La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

El amor en día de votaciones


En las frondas, el tiempo parece haberse detenido. El susurro del viento al colarse por las copas de los pinos, el arrullo de la fuente y el monótono runruneo de las chicharras son el marco perfecto para las juntas pastoriles a la hora de la siesta.

Hoy es día de votaciones y nuestros bucólicos ya han ejercido su deber patrio. Pericles, como político y afiliado a un partido, hoy esta de interventor en la mesa, en la única mesa del poblado. A él le gusta eso y le dedica algún tiempo. 

Pedro llega de la mano de su esposa. Es ganadero. Ella se llama Belén y es hija de agricultores. En su tiempo libre siembra un pequeño huerto que proporciona a la familia hortalizas frescas y algunas frutas. También cría unas gallinas, que comen en el suelo de un cercado y ponen los mejores huevos, que hacen la delicia de la familia. Eso que ahora llaman para auto consumo. 

-Aquí llegan los enamorados -dijo el Colorao.
-Tu también estas enamorado, Colorao -dijo Romero.
-Sí, pero mi caso es distinto, pues yo no he formalizado relaciones, que estoy arrejuntao, ni tengo hijos. Por cierto, si lo queréis decir, cómo empezasteis y os habéis mantenido enamorados tanto tiempo -Preguntó el Colorao.
-Desde niños ya sabíamos que estaríamos juntos toda la vida, y así ha sido -Dijo Belén.
-Entonces fue un flechazo -Pregunto el Colorao.
-Yo no se si fue flechazo o no, pero, como ha dicho Belén, hemos estado siempre juntos en amor y compañía, hemos criado los hijos, por los cuales sentimos mucho amor y vivimos en mucha armonía -Comentó Pedro.
-Filósofo, como hoy no se debe hablar de política, se me ocurre que, tu que lo sabes todo, nos ilustres sobre cómo y cuando empezó en la historia esto del amor -Dijo el Colorao.
-Eso no lo sabe nadie -Contestó el Filosofo algo ruborizado con el comentario del Colorao.
-Tal vez podamos tomar como punto de partida a, Adán y Eva, que fueron la primera pareja de que tenemos conocimiento. -Dijo Belén.
-Pero esos vivían en el Paraíso, allí era fácil ser felices. -Comentó el Colorao.
-Pero Adán y Eva fueron creados y no engendrados, por lo cual se perdieron la infancia. Nada más verse, ya andaban disfrutando del amor y del buen ambiente en el Paraíso - dijo Romero.
-El Paraíso, como dices, Colorao, no es un lugar en el espacio, según creo, sino un estado de ánimo en el tiempo. O sea, una metáfora que representa, en este caso, la edad de los primeros amores, -Dijo el Filósofo- por lo tanto, sucedió lo mismo que sucede con todos los enamoramientos, que siempre se empieza de cero.
-Y cuál es la esencia del amor - preguntó a bocajarro el Colorao.
-El gran poeta latino Ovidio habla de los amores y parece que hay tantos tipos de amor como personas habitan el mundo y lo han hecho desde el principio. Y aún hay personas que, por distintos motivos, repiten incluso varias veces y cada uno de estos amores es diferente a los demás. Me preguntas por la esencia del amor. Yo no lo sé. También habría que pensar qué tipo de amor, el apasionado de los enamorados, el amor que sienten los padres por sus hijos, la armonía en el funcionamiento de los astros en el Universo. Yo tengo por esencia de esta pasión, el bien y el bien que los amantes desean a los amados, anteponiendo el bienestar de estos al propio. Todo lo bueno tiene una parte de amor, mientras que el mal es su contrario. Hay filósofos que dicen que la belleza y llevan razón, pues todo lo bueno es bello. -dijo es Filósofo.
-Oye -dijo el Colorao- y de dónde sale esa fuerza que, cuando amas y deseas a una persona, pierdes hasta la razón.
-Eso, amigo mío, -dijo el Filosofo- es como una especie de obsesión, un deseo incontrolado, es como una luz, cuya intensidad no nos deja ver otra cosa que no sea la propia luz.
-Y tú, Romero, no has encontrado nunca tu media naranja que sigues soltero y sin compromiso -Preguntó en confianza el Colorao, que ya sabía la respuesta.
-yo, amigo mío, he encontrado un par de veces o tres a la mujer de mi vida -dijo Romero.
-Y por qué continúas soltero? -preguntó Belén.
-Por la más simple de las razones: porque yo no era el hombre de sus vidas -dijo Romero, soltando una sonora carcajada a la cual acompañaron todos.

Y, con este buen ambiente, como se acercaba la hora del escrutinio, marcharon todos juntos hacia el poblado y el colegio electoral, con la curiosidad de saber quién había salido para servidor público durante los próximos años.

 

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