La Opinión de Cuenca

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El aprendizaje estival en los pueblos


Aunque inicialmente la Educación a debate es una columna dedicada a la educación formal, en esta época estival quiero ampliar el ámbito a la gran parte de aprendizaje que la figura del pueblo ha tenido en la gente de mi generación, fruto del baby boom y que tantos veranos hemos pasado disfrutando en sus campos.

En mi caso no es un pueblo, sino Puebla, La Puebla de Almenara, un pequeño y precioso pueblo, como lo son tantos en nuestra provincia, que no ha salido indemne de este fenómeno llamado despoblamiento rural en las últimas décadas.

A lo largo de de estos veranos con los abuelos, siempre tuve la maravillosa sensación de ser parte de ese ambiente, donde nos juntábamos los chiquillos con nuestra pandilla y nuestras bicicletas aprovechando las opciones de ocio, que tan diferentes eran de la vida urbanita. Lo mismo íbamos a por moras, que a bañarnos al Luján, que echábamos un partido en la era.

El problema vino cuando esa chiquillería comenzó a crecer, y comenzamos a descubrir la noche, y ahí es cierto que nos llamaba la atención la opciones de ocio nocturno que otros pueblos mayores nos daban, como Tarancón o Quintanar de la Orden. Y ahí comienza mi historia de hoy, en la que tomo como ejemplo un movimiento social de arraigo rural que tuvieron allá por finales de los 80 un grupo de casi 70 familias puebleñas con un interés común.

No sé si conocen queridos amigos, la historia de la Coordinadora Cultural 88, que pertenece a lo que hoy se denomina tejido asociativo con vínculo rural, y que en su momento fue la reacción comunitaria de nuestros padres para hacer una Puebla de Almenara apetecible para los jóvenes, y que con recursos propios, desarrollara lo más posible actividades que hicieran que los jóvenes pasáramos las noches allí, sin el miedo a cualquier accidente que fruto de la diversión, la noche y el consumo de alcohol pudiera ocurrir.

Y digo esto, porque por aquellos finales de los 80, la discoteca Zeppelin ya empezaba en su declive y un grupo de familias, hicieron una contribución para juntar una cantidad de dinero y comprar la discoteca y un local que hiciera las veces de sede social de la asociación, donde después se celebrarían tantas y tantas actividades culturales, exposiciones fotográficas, excursiones para los mayores, conciertos de la banda musical y conferencias muy interesantes relacionados con la cultura puebleña.

En el año 87 se inicia como una asociación de apoyo a las fiestas locales, pero más concretamente en el año 88, la unión de casi setenta familias en torno a un interés común hizo que se iniciara un camino recorrido a lo largo de 33 años, y que con sus propios recursos han conseguido llegar hasta hoy como una de las primeras asociaciones que buscaban a través del vínculo rural, mantener el arraigo juvenil a nuestro pueblo.

Además, es justo resaltar la gran labor social y cultural que se ha desarrollado a lo largo de estos más de 30 años, donde hemos visto como ha podido seguir alimentando el gusanillo cultural del tiempo estival de los jóvenes que siguen pasando el verano en el pueblo con los abuelos.

Además, como es costumbre, la semana de san bartolo celebra su fiesta para que todos los socios puedan disfrutar juntos de un momento de esparcimiento en torno a una mesa y buen vino de la tierra; huevos fritos con magras, caldereta de cordero y paella valenciana a la leña, es el menú del fin de semana de fiestas, conjuntamente con otros manjares locales.

Ójala la historia nos muestre más experiencias donde como a lo largo de la vida de un pueblo, sus habitantes saben poner una vía paralela a lo que la administración no puede, de forma que se generen dentro de ese maravilloso tejido asociativo un montón de iniciativas rurales en torno a un interés común ,poniendo el foco claro, y sepamos darle una solución con el compromiso de todos los vecinos.

Creo que es fundamental tener esa idea clara, si todos tuviéramos la oportunidad de fijar un objetivo claro en nuestros pueblos, tendríamos aún la oportunidad de no esperar a ser un pueblo de fin de semana. A veces la unión de la sociedad civil hace mucho para indicar al resto de los estamentos por donde van nuestros intereses. En La Puebla fueron los jóvenes ese objetivo común, pero ahora ¿qué es lo que necesita Cuenca? Démosle una pensada, porque el tiempo que pasa no vuelve. Sin más me despido camino de mi Puebla de Almenara querida.

 

 

Enrique Escandón

La Educación a debate

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