La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Fomento de la población rural


Si trazamos una línea desde Tarancón hasta Minglanilla, habremos partido la provincia en dos mitades aproximadamente, aunque, una de ellas, la del norte, es algo mayor en extensión, pues se compone de dos grandes comarcas geográficas: la Alcarria y la Serranía.  Aquí sucede lo contrario que es regla casi general en todo el mundo: la mitad Sur es más rica y está llena de oportunidades, mientras que el norte, exceptuando la capital de la provincia, se compone de pequeños pueblos casi sin población. Si algunos de ellos gozaron de un pasado esplendoroso con el título incluso de ciudades, como Huete, Priego y Cañete, hoy no son ni sombra de lo que fueron.

Si observamos bien el mapa, comprobaremos que el sur de la provincia está bien comunicado por autovía, hay varias que transcurren por el territorio o cerca de él. Mientras que en el norte sólo existe el tramo que une Tarancón con la ciudad de Cuenca. Como el camino a ninguna parte, allí termina y, para abandonar la ciudad por autovía, hay que volver por donde se ha venido. Muchas veces, sobre todo en periodo electoral, se promete la autovía con Teruel, el enlace con la A-3 camino de Levante y la de la Alcarria, sin que hasta ahora hayan pasado de ser meros titulares electorales. ¡Cómo si fuéramos tontos!

La ciudad de Cuenca se ha beneficiado de una población que ha llegado de los pueblos al centralizar en ella la mayoría de los servicios. De ella parten diariamente sanitarios, profesores, fuerzas del orden, trabajadores agrícolas, forestales (con el agravante de que, con la creación de la empresa pública, desparecieron las cooperativas, cuyos trabajadores sí tenían su residencia en los pueblos). Los ganaderos, porque así lo exige el trabajo, son los únicos que se ven obligados a vivir cerca de las explotaciones.

Como se ve, la falta de voluntad política ha contribuido a la decadencia de los lugares. No se ha cuidado a una población que sí estaba dispuesta a continuar con su actividad, produciendo y pagando impuestos. Sólo había que dejarlos con sus prácticas ancestrales, cuidando del medio, como se ha hecho siempre. 

Una sociedad que deja que se desmantele una línea ferroviaria que, por falta de mantenimiento, ha quedado obsoleta y crea que es bueno para esta parte de la provincia que se queda poco a poco sin oportunidades de progreso, probablemente sea lo que se merece. 

No se hacen políticas eficaces, pues sólo se piensa en los resultados electorales, y los planes, para que sean eficaces, han de ser a largo plazo. Las nuevas tecnologías van llegando con cuentagotas, de tal forma que cuando nos disponemos a disfrutarlas, ya hay otras que nos dejan obsoletos una y otra vez. En muchas comarcas no se escucha ni la radio. Menos aún llamar por teléfono o acceder a Internet. Sólo llegan unos cuantos canales de TV.

Dice un amigo mío que, con la crisis energética, sería el momento de reivindicar el botijo. Que los alfareros dejaran de hacer botijos rotos con fines decorativos. Hecha la cuenta y a dos por vivienda, uno fresco para el verano y otro bañado para el invierno, le salen unos cuantos. También planea proponer que los pantalones no se hagan rotos, para ahorrar en calefacción. Dice mi amigo (yo creo que con sorna) que la política de más altura de los últimos tiempos fue un día que las autoridades locales, provinciales y regionales se juntaron a merendar en el Puente de San Pablo. Luego suelta una carcajada y dice que es lo mejor desde que a otro edil se le ocurrió empaquetar las Casas Colgadas. 

Falta, por ser tema de actualidad, lo del Toro Verde, otra ocurrencia electoral que yo califico de irrespetuosa (porque no me gusta faltar al respeto) con nuestra ganadería extensiva y con el toro de lidia, verdaderos garantes de la conservación de ecosistemas como la dehesa y montes en general, como son los que conforman la orografía serrana.

Con este título “Fomento de la Población Rural” nuestro ilustre paisano, D. Fermín Caballero publicó un tratado en el año 1864. Naturalmente, las circunstancias han cambiado mucho y las hipótesis de D. Fermín hoy no parecen tener mucho sentido. Aunque, si lo pensamos bien, antes de nada, como bien dice nuestro ilustre paisano, hay que saber qué es población rural. Que no confundamos el termino y acabemos llamando rural a todo lo que se mueve por el campo. 

Choca un poco escuchar, en un mundo con más de ocho mil millones de habitantes, hablar de despoblación. Creo que sería más preciso hablar del desigual reparto de la población, pues, mientras en unos sitios se las ven y se las desean para poder andar por las calles sin pisarse, en otros lugares, puede uno no ver a nadie en todo el día, lo cual a veces no está mal. 

En los tiempos de D. Fermín esta tierra estaba en un proceso histórico muy interesante; la Mesta dejó de existir y, con ella, también se acabaron sus privilegios; hubo en poco tiempo dos importantes desamortizaciones, lo cual, al menos en teoría, puso en cultivo muchas tierras que hasta ese momento estaban en lo que ellos llamaban manos muertas. En España no hubo jamás una reforma agraria. Ahora, en nuestros tiempos, estamos perdidos, sin un modelo agrario productivo (como dice muy bien mi amigo y compañero José M. Fresneda) y sí un modelo medioambientalista en manos de gentes fanatizadas que no saben nada de campo.  


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