La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

El chiste de la vaca


Cuando tomé la decisión de dedicarme a una de las profesiones más antiguas (seguramente no sea aquella que usted está pensando), mi padre me recordó aquel chiste en el que dos ganaderos discuten por una vaca y para solucionarlo acuden al Abogado del pueblo.

Sin embargo, y a pesar de los prejuicios, esta profesión permite ayudar. Y es que, en general, los recelos nos llevan a ver lo que nuestra mente busca, en lugar de la realidad.

Un ejemplo claro lo encontramos, a menudo, en aquellos asuntos en los que las buenas personas salen perdiendo, tanto en su economía como en su salud, por el cierre repentino de grandes empresas como Dentix o IDental. Es en estos casos en los que los Abogados, también actuando pro bono o en el Turno de Oficio, solemos ayudar de forma más evidente.

Quizá desconozca de qué hablo, así que se lo explicaré muy rápido:

Con la declaración del Estado de Alarma, Dentix incluyó en un ERTE a casi toda su plantilla, cerrando clínicas. Sin embargo, una vez levantado, no reabrió muchas de ellas. Eso no era buena señal. Al poco tiempo, solicitó la declaración del concurso voluntario de acreedores.

Debido al cierre, los pacientes han visto estupefactos cómo se interrumpían sus tratamientos. Además, muchos de ellos tienen escasos recursos y acudieron a estas clínicas por su bajo precio. Lo más sangrante es que, en ocasiones, esto ha agravado sus problemas de salud.

Recientemente, hemos conocido que Advent, propietaria de Vitaldent, va a adquirir muchas de las clínicas (por lo que se, la de Cuenca no está entre ellas y no se prevé su reapertura), y que se comprometía a finalizar los tratamientos de aquellos pacientes de las clínicas compradas. Mala noticia: Salvo que algo cambie, no finalizará los de los pacientes de las clínicas que han quedado fuera de la compra.

Durante este tiempo, los pacientes se han ido enfrentando a un particular via crucis, sufriendo anuncios contradictorios y sin saber muy bien a dónde o frente a quién acudir. Y, sorpresa, es aquí donde aparecen los de la vaca (para ayudar). 

Muchos de los pacientes han comunicado sus créditos al concurso, aunque realmente son pocas las posibilidades de que les devuelvan lo pagado ahí, dicho sea de paso; mientras que otros también se han dirigido frente a las entidades financieras como la vía, quizá, con más posibilidades de prosperar. 

Para facilitar las cosas a quienes no tenían recursos, pero tampoco podían acceder al Turno de Oficio, algunos buenos compañeros han compartido gratuitamente en Internet ejemplos de requerimientos para que los pacientes pudieran reclamar por su cuenta, han explicado detalladamente las opciones y las vías a seguir, o han ofrecido asesoramiento gratuito para no agravar situaciones realmente desastrosas en lo económico. Ejemplo, en mi opinión, de lo mejor de esta profesión.

Y es que, en general, los prejuicios no se paran a distinguir a las personas. Así, cuando tenga un pleito por la propiedad de su vaca, podrá ver usted a un codicioso sentado al otro lado de la mesa, aunque en realidad no será más que un tipo que, probablemente, si de verdad necesita ayuda, se la ofrecerá.

Porque, en estos tiempos en los que tendemos a alejarnos de otros para sentirnos seguros, los prejuicios basados en las apariencias son cada vez más peligrosos. Quizá, sea este el momento en el que debemos confiar más en lo profundo de las relaciones humanas que en las primeras impresiones. Solo quizá.

Así, como la solución a los prejuicios viene del conocimiento de las cosas, debo cerrar esta primera columna de opinión con un agradecimiento a los promotores de este magazine semanal tanto por concebirlo como un lugar de reflexión serena, como por quererme en él para que usted, lector, pueda conocer mi perspectiva sobre el mundo. 

El título que he querido dar a esta sección (Tertium genus) ya le habrá hecho reparar en que, con relativa frecuencia, mi opinión sobre lo que nos rodea no responderá a verdades absolutas o a posturas fijas, contrapuestas e irreconciliables. En cualquier caso, será una opinión más que tendrá la categoría que usted, con su buen criterio, tenga a bien concederle.

P.D. El chiste de la vaca:

Andaban dos ganaderos pleiteando por una vaca.

Uno de ellos fue al Abogado del pueblo y le expuso el caso, a lo que el Abogado le contestó: "Tranquilo, que la vaca es tuya. Esto lo ganamos."

Enterado el otro, también se dirigió al mismo Abogado que tras escuchar su exposición le contestó: "Tienes toda la razón. Esa vaca ha de ser para ti."

El hijo del Abogado, que había estado presente en ambas conversaciones le dijo "Padre: Ha venido uno y le has dicho que la vaca era suya. Ha venido el otro y le has dicho que la vaca sería para él. ¿Cómo se entiende?"

A lo que el padre le contestó: "Tu tranquilo, hijo, que esa vaca es para nosotros".

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