La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

El dios Jano y Page


La primera vez que oí a D. Emiliano García Page discrepar de las últimas decisiones tomadas por el Gobierno de la nación, me sentí muy bien. Me gustó y, por un momento, pensé que era un héroe, pues no estamos acostumbrados en política a los versos sueltos. No podía creer que el Sr. Page fuera políticamente incorrecto, discrepando de las acciones de los altos cargos del gobierno socialista, donde milita desde antiguo. Políticos así es lo que hace falta en este país -pensé- políticos que no estén de acuerdo con hacer una justicia a la carta, para beneficiar a gentes que han demostrado, por su mal comportamiento, que donde están es donde deben continuar hasta cumplir la pena impuesta por tribunales bien constituidos, ni con todos esos temas de actualidad que revuelven el estómago.

Mas, mis ingenuos pensamientos duraron poco, pues, al instante, me vino a la memoria la imagen de Jano, uno de mis dioses favoritos del panteón romano. No me lo podía sacar de la cabeza y me tuvo algunas noches a duermevela, sin que acertara a comprender lo que sucedía. ¿Por qué, me preguntaba yo? Acaso el dios quería comunicarse conmigo, sería esa la forma en que los dioses hablan a los desmemoriados hombres, querría decirme algo. ¡Pero si yo soy muy escéptico con esas cosas!  Este dios da nombre al mes de enero, siendo el primero del calendario y el que da inicio al año, pero lo que lo distingue y singulariza de otras deidades, es su peculiaridad única de tener dos caras y ser un dios bifronte. Dicen de él, entre otras cosas, quienes lo han estudiado, que con una cara mira al pasado y con la otra al futuro, por lo cual, es el gran dios conocedor del tiempo, ese gran misterio que tanto atormenta a nuestra especie, pues sabemos que es limitado y que, antes o después, todo se acaba. ¡El tiempo, ese gran misterio!

Podemos decir que el presidente de Castilla-La Mancha, al tener un discurso cuando mira para Madrid y otro bien distinto, cuando se dirige a nuestra tierra, es un ser ambiguo. Uno de los dos pareceres ha de ser falso, pero ¿cuál? Si en una de las dos ocasiones no dice la verdad, ¿podemos decir que miente y que es, por tanto, un mentiroso? ¡Qué difícil lo pone! Y nada me gustaría menos que decir eso del presidente de mi región. Claro que aun sería peor que mintiera, que engañara a los castellano-manchegos, con el único objetivo de embaucarlos para que lo voten en las próximas elecciones. 

Hace mucho que tengo claro que la demagogia (la mentira) es la peor infección para los sistemas democráticos, capaz por sí sola de acabar con ellos. Ya sucedió en la antigüedad en Grecia y, en tiempos modernos, en varios lugares del planeta, incluso de nuestro entorno. Estoy convencido de que el presidente no querrá que esto ocurra, aunque, mucho me temo, que no hará nada para remediarlo. 

Estos días tengo un cabreo monumental. Como todos los años, el balance anual del IVA me pone enfermo. Cuando veo el monto de los gastos y compruebo que, después de un año de duro trabajo, soy más pobre que en años anteriores, mi enfado no tiene límites. Y ya no soporto la verborrea de los discursos políticos, incluida la del Sr. Page. ç

La ingenuidad del primer momento, que me llevo a admirarle porque me parecía a mí que tenía un discurso propio, coincidente con el mío, en parte, se ha desinflado como un suflé, y la realidad del día a día, lo ha puesto en su sitio. No voy a entrar hoy en asuntos medioambientales, ni de animalistas, ni del Ministerio de Transición Ecológica, ni de la Consejería de Desarrollo Sostenible que tanto afectan al campo; ni de la excesiva burocracia que soportamos y aun nos amenazan con aumentarla; ni en la reforma de la PAC que, por muchas vueltas que le damos, no acertamos a saber la que se nos viene encima, ni como será nuestro futuro, caso de que tengamos algún espacio en ese futuro.

Como ve, Sr. Presidente, ya no soy partidario de su discurso mirando para Cuenca que, por cierto, aunque ahora algunos lo dicen como algo gracioso, siempre ha sido un comentario peyorativo, que significaba algo muy molesto y, como una gran traición, por la espalda.

Sus palabras, Sr. Page. aunque, si algunos de los votantes, en vez de analizar su gestión, que es lo que se hace con los que gobiernan cuando se presentan a las elecciones, quieren votar con el corazón, como si fueran hinchas de un equipo deportivo, allá ellos, luego que no se quejen. Aunque, intuyo que cuando pasen las próximas elecciones, de cara a las generales, como un Jano manchego, volverá a mirar para Madrid, para apoyar lo que hoy dice que no soporta.

Como muchos españoles, estoy asqueado de la política. Mejor dicho, me asquean todos esos políticos que se aprovechan del sistema, para vivir a su costa como auténticos parásitos. Me consta que hay, en política, mucha gente honrada, cuya vocación de servicio es su mayor o única ambición, que se ve perjudicada por las acciones que sujetos sin escrúpulo desarrollan a diario dentro de las instituciones, escondiendo su mediocridad con propuestas absurdas e increíbles y, a veces, mal intencionadas. 

Parece ser que nos queda, como máxima expresión democrática, el acudir a votar cada cuatro años, por lo cual, no aconsejo votar a tal o a cual persona o partido político, sino pararse un momento, hacer balance de los últimos años y MEDITAR BIEN EL VOTO, ANTES DE DEPOSITARLO EN LA URNA, ES IMPORTANTE.

 

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