La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Ortega acierta de nuevo


La actualidad pone muy fácil el chiste:

Una semana nos invade una nube de polvo sahariano y, a la siguiente, el Presidente del Gobierno da un giro unilateral a la política diplomática de España sobre el antiguo Sáhara español.

Al final sí fue tóxico el polvo…

El Presidente ha quedado como los coches que aquellas noches durmieron en la calle y la calima le ha debido de vestir con un velo de polvo que aún no se ha sacudido. Tenga cuidado, Presidente, que, si ese polvo no se quita rápido, puede dañar la pintura…

Lamentablemente, vemos día tras día cómo la carrocería del coche patrio tiene unos rayajos que no merece. Cuando el Presidente del Gobierno actúa como si el resto del país no se percatara de que un día dijo una cosa y al siguiente su contraria, es que está muy cegado en su visión y, con toda seguridad, no es por la calima.

Ni propios ni extraños dudan ya de que la política contradictoria de este Gobierno malherido daña la credibilidad internacional de España, constantemente mutilada por gestos descoordinados, pataleos infantiles y constantes llamadas de atención. La actuación de los políticos que representan a la Nación sólo denota una exageración pueril que busca paliar la insignificancia a la que ellos nos han conducido. Una insignificancia inmerecida para nuestro país y que hoy se acrecienta como consecuencia de una debilidad sistémica que resulta particularmente atribuible a don Pedro (Antonio para sus colegas) Sánchez Pérez-Castejón.

Hemos sucumbido a una crisis de credibilidad de unas instituciones denostadas por quienes ahora las gestionan. Ellos, ellas y elles aprovecharon la desafección de los ciudadanos para acceder donde están y, desde su ascenso –si no desde antes-, socavan día tras día los esfuerzos que usted realiza para mantener a flote la Nación.

La palabra ruina se escucha cada vez de bocas más dispares; de aquellos que no se mueven por más ideología que la de su trabajo diario: El transporte no puede más con el precio del carburante (y no olvidemos que el crudo ha estado bastante más caro que ahora con el precio final de los combustibles –en esos momentos- considerablemente más bajo que el actual), la España vacía llena Madrid para reclamar lo que le corresponde, los autónomos se ahogan, y un eterno etcétera.

Es indefendible esta política de huida hacia adelante en la que se dilapidan fondos públicos sin ningún rubor en subvenciones que pueden calificarse, sin exagerar, como inmorales con la actitud, siempre recurrente, de que ya vendrán otros para tomar las decisiones impopulares.

Hoy hay dinero para todo; para todo lo que elles deciden. Se entregan subvenciones sin pedirlas y se despilfarra sin pudor con la certeza de que pronto tendrán que cerrar el grifo. España no puede sufrir esto de nuevo. No merecemos que por la gestión de un Gobierno sin rumbo nuestros bolsillos acaben vacíos mientras lamentamos no haber podido hacer otra cosa.

Tenemos un Gobierno que se ha mostrado como especialista en generar problemas donde los ciudadanos ni si quiera nos los habíamos planteado. Experto en remover avisperos, que sólo busca que la realidad no le estropee un buen titular. Un Ejecutivo secuestrado por los localismos más perturbadores y que se ve incapaz de adaptarse a las necesidades reales de la economía y de quienes realmente les necesitan. Actúa desconectado de la realidad, y bien sabe usted que no hay peor ceguera que la del que no quiere ver.

La visión que le queda a cualquiera tras los múltiples frentes abiertos desde el inicio de la pandemia hasta nuestros días es la de la debilidad de un Gobierno ineficaz, que es incapaz de gestionar adecuadamente ninguna crisis y que, para escarnio público, intenta sacar pecho por sus pírricas victorias, a base de dejar la vergüenza a un lado.

Sin embargo, que no olviden a Ortega y Gasset cuando nos recuerda que nada de lo que el hombre ha sido, es o será, lo ha sido, lo es ni lo será de una vez para siempre, sino que ha llegado a serlo un buen día y otro buen día dejará de serlo

Y Ortega, de nuevo, acierta el tiro.

 

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