La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Falsas reinas


Según Roseta Forner, todo apunta a que las mujeres se dividen, en virtud de su comportamiento social, y en especial de sus relaciones con los hombres, en reinas y en damiselas de diadema floja. Lejos de ir en contra de esa clasificación, muy básica por otra parte, sin embargo no estoy de acuerdo con ella.

Vaya por delante que su libro, La reina que dio calabazas al caballero de la armadura oxidada, no solo me gusta, sino que incluso tiempo atrás lo regalé en diversas ocasiones, al margen de ayudarme a acordar algo conmigo mismo: que nunca vuelva a prestar un libro. Y si me resulta especialmente atractivo el libro en cuestión, no es exclusivamente por el hecho de que sea ameno, sino porque lo que Forner cuenta de las mujeres es perfectamente trasvasarble al mundo de los hombres, al ser humano en general.

Sin perder de vista esa clasificación, y tomando como modelo el referente de Forner, diré que me chiflan las reinas de cuna, las reinas con clase, las reinas con categoría, las reinas que lo son a ojos de los demás. Detesto y desprecio —pido perdón a las afectadas—, sin embargo, a las que sin serlo necesitan, como respirar, ir de reinas, a las que se visten con hábitos propios de soberanas, siendo sin embargo indiscutibles damiselas de diadema floja, dependiendo siempre de con quien están, así como a las que solo es supuestamente posible reconocer su reinado, o ver como aparentemente su corona brilla, si se toma como referencia que son ellas las que se encargan de proclamar ambas condiciones a diestro y siniestro.

Una reina humilde, sencilla, generosa, buena, cercana al pueblo sin excepción, suele ser un ser adorable. Una falsa reina que sonríe por doquier para captar adeptos a su personal y particular causa, que tergiversa la realidad para caer bien, que consciente de su mediocridad solamente busca sobresalir manipulando, por encima de los demás, a golpe batiente de mandíbula, que se considera cínicamente guardiana y poseedora de los principios morales más sólidos de la sociedad, que hace de la mentira, la hipocresía y el cinismo sus más destacadas señas de identidad o que encuentra en el viejo vicio de la alcahuetería la principal distracción para sus ratos de ocio, es un pobre ser que en su interior sabe que jamás llegará a alcanzar, a golde de sonrisa y favor, lo que de cuna nunca jamás le llegó.

Dice Roseta Forner que, detrás de toda reina, hay una historia de corazón inocente y corona desconocida, un sueño de búsqueda eterna por cuya consecución es capaz hasta de empeñar la corona y enfrentarse a los demonios más oscuros, una historia confesable de amor perdido, traicionado, hallado, soñado, sentido, ignorado y aprendido.

Y digo yo que detrás de las falsas reinas, de esas que, sin serlo ni tener posibilidad nunca de alcanzar tal reconocimiento, van de soberanas toda su vida, suele habitar un ser con un especial rasgo de identidad que les hace ser malos bichos, diabólicas personas, seres abominables. Y todo ello al margen de estar, desde el mismo momento de su nacimiento, condenadas a permanecer relegadas de por vida a un escalafón muy inferior a de aquellas que lucen diademas fulgurantes. 

Pero, si dice la cultura popular que a cada cerdo le llega su San Martín, a cada falsa reina un día le llega esa guillotina implacable que, posiblemente unos minutos antes de separar su cabeza del resto del cuerpo, les hace reflexionar y caer en la cuenta de la crueldad que sembraron a su alrededor, con el lógico alborozo de quienes ven que por fin llega a su final un falso reinado que jamás debió haber comenzado… ni tan siquiera en sus mentes putrefactas y débiles.


Fernando J. Cabañas Alamán

Olcadeando

La Opinión de Fernando J. Cabañas Alamán

Quienes somos:

  • Dirección y coordinación Alicia García Alhambra
  • Redes Sociales y Contenido Audiovisual: José Manuel Salas
  • Colaboradores: Pepe Monreal, Jesús Neira, Enrique Escandón, Martín Muelas, Fernando J. Cabañas, Cayetano Solana, Manuel Amores, Fabián Beltrán, Antonio Gómez, Julián Recuenco, María Lago, Carmen María Dimas, Amparo Ruiz Luján, Alejandro Pernías Ábalos, Javier López Salmerón, Cristina Guijarro, Ángel Huélamo, Javier Rupérez Rubio, Silvia Valmaña, María Jesús Cañamares, Juan Carlos Álvarez, Grisele Parera, José María Rodríguez, Miguel Antonio Olivares, Vicente Pérez Hontecillas.
  • Consejo editorial: Francisco Javier Pulido, Carlota Méndez, José Manuel Salas, Daniel Pérez Osma, Paloma García, Justo Carrasco, Francisco Javier Doménech, José Luis Muñoz, José Fernando Peñalver.

Síguenos: