La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

La ausencia de ganadería extensiva mata, el cambio climático... no me consta


No me han sorprendido las recientes declaraciones del Sr. Presidente del Gobierno y de su Ministro Marlasca en las que coinciden en calificar los incendios de este verano en Extremadura, como fruto del cambio climático. Otra cosa es lo que opina el representante de su partido en las Cortes de Castilla y León, donde el cambio climático se sustituye curiosamente por nombre propio. ¿Será que el cambio climático no afecta a la meseta norte? La señora Ministra de transición ecológica declaró la emergencia climática en el 2020, analizaremos aquellas medidas en próximas publicaciones; sus resultados a la vista están. Ya en el incendio de Navalacruz, Ávila, del año 2021 el Presidente atribuyó las causas del mismo al cambio climático, como elemento recurrente para justificar lo injustificable. El incendio de Navalacruz de 2021 que arrasó más de 22.000 hectáreas fue debido al incendio de un turismo que se encontraba circulando por la carretera N-502, de la que es titular la administración del estado, a cuyo frente se encuentra el señor Presidente del Gobierno. El vehículo que se incendió en aquel momento circulaba en dirección Ávila subiendo una prolongada cuesta cuando comenzó a arder y el conductor, siguiendo la lógica y el buen hacer, acercó el vehículo al lado derecho del arcén para evitar accidentes en la vía. Las llamas del vehículo comenzaron a levantar algo de altura y el viento dominante de procedencia W, oeste, enviaba éstas hacia la derecha del vehículo en un tramo de carretera con dirección norte. Nadie, y digo nadie, ha comentado en algún momento en qué situación se encontraba la cuneta de esta vía. Si buscamos imágenes de los primeros minutos del siniestro, se puede comprobar que la carretera cuenta con una amplia cuneta y un terraplén que separa en varios metros la vía, del monte de pasto y matorral. Sin embargo en esas imágenes podemos ver claramente que el pasto de la cuneta NO ESTABA SEGADO. Aparentaba haberse realizado una anterior siega, pero supuestamente las lluvias del fin de la primavera habían conseguido que el pasto volviera a crecer en esta cuneta. La Ley de Incendios Forestales de 1968 profundizaba mucho más en los requerimientos frente a las condiciones de las infraestructuras que, curiosamente, las normas actuales. Sin embargo muchos desconocen que el reglamento de 1973 de la citada Ley aún está en vigor siempre que “no se oponga a la Ley de Montes” actual, Ley de la que tuve el privilegio y honor de ser el ponente de su última reforma en la Cámara Alta de las Cortes Generales. Pues bien, el citado reglamento marca en su artículo 25 que las cunetas y zonas de servidumbre de los caminos y carreteras que crucen zonas forestales se mantendrán limpias en la anchura mínima de dos metros, cosa que en la cuneta de la cual partió el incendio citado no se cumplía. A la vista de lo anterior solo me quedaría sospechar que el modelo del vehículo que sirvió como fuente de calor para el inicio de este incendio, supuestamente puenteado por una cuneta SUCIA en una carretera de titularidad Nacional de la competencia del Presidente del Gobierno como gestor de la administración del estado, fuera de la marca “cambio climático”, otro escenario en ese incendio no cabe. 

Curioso detalle de posible inicio aunque nada coincidente con el resto de los incendios que asolan nuestra geografía peninsular. Tormentas; labores con maquinaria; imprudencias graves y un finalmente 20% de incendios intencionados son las causas de la ignición de los mismos. Debiéramos hablar correctamente como incendios rurales más que forestales, pues es la naturaleza actual de los mismos. Grandes superficies forestales, pero también inmensas manchas de suelo agrícola y de otros usos, mas la afección a las infraestructuras urbanas que cada día aumentan en superficie. 

Quienes bien me conocen saben que desde hace dos decenios he impartido cientos de ponencias o conferencias sobre medio ambiente, forestal y medio rural por toda la geografía nacional, y que en la parte álgida de las mismas siempre advertí que la desaparición de la ganadería extensiva traería llanto, desolación y muerte al medio rural. He sido siempre muy catastrofista con mis predicciones sobre este particular, pero me ha servido de poco ya que hemos llegado donde siempre advertí pero nunca imaginé que fuera tan pronto. La ausencia de ganadería extensiva mata, el cambio climático NO ME CONSTA que lo haga, en todo caso sería un elemento del triángulo del fuego: calor, oxígeno y combustible, llevándose el todo este último pues dada su abundancia, nunca antes vista, donde hay calor pero no hay combustible el incendio no existe. También mis predicciones fueron advertidas en las diferentes tribunas de las Cortes Generales, en especial en varios plenos donde he intervenido en defensa del medio rural. Siempre me he basado en la máxima de que,  siglos atrás, no existían los helicópteros de transporte de efectivos de extinción que nacieron mucho antes que como medio de descarga. Quien hubiera tenido un helicóptero de transporte en primer incendio en 1984, tres días después de mi acceso con 19 años como funcionario en el prestigioso e incomparable ICONA; desde donde aparcamos el vehículo hasta el flanco derecho en la ladera sur del Moncayo soriano tardamos dos horas a pie. Tampoco teníamos siglos atrás maquinaria pues no se habían inventado los camiones de extinción, los hidroaviones, no existían los retenes, ni los batefuegos, o las mochilas de extinción. ¿Y por qué han llegado hasta el siglo XIX los bosques tal y como los conocemos?  Y digo precisamente ese siglo porque fue el germen del servicio forestal:  la creación del cuerpo de ingenieros y de guardería forestal ante las barrabasadas de ciertos políticos en las dos desamortizaciones. Pues bien, el control de los incendios estaba a cargo de la inmensa cabaña ganadera de nuestro país. Sin más.

Habrá alguno a quien le tiente decir que el cambio climático ENTONCES no existía. Hablen con los geólogos por favor, 5.500 millones de años llevamos en cambio climático, si bien este es quizá uno se los peores en la historia de la civilización humana. Cambio brutal negado en sus acciones por quienes nos martirizan todos los días con la misma palabra. Y es que ocultar la brutalidad de su  intensidad, y olvidarse del medio rural o del almacenamiento de agua en pantanos tanto para abastecimiento o para la carga de nuestros equipos aéreos de lo que no quieren ni hablar; o produciendo de nuestro subsuelo energía nacional hoy prohibida por sus leyes y políticas radicales, es lo mismo que negarlo como hace cada día una parte de la clase política dirigente de este país. Y lo repito, SON UNOS NEGACIONISTAS.

La existencia de la ganadería extensiva hace las funciones de siega de la carga herbácea del medio que impide el escalonamiento superior en el avance de los incendios a las copas. La ganadería extensiva hizo durante toda la historia de nuestra civilización impensable que un incendio se acercara a los muros de las poblaciones pues precisamente los alrededores de los pueblos eran las zonas más castigadas por los dientes del ganado y donde precisamente se instalaban las eras donde alventar el grano por su limpieza y compactación (más de 3´5 kgs/cm2 por la pezuña del ganado bobino). No hay gestión forestal eficaz y de futuro si no hay ganado que afiance el pasto creciente por la disminución de la densidad tras el tratamiento, o el control de los resalvos no queridos tras del brote después de la roza. Ya ven que eso de que los incendios se apagan en invierno es otra palabra recurrente, insulsa, fruto del desconocimiento y fuera de la realidad. 

Pues esta es la situación actual, aquí cada uno dice lo que le parece y quiere implementar soluciones para mañana, cuando el problema que hemos generado hasta hoy no es para tomar decisiones de futuro con el suelo “aun caliente”. Lo primero es tratar con profundidad el futuro de la ausente ganadería extensiva y plantearse que el oficio de ganadero extensivo debe ser “oficio necesario” en todo núcleo rural. No es un problema español ni tan siquiera europeo, es un problema de primer orden mundial pues la despoblación y la falta de ganadería extensiva es global y con las mismas consecuencias en el resto del mundo. Recordemos que los incendios rurales mundiales superan a las emisiones de un año de toda la UE en sus peores años. Sin embargo, a todo esto hay que añadirle lo de “aquellos señores del puro” que tan bien dice conocer el Sr Sánchez y que pretenden que comamos carne sintética; lo que denota que no son muy amigos de todo tipo de ganadería. Sumemos a lo anterior que el lobo campa a sus anchas por el medio rural y por voluntad de la señora Ribera (desaparecida en combate cuando es la titular de la legislación básica de medio ambiente y montes en los peores años conocidos de los incendios en España) sin depredador que le controle, con lo que la ganadería extensiva tiene poco futuro a juicio de los ganaderos. La UE y el gobierno español deberán plantearse dotar a todo núcleo de población del oficio necesario de ganadero extensivo en la cantidad que proceda a su superficie. Claro que hay un detalle básico que impide que lo aquí relatado prospere: si quienes tienen que poner remedio a lo que está ocurriendo no identifican el problema, difícilmente podemos poner la solución. Así que nos quedaremos con que el cambio climático es el causante……y venga otra reunión para dar gusto al independentismo que creen estos señores y señoras es lo que quiere la sociedad. 

 

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