La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

La lógica del dedo


En el artículo anterior, bajo el título “El dedo divino”, decíamos “Dejo para ulteriores artículos el análisis de las causas y motivos de este incuestionable estado de marginación de Cuenca en su región.”

 Por eso esta nueva entrega se titula “La lógica del dedo”, porque intentaremos explicar las razones, la lógica inexorable que subyace en esa pauta, igualmente inmutable, según la cual el dedo divino de la administración autonómica nunca apunta a Cuenca cuando de otorgar proyectos e inversiones estratégicas se trata. 

Los ejemplos más recientes, recordemos, serían la decisión de cerrar el tren convencional en Cuenca mientras se invierte en Albacete, Toledo o Ciudad Real. También la sede del centro de datos (mil millones de euros de inversión) en Talavera.

Ya en los primates se manifiestan conductas grupales en las que unos individuos se unen en la estrategia común de someter o incluso expulsar a otros.

Es la lógica profunda de la lucha por la supervivencia que, inscrita también en el ADN humano, empuja ciegamente en la lucha por el territorio y los recursos. Un mandato atávico que ha sembrado de guerras la historia de homo sapiens.

Y en esto se creó la llamada comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, una unión “Frankenstein” de provincias obligadas a convivir en la estructura política de nuevo cuño que nació con nuestra Constitución. Territorios sin vínculo significativo más allá de la pertenencia a la nación española o la cercanía geográfica, tampoco con enfrentamientos o contenciosos, justo es decir.

Cinco provincias, también es cierto, con el nexo común de su pertenencia a la España interior, territorios predominantemente rurales y como tales, socioeconómicamente atrasados respecto a la media del país.

Y surgió la pulsión atávica, mucha la necesidad, pocos los recursos, la lucha por la supervivencia. Y tres provincias se juntaron frente a las otros dos, de las cuales una (Guadalajara) buscó el sustento en territorio más abundante en recursos (Madrid), y otra (Cuenca) quedó atrapada como sujeto subordinado.

Y como en las camadas, de nuevo el ADN, en las que el cachorro que menos empuje muestra se vuelve cada vez más débil por el mero ejercicio de recibir siempre menos en el reparto de los recursos (comida), así en cuarenta años de autonomía Cuenca muestra la debilidad de quien siempre sale perdedor en el reparto.

Y así, en la historia de esta Comunidad Autónoma, se ha mantenido el equilibrio entre las tres provincias que se han hecho fuertes con el paso de los años, una unión de interés precisamente por la necesidad de sometimiento de las otras dos.

Y no solo es que la comunidad autónoma recibe para cinco y reparte para tres, que ya es mucho, es que la situación de atraso de Cuenca permite a la región recibir más a través de los fondos europeos.

Y para terminar este círculo vicioso perfecto, el grupo fuerte se deshace de posibles competidores. Como ejemplo el asunto del tren, de triste actualidad. 

Dos son las vías por las que se comunica Madrid con el Levante por ferrocarril. Una pasa por Albacete, el trayecto más largo, otra por Cuenca, que es el mas corto. Como el dedo divino apuntó a Albacete, y es allí donde se modernizó y electrificó la vía, es esa la provincia que disfruta en régimen de monopolio del beneficio económico de transporte de mercancías y el negocio logístico.

Una solución para este problema, aparentemente insoluble, en el próximo capítulo.

 

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