La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Hay que valorar las oportunidades en todos los aspectos


Poco después del episodio de dignidad ante mi amigo Fernando Espinosa en Venezuela que los lectores del último artículo recordarán, fui destinado cerca de Río de Janeiro y después a Fontainebleau, cerca de París, para terminar en la ciudad de Balikpapan en la isla de Borneo (Indonesia) donde residí otro año.

Seguro que muchos lectores piensan que tuve mucha suerte pudiendo residir en cuatro países entre los 24 y los 28 años. Y razón no les falta. Fue una época de mi vida irrepetible. Durante mi estancia en Venezuela me casé y Beatriz, mi mujer -española-, estuvo conmigo en todos esos lugares. Fue un lujo poder conocer esos países y culturas, aprender sus idiomas y formas de vivir antes de cumplir los 29 años. Una suerte. Me hubiera gustado haber pasado un poco más de tiempo en cada sitio, pero así era el trabajo. Y podía haber seguido. Veamos.

Durante una corta estancia en Fontainebleau en 1981 conocí la existencia de una escuela de administración de empresas que habían fundado en 1957 (año del Tratado de Roma), entre otros, los tres grandes europeístas George Doriot, Claude Janssen y Olivier Giscard d’Estaing (hermano del poco hispanófilo presidente francés Valery) con la ayuda de la Cámara de Comercio de París. La llamaron INSEAD y se instaló los dos primeros años, con apoyo del Estado francés, en unas salas del palacio del Rey Francisco I (el mecenas de Leonardo da Vinci y también enemigo íntimo de nuestro Carlos I). Cuando conocí la escuela tuve claro que, si podía, un día volvería para formarme en esa Institución.

INSEAD se crea para emular a la Harvard Business School de Boston. Se exigía hablar inglés y francés o alemán para entrar y el objetivo era ser la escuela de negocios de referencia en Europa. Y lo consiguió (para los interesados visitar www.insead.edu).

Cuando mi empresa me envió a Borneo, era debido a que debía estar haciendo un buen trabajo y me daban mayores responsabilidades. El sitio donde vivíamos era muy cerrado, ya que en aquel entonces Borneo era prácticamente una selva completa de norte a sur y de este a oeste impresionante. Yo iba a visitar casi a diario las actividades en el campo de petróleo de Handil que está en el delta del río Mahakan, en plena selva y con el mar al fondo. Iba en helicóptero por encima de la selva o por la costa, aterrizaba, me recogían en una lancha fuera borda para visitar instalaciones en los distintos brazos del delta (cubre unos 100 km de anchura en la costa). Una preciosidad.

Además, en este marco, me pagaban. Y muy bien, por cierto.

Ya habían pasado 3 años desde mi contacto con INSEAD y mi idea de “quiero hacer esto si puedo”. Así que entre unas cosas y otras decidimos pedir la admisión en INSEAD. Al cabo de los meses, recibí la carta (sí, sí una carta; que antes se hacía así) admitiéndome para estudiar el MBA allí.

Nuestra decisión era clara: dejamos el trabajo y Beatriz retoma los estudios de Historia del Arte que había dejado cuando nos casamos, yo hago el MBA y después Dios dirá.

Fácil, ¿verdad? Pues no.

Presenté mi dimisión en septiembre. La empresa reaccionó proponiéndome un ascenso profesional muy importante en responsabilidades y en remuneración como director de las actividades en Colombia. Nunca nos habíamos planteado esta reacción y nos cogió por sorpresa. Unos años más y podríamos tener una base económica sólida para después volver a España. Éramos muy jóvenes (28 y 24) y podíamos hacerlo. Así que “raca-raca-raca” en la cabeza.

Me habían enseñado en la empresa que cuando en una actividad en un pozo de petróleo tienes el problema de que por dentro del tubo se caiga alguna herramienta y tengas que parar la exploración o la producción para “pescar” lo caído, lo primero que hay que hacer es servirse un té (valga café, zumo o lo que guste cada uno), tranquilizarse y pensar. Y eso hicimos.

Lo que en principio parecía claro era que debíamos seguir y ver más tarde. Pero con nuestro té y tranquilos empezamos a valorar lo que inicialmente no era tan obvio.

¿Qué pasa con los estudios de Beatriz? ¿Los continuará si estamos 4 o 5 años más fuera?
¿Qué pasa con mi admisión en INSEAD? No la guardan y era muy difícil ser admitido. ¿Me admitirán dentro de 4 o 5 años?
¿Y si después de los 4 o 5 años nos ofrecen otra cosa y nos desligamos totalmente de nuestras familias y amigos?
Pero si decimos que no, económicamente tendremos que empezar de casi de cero porque el coste de la matrícula y el año de vida en Fontainebleau es altísimo, contra “tener más fácil la vida” si continuamos.
¿Estamos dispuestos a vivir uno en Madrid y el otro en Fontainebleau (1.450 km de distancia, sin internet ni WhatsApp ni móviles…) durante un año?

Seguro que el lector habrá adivinado que nuestra decisión fue valorar todo y primar las cosas cualitativas versus las cuantitativas. No fue fácil. Nuestros padres, muy respetuosos, pero nos dejaban caer que siguiéramos unos años para asegurar nuestro futuro.

Beatriz volvió a la universidad, y cambió Historia del Arte por el Derecho (se graduó el mismo curso que el Rey Felipe VI en la Autónoma de Madrid). Yo hice el MBA de Insead. Dimos la entrada de un piso, y nos quedamos sin ahorros. Después hemos vivido dignamente.

Valoramos todos los aspectos. Hágalo el lector siempre que pueda.

El proceso correcto para la decisión correcta.


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