la columna dejaremos otros asuntos que están relacionados con la propiedad privada, como la gran cantidad de locales, en número creciente, que van quedando vacíos en el entorno de la calle Carretería. Algunos de esos locales ya han sido señalados en estas breves líneas. Tanto la sede actual de la Junta de Comunidades como el inmueble en el que todavía se encuentra el organismo de recaudación de la Diputación son importantes por sí mismos, y resultan ambos de difícil acomodo para cualquier uso que no sea el del propio interés público. Desde luego, cualquier de los dos, principalmente la antigua Icona, ofrece el espacio suficiente para la instalación del archivo. Y no sólo del archivo, sino también de otros servicios del propio Ayuntamiento, que en la actualidad se encuentran diseminados por diferentes puntos de la ciudad, algunos en condiciones deprimentes, en el edificio del mercado, y otros en régimen de alquiler, liberando así, en el caso de estos últimos, una importante cantidad de dinero público que, en otro caso, podría ser empleado en beneficio de todos los conquenses.

Más allá del probable destino de estos dos edificios de dimensiones casi mastodónticas, quizá el problema más grave de todos, pero no el único, es el ya eterno problema de la Plaza del Mercado. Es éste un  asunto que, también, se remonta a mucho tiempo atrás, casi tanto tiempo como el que lleva hecho el edificio, alrededor ya de medio siglo. No se trata ahora de lamentarnos por la demolición de la antigua plaza, una construcción de principios del siglo pasado, de similares características a otras que fueron construidas en diferentes ciudades españolas, y que en los últimos años, rehabilitadas y en algunos casos recuperadas como una elegante zona de restauración, se han venido incorporando a los recorridos turísticos de esas ciudades; en otras ocasiones ya he dado mi opinión sobre lo que supuso aquel atentado para el patrimonio conquense. De lo que se trata ahora es de encontrar soluciones adecuadas a un problema actual, el de un edificio mal construido desde un primer momento, que se está cayendo, y que no se encuentra en situación total de abandono porque el Ayuntamiento ha querido mantener allí, en condiciones poco adecuadas, algunos de sus servicios institucionales. Al principio de la actual legislatura, desde el Ayuntamiento se nos volvió a prometer que la solución al edificio del mercado estaba próxima, que llegaría antes de que fueran convocadas las siguientes elecciones. Sin embargo, las nuevas elecciones ya han sido convocadas y se encuentran a la vuelta de la esquina, y problema, lejos de solucionarse, se ha venido a agravar en los últimos meses.  Una gravedad que, por cierto, ya no tiene que ver sólo con la crítica situación estructural en la que se encuentra el edificio, sino que es de asunto económico: según las fuentes publicadas, la rehabilitación del propio edificio y de su entorno, así como la construcción de la nueva plaza del mercado, una obra que ya ha sido presupuestada y dotada con fondos europeos del proyecto EDUSI, debería estar terminada en un corto plazo de tiempo; en caso contrario, dichos fondos se perderían, como ya se perdieron los que iban a servir, a finales de la anterior legislatura, para la construcción de un sistema de ascensores que unieran la parte baja de la ciudad con la Cuenca antigua.

Otro asunto a tener en cuenta es el inmueble que fue propiedad de la fundación Sánchez Vera -tan agotada y depauperada ésta como el propio edificio-, en la confluencia de las calles del Agua y Tintes, frente a uno de los accesos principales al caso antiguo, con el que comparte casi todos los niveles de protección a que le obliga el hecho de que la ciudad sea considerada Patrimonio de la Humanidad. Un edificio que, en su mayor parte, fue durante un tiempo de propiedad casi municipal, como patrono que es de la propia fundación, pero del que, muy convenientemente para él, se fu desprendiendo en los últimos años, pasando a propiedad privada; un inmueble cuyo abandono, en los últimos años, ha venido a agravarse de forma acelerada, hasta llegar a la situación de ruina en la que ahora se encuentra. Según algunas informaciones, la institución municipal ha venido avisando a los actuales propietarios de la obligación que tienen de asumir su rehabilitación, y llegando incluso, ante el caso omiso que los propietarios han hecho de las demandas institucionales, a extender las correspondientes multas coercitivas. Unas multas que, sin embargo, y por otra parte, parece ser que todavía no han sido comunicadas a dichos propietarios. Y mientras tanto, el edificio continúa su general deterioro, afeando enormemente un paisaje urbano por el que transitan a diario miles de conquenses y de turistas, demasiado feo ya por la situación en la que se encuentra el inmueble vecino, el Almudí, éste sí e propiedad totalmente municipal -por cierto, ¿cuándo se va a reponer el pasamanos de las Escalerillas del Gallo?-, y amenazando la seguridad de los viandantes. 

Y es que de poco sirve prohibir la circulación rodada por la calle de los Tintes, reservando el uso de la misma a los viandantes, si no cuidamos el entorno y los edificios que la rodean. Un poco más allá de este edificio, frente al túnel que da acceso a la calle de la Moneda, junto a la estrecha Callejuela, así llamada precisamente, que da acceso al parque de San Julián, un solar que ya lleva demasiados años en esa triste situación nos avisa de cuál va a ser el futuro, casi seguro, del edificio de la fundación Sánchez Vera. Y nuestra ciudad no puede permitirse la existencia de más solares olvidados dentro de su centro urbano.

 

Quienes somos:

  • Dirección y coordinación Alicia García Alhambra
  • Redes Sociales y Contenido Audiovisual: José Manuel Salas
  • Colaboradores: Pepe Monreal, Jesús Neira, Enrique Escandón, Martín Muelas, Cayetano Solana, Manuel Amores, Antonio Gómez, Julián Recuenco, Ana Martínez, Carmen María Dimas, Amparo Ruiz Luján, Alejandro Pernías Ábalos, Javier López Salmerón, Cristina Guijarro, Ángel Huélamo, Javier Rupérez Rubio, María Jesús Cañamares, Juan Carlos Álvarez, Grisele Parera, José María Rodríguez, Miguel Antonio Olivares, Vicente Pérez Hontecillas, Javier Cuesta Nuin, Vicente Caja, Jesús Fuero, José María Rodríguez, Catalina Poveda, José Julián Villalbilla, Mario Cava.
  • Consejo editorial: Francisco Javier Pulido, Carlota Méndez, José Manuel Salas, Daniel Pérez Osma, Paloma García, Justo Carrasco, Francisco Javier Doménech, José Luis Muñoz, José Fernando Peñalver.

Síguenos: