La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

La democratización del consumismo


La escena cotidiana se repite en cualquier rincón de la provincia. Furgonetas de reparto recorren nuestras calles en busca de los destinatarios de millones de paquetes. Y si no hay nadie en casa, el repartidor ya sabe que puede dejar el paquete al del bar, o al abuelo, o al vecino. Algunos directamente se acercan a preguntar si hoy traen algo a su nombre porque el obstinado mensajero ya tiene a la población clasificada por nombre, cara y casa.

No entra dentro del ámbito de esta columna profundizar en la dicotomía entre comercio global y comercio de proximidad, así como tampoco el análisis de las compañías de paquetería, entre las que destaca Correos por tratarse de una empresa pública que, en pleno auge del reparto a domicilio, presenta balances con pérdidas y reduce su plantilla para protesta de los trabajadores de la casa en la provincia.

Jamás en la historia, gracias a la combinación de comercio electrónico e infraestructuras de comunicación, habían estado las zonas rurales y urbanas tan en igualdad de condiciones para acceder a cualquier producto del mundo y en cualquier momento, desde marisco gallego hasta una pieza rota de la lavadora. Un día encontré repuesto para las almohadillas del casco de montar en bici en un taller de Reus con venta online. La democratización absoluta del consumismo.

Y no todo es Amazon o AliExpress. De hecho, hay rutas de sentido inverso, que van del pueblo a la ciudad. El martes pasado me tuve que acercar a Madrid a una reunión. Al aparcar cerca de Atocha, mientras sacaba el tiquet del parquímetro, vi que dos trabajadores descargaban una puerta -que debía ser bastante pesada- de un furgón. Con fe en la identidad conquense, busqué el rótulo del vehículo: Valera de Abajo. No podía ser de otra manera, la cuna de las carpinterías, por algo es uno de los pueblos con más número de empresas industriales respecto a su población de toda España.

A menor escala hay otros negocios de la provincia que están triunfando en venta online, como Mi Canesú, una tienda de moda infantil nacida al alimón entre Belmonte y Badajoz y que factura cerca de dos millones de euros anuales. O la consagrada Setas Meli, de Casasimarro, que se ha introducido en la venta online de kits de autocultivo de champiñón de la mano de Leroy Merlin. O, por nombrar un tercer caso, el taller de juguetes artesanos con venta online Carpintoys, lanzado hace pocos meses desde Tragacete. Por no hablar de grandes clásicos conquenses como el vino, el queso o el aceite.

En nuestro mundo globalizado, más allá del profundo análisis que conllevaría su valoración de beneficios y perjuicios, resulta evidente que el juego del comercio electrónico también disfruta de normas globales, se habite en Pajaroncillo o en Dortmund. Así, igual que disponemos de una oferta ilimitada de productos al alcance de un click, también tenemos un escaparate mundial en el que exponer y vender productos conquenses con calidad diferenciada. En definitiva, tenemos el deber moral de, al menos, no ser pesimistas y de modular nuestro idiosincrásico realismo conquense para aprovechar las oportunidades que brinda la globalización.

Cayetano J. Solana

Mundanal Ruido

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