La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Esperando sin remedio


Los dedos acarician suavemente el teclado del ordenador, esperando sin remedio (gran canción de mis admirados Crosby, Stills &Nash) a que las neuronas les den la orden de comenzar a desgranar ideas y sensaciones.
Advierten mis manos que aún no ha pasado del todo la resaca melancólico-otoñal de la semana pasada, y auguran que a lo largo del otoño vendrá alguna que otra más, a modo de borrasca, huracán o tornado caótico que causará algún destrozo en la ya dañada estructura cerebral de quien suscribe estas torpes líneas.

Miro la pantalla con desgana, distraído, demandándole una solución, una idea que no llega. Esfuerzo en vano, porque me consta que por muy avanzados que sean los aparatos, no están concebidos para solucionar nada sino que, en la mayoría de los casos, lo único que crean son problemas.

Desisto de preguntar y centro la atención en las noticias, en la más rabiosa actualidad y llego a la conclusión de que tampoco es la solución a mi problema porque no sabría por dónde empezar a opinar. Si lo hago por la economía, me deprimo. Si comienzo por la guerra de Ucrania me entristezco; si miro a las propuestas del gobierno se me saltan las lágrimas. ¡Ya me dirán ustedes de qué puedo escribir, conforme está el panorama! Dudo si es mejor quedarse en la cama y dejar que nos arrastre la corriente o poner pie en pared y hacer frente a la que se nos viene encima. Gran dilema.

Mientras pienso sobre lo que voy a tratar en la siguiente columna, escucho a lo lejos las discusiones de los ministros y ministras que andan a la greña con sus constantes contradicciones. ¡Joder, cómo quieren que se ponga de acuerdo todo un país si no son capaces de hacerlo ellos dentro de un gobierno! Pues eso, que uno no sabe a qué atenerse ni que decisión tomar porque por cualquier camino que escojamos seguro que vamos derechos al precipicio y tampoco es plan saber de antemano el destino que nos aguarda.

Total, que no sabiendo si dirigirme a la derecha o a la izquierda, opto por lo sencillo (que no quiere decir que sea lo sensato), y decido tirar por el camino de en medio, convencido de que al final, como en el refrán, todos los caminos conducen a Roma y en la seguridad de que por más que nos prometan el paraíso los ilustres políticos que nos desgobiernan, no debemos dejar de pensar que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.

De momento, y mientras se me van ocurriendo algunos temas para posteriores entregas semanales, acabo de decidir que necesito un descanso; aislarme totalmente de la realidad y desaparecer (como suele hacer mi amigo el búho), con el único objetivo de calmar el ánimo, retomar fuerzas, llenar el depósito de la ilusión y regresar con optimismo para afrontar el largo y frío invierno que se nos viene encima y del que tanto nos hablan nuestros dirigentes, poniéndonos la venda antes de que nos hagamos la herida.

Prometo volver la semana que viene, si ustedes me lo permiten, y contarles que tal me ha ido en mi retiro de soledad y aislamiento voluntario. A partir de este momento, no estoy para nada ni para nadie. Lean el cartel que exhibo en mi puerta: CERRADO POR RECONSTRUCCIÓN. DISCULPEN LAS MOLESTIAS.

 

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  • Consejo editorial: Francisco Javier Pulido, Carlota Méndez, José Manuel Salas, Daniel Pérez Osma, Paloma García, Justo Carrasco, Francisco Javier Doménech, José Luis Muñoz, José Fernando Peñalver.

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