La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Encima y debajo. Arriba y abajo


El 20 de agosto de 1974 llegó a Cuenca el agua de Riofrio para abastecimiento de la ciudad. Mucha agua y de calidad que brota encima del Ventano del Diablo, y encima quiere decir debajo, junto al Júcar. Encima estaba el alcalde don Andrés Moya, y hoy quiero hablar de lo que esta debajo, pero tan abajo han caído algunos que hoy no los nombraré y me ahorro el disgusto de recordarlos. El acuerdo tuvo lugar en el ayuntamiento, encima, en 1970, que debajo y en su mandato se construyó la Fuente de Colores, la que el resinero tenía en una postal en el rincón de un cuadro. Arriba y abajo el agua llena de colores, que era una atracción de feria en mi niñez. Abajo la gente se admiró de los semáforos recién colocados. El de encima se preocupó de que debajo se construyera el grupo escolar de Santa Ana o la Plaza de los Carros, esa que era de obligada visita cuando el resinero venía a la capi en la CAMPI a que lo vieran los médicos del Parque de San Julián, después de subir en su ascensor de anticuario. Allí había alta tecnología, como así me lo parecía la lucecita verde o roja que se encendía para decir cuando se podía pasar o no al consultorio.

La ciencia avanza que es una barbaridad: frase antigua. Y Cuenca no avanza, recula, como su tren inhabilitado, o sus remontes no ejecutados en decenios y siempre prometidos. La industria es nuestro cangrejo de rio asustado, reculando a to trapo, y en peligro de extinción. Y lo único que avanza es la maleza en nuestros montes, al mismo ritmo que reculan los ganados, como el de mi vecino de monte, Ángel, que me enteré anteayer que ya ha vendido sus vacas.

Me decía la del bar junto al río que los habitantes que buscaban la sombra del membrillero de su bar han cambiado, que ahora son las avispas sus clientes más asiduos. Y la Cueva de la Ramera cerrada, y el Balneario del Solán de Cabras cerrado, y las estaciones de la AEMET de Vadillos o Beteta no se sabe o no contestan, que ya hace que no dicen nada.

Volvemos al pasado, a coronar vírgenes en Almonacid, a subir y bajar cerros en Cabeza de Griego (Segóbriga), lugares en que, entre otras cosas, hay concentración de “tunos” y serranas manchegas. Lo de serranas manchegas no lo entiendo, que no son vaqueras, ni bobas, ni feas, menos aún lerdas o ladronas, y por supuesto no violan a nadie, como las del Buen Amor. Son serranas delicadas que suben a salmodiar a sus vírgenes, las que el ultimo fin de semana de mayo les da su bendición, y lo mismo tunos, danzantes y danzantillas, que danzan, palotean y visten el palo sin desmayo una y otra vez. 

Menos mal que no hemos perdido del todo la esencia de nuestro pasado, lo malo es ir siempre de culo, invadidos de cangrejos por debajo, y por encima. Y encima quiere decir debajo… Antes eran cangrejos azul verdoso, ahora hay rojos y con pintas, “anocromismos” y lilos aparte. Nos están devorando desde encima a los de abajo.

 

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