La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

En la Sierra no llueve


Hoy el resinero está marrido, afligido y triste, pues en su pueblo hace meses que no llueve, por haber ha sido eliminada su estación en la aemet. El resinero no se enteró de que, en la primera ola de calor de este año, entre el catorce y quince de junio cayeron treinta y ocho litros en su pueblo, alguno dijo que treinta y dos, y su pluviómetro recogió treinta y cinco, que no esta nada mal. El resinero esta triste, pues una semana después algo más llovió y no sabe cuánto, ni siquiera sabe si será suficiente para no ir a regar el patatar por segunda vez este año. Marrido está, como un don Quijote apaleado, pues una de las aficiones del resinero era mirar si había llovido o no en su terruño los días que allí no estaba. El tío del resinero le hacia los resúmenes, que era afición compartida saber lo que llovía cada día. Afligido esta pues al tío de noventa y tantos un bicho se lo llevó, aunque era como un roble que parecía que ningún mal rayo podía herir.

Los pinares se abandonan por aquellos que dicen que los quieren salvar, por aquellos que llenan de alimañas la heredad, esos que no disparan al cormorán cuando van a pescar a las Lagunas de Cañada del Hoyo, o al Pozo de piedra junto a mi tina, en la que siempre dos o tres truchas gordas había hasta que los de la ecología sostenible se las llevaron para mejorar la raza de las truchas serranas, esas que casi se extinguen, algo que no consiguieron varios siglos de garapitos, ni anzuelos de muerte con lombriz. Ahora la trucha se reivindica, pero nadie sale al río por si pica y te ponen una multica por cometer algún mal recogido en una la ley que evoluciona más que las especies en millones de años. El resinero sabía que había que ir al arroyo cuando tenía poca agua y se cortaba para el riego en el estío. El fué al arroyo, cogió cubos de truchas que en el rio soltó, sabía que luego en invierno subirían otra vez por el arroyo mas gorditas a poner sus huevos en las frías corrientes llenas de guijos. Hoy en el arroyo no hay truchas, y su agua nadie la represa; nadie riega el huerto; y nadie le informa del agua caída en ningún pueblo de la Serranía, que las estaciones que había las han borrado de la Agencia de Meteorología o como chorras se diga. No se conoce lo que no se nombra, y esa es la cuestión, que tras un chopetón y un gran tormentón en una ola de calor en mi patatar el pueblo no será nombrado, y yo no podré probar a los ignorantes del socarral lo fresquito que se está junto al pinar. Lo que no se nombra no existe y la Serranía la van a borrar del mapa por los intereses de los que mandan. ¡Que poco importan ya los cuatro gatos que quedan!…

 

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