La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Macrogranjas


Con el tema de las macrogranjas, más que mi opinión, que se colará inevitablemente, quiero hacer un ejercicio de búsqueda de ese santo grial que es la ecuanimidad en el juicio.

Lo primero es el reconocimiento para una industria, la cárnica, fundamental en España en general, y en Cuenca de modo muy particular.

Economía, empleos, exportaciones, soporte del buen vivir y calidad de vida que está en la alimentación y la gastronomía. No se hace necesario abundar en lo evidente. Y no, no es este el momento y lugar para opinar sobre el consumo de carne.

Ganadería extensiva versus intensiva, esta sería la cuestión. Entiendo que por el volumen de producción de nuestra industria cárnica no es viable un modelo de ganadería extensiva puro. Parece idóneo sin embargo poner medios, energía y determinación en fomentarla y protegerla.

Seguridad y salud humana y medioambiental es también el tema. La de las macrogranjas será una actividad inevitable, pero no es precisamente una industria limpia. Los riesgos medioambientales que comporta son tan incuestionables como que se han hecho realidad en más de una ocasión en forma, por ejemplo, de contaminación de acuíferos.

La normativa para la instalación de este tipo de industria debe ser tan restrictiva como graves son los riesgos que comporta. Por ejemplo, dos kilómetros de distancia al núcleo urbano, a mí se me hace poco.

Por otra parte, en el equilibrio está la virtud. Ni declarar Cuenca territorio libre de macrogranjas ni, por el contrario, llenarla de ellas. Y para encauzar eventuales desarrollos hipertrofiados, no estaría mal contar con un umbral máximo de gorrinos por Km2 en instalaciones industriales, así como atender y escuchar la voz de los vecinos afectados.

Y para terminar en la búsqueda de la ecuanimidad, vayamos a los datos oficiales, que son los del INE en este caso. Y es así que la evolución poblacional en municipios con y sin este tipo de ganadería, la industrial no solo no frena la despoblación, sino que, al compararlos con los que se dedican a otros sectores (ganadería extensiva, turismo sostenible y transformación artesanal), los primeros pierden más población que los segundos.

Y Cuenca como ejemplo. Es Garaballa el municipio con mayor censo porcino de la provincia al explotar una media de 55.000 cerdos, habiendo perdido el 51% de su población entre 2001 y 2017.

 

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