La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

¿Otro tren que se nos escapa?


Hace apenas tres o cuatro meses, en el curso de una conversación de carácter informal que mantuve con un político del partido del gobierno, uno de esos alcaldes que rigen cualquiera de estos pueblos, siempre pequeños y muy poco poblados, que rodea nuestra ciudad, me confesó todo lo que, según él, iba a cambiar durante los próximos años en estos pueblos de la provincia, también en nuestra propia ciudad, gracias a una supuesta política para favorecer a la España vaciada, que se iba a llevar a cabo desde el gobierno de la nación, pero que en realidad es una obligación que se nos viene impuesta desde Europa: “La instalación en nuestra ciudad de la Escuela de Estudios Penitenciarios es sólo el comienzo del cambio… En los próximos años va a llegar a Cuenca, y a otras provincias como Cuenca, una lluvia de millones de euros en diferentes inversiones… En los próximos años, no va a conocer a nuestra provincia ni…” y el edil terminó su información con una frase muy descriptiva, pero un tanto malsonante, que no considero elegante ni necesario repetir aquí. Confieso que, aunque yo suelo ser un poco incrédulo en este tipo de mensajes, que suelen repetir algunos políticos, sobre todo cuanto intentan comprarnos nuestro voto, por esta vez, un gesto de ilusión mal controlado me recorrió el rictus, y empecé a creerme un poco, quizá porque quería creérmelo, la historia que el regidor me contaba.

Sin embargo, la historia es tozuda, y el presente de olvido ha empezado ya a llamar, otra vez, a las puertas de nuestros pueblos olvidados. En efecto, curiosa forma es ésta de iniciar esa nueva realidad, cuando las últimas noticias que saltan a los medios de comunicación vuelven a presentarnos una situación de abandono y olvido de la provincia, dejando de nuevo a ésta, y a cada uno de nuestros pueblos, como una máquina de tren en la vía seca de una estación en la que ya no hay viajeros. Primero fue Unicaja, antes Liberbank, antes Banco CCM, antes Caja de Castilla la Mancha, antes Caja de Ahorros de Cuenca y Ciudad Real, antes Caja Provincial de Ahorros de Cuenca, la empresa más importante que desde los años cuarenta del siglo pasado había sido creada en nuestra provincia, impulsora además de otras empresas y de la economía conquense, y garante además de los ahorros de miles de familias, la que amenazaba con un nuevo ERTE, que iba a llevar consigo nuevos despidos, y el cierre forzoso, una vez más, de nuevas oficinas, también en la provincia de Cuenca. A la caja, nuestra caja, si que no la conoce ya ni…

Es cierto que los despidos de personal se han transformado en acuerdos “amistosos” con algunos trabajadores. Es cierto, también, que no hay nada que diferencie a Unicaja con el resto de los bancos, que la política de despidos y de cierre de oficinas bancarias es hoy común a todos ellos, y que todos siguen esa política de “hágaselo usted mismo” que es común a la sociedad actual. Lo que importa aquí, realmente, es que las oficinas de los bancos están desapareciendo de nuestros pueblos, y que la política de pequeñas agencias no es en realidad suficiente para dar un servicio bancario de calidad a estos pueblos que se siguen vaciando. Ya sucedió hace algunos años, cuando las primeras oficinas empezaron a cerrarse, y fueron sustituidas por unidades móviles que nunca llegaron a funcionar adecuadamente. Unas veces era que no llegaba la línea a los ordenadores, porque en algunos de nuestros pueblos tampoco funcionan bien, cuando existen, las redes de internet. Otras veces era que el banco tampoco tenía personal suficiente para dar ese servicio.

Pero la noticia, con ser desastrosa, no lo es tanto como ésta que ha saltado a los medios de comunicación en los últimos días del año pasado: la línea del ferrocarril Aranjuez-Cuenca-Valencia va a ser cerrada definitivamente, y su trazado se va a convertir en una vía verde. Una gran noticia, nos vienen a decir los políticos de turno, para el desarrollo ecológico de nuestros pueblos, tan asolados por la contaminación, causante del cambio climático; una gran noticia, decimos nosotros, para seguir ahondando, un poco más, en el secular abandono de nuestros pueblos. Nuestros pueblos se vacían año a año porque no somos capaces de darles los servicios necesarios, e incluso la capital es una de las pocas capitales de España, quizá la única, que pierde población, y a nuestros políticos lo único que se les ocurre para paliar el asunto, es quitarles el único medio de comunicación que todavía les queda. Una gran noticia, en efecto, si lo que queremos conseguir es que en nuestra provincia siga creciendo el número de lugares despoblados, y que nuestros jóvenes sigan sintiendo la necesidad de emigrar para poder optar a un futuro al que, ellos también, como los jóvenes de otros puntos de España, también tienen derecho. Así lo han visto infinidad de asociaciones, sindicatos, incluso partidos políticos como Teruel Existe, cuyo único voto en el congreso también había sido necesario para sacar la mayoría suficiente para gobernar el país.

Y lo peor de todo es que, además de que quieren quitarnos lo poco que tenemos, los políticos nos quieren hacer creer que eso es bueno para nosotros, “que nos quieran vender la moto”, como diría Sancho Panza a su señor, si él y su señor vivieran en estos tiempos difíciles que nos han tocado vivir. Es como si, después de robarnos, el ladrón intentara convencernos de que ha actuado así en nuestro único beneficio, que el dinero que nos ha robado sólo nos puede servir, si acaso, para comprar cosas materiales que en realidad nos van a hacer infelices. Dicen que van a convertir la vía negra y sucia por la que antes iba el tren, en una vía limpia y verde, por la que los conquenses podremos pasear libremente, montar en bicicleta, o hacer deporte, como si los conquenses no tuviéramos ya lugares suficientes donde correr, pasear o montar en bici. Dicen que la salida del tren va a evitar que los cielos de nuestra provincia se ensucien con la contaminación, como si la secular falta de industria, y de puestos de trabajo, a la que nos hemos visto obligados durante tanto tiempo, no haya dejado ya los cielos de Cuenca lo suficientemente limpios de polución. Dicen que la línea está obsoleta, pero ¿cómo no va a estar obsoleta, cuando lleva ya tantos años sin la más mínima inversión para mejorarla? Dicen, y eso es cierto, que el ferrocarril de Cuenca no es rentable, como si los servicios públicos tuvieran que buscar siempre la rentabilidad para seguir existiendo. Dicen, en fin, que los pueblos de Cuenca no van a quedar abandonados, que se va a habilitar un servicio de autobuses diario para los vecinos de esos pueblos que hoy se quedan sin ferrocarril. Pero el tiempo, que también es tozudo, como la historia, nos dirá en un futuro qué es lo que al final va a quedar realmente de ese gran servicio de autobuses que se nos promete. Experiencia suficiente hay para dudar que se eso sea así en muy pocos años: el cierre de las líneas de autobuses Ciudad Directo nos demuestra lo que duran, algunas veces, ciertas promesas de los políticos.

“Cuenca tiene la gran oportunidad de llevar a cabo una transformación urbana sin precedentes”. Aquello mismo se nos dijo ya hace muchos años, cuando se creó la vía del AVE, y todos conocemos ya en qué quedo aquella transformación urbanística, una apuesta de los políticos de turno para intentar convencernos de que el mejor lugar para instalar la nueva estación era ese en el que, finalmente, se instaló, a más de siete kilómetros del centro de la ciudad. ¿Qué intereses ocultos puede haber para que nos cierren un servicio que ya se nos dio tarde, en comparación con otros lugares de España, pero que ha venido acompañándonos desde 1895, en un caso, y desde 1947, en la otra dirección? No somos nosotros los que lo decimos, sino el propio Comité General de Empresa del grupo RENFE, que en uno de los párrafos del manifiesto redactado con el fin de oponerse al cierre de la línea y, sobre todo, para exigir la reapertura de la misma, como “motor económico determinante, que se le está negando a estos pueblos y ciudades de la llamada España vaciada”, como ellos mismos aseguran, se dice lo siguiente: “Con el plan presentado por el Ministerio de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana (MITMA), se pretende disfrazar la situación de deterioro y el cierre de la línea con supuestas medidas de ahorro y remodelación que enmascaran una política de disminución de servicios públicos y reordenamiento territorial, liberando terrenos para la construcción y la especulación, mediante un proyecto que disfraza sus verdaderas intenciones de propuestas urbanísticas, de vías verdes y de movilidad.”

Y mientras tanto, a los conquenses de hoy, como a los de siempre, sólo nos resta callar y, en todo caso, ejercer nuestro derecho a la “pataleta”. Pues ejerzámoslo. Y eso sí: soñar… recordar otros tiempos, no tan lejanos, en los que a la estación del ferrocarril de Cuenca llegaban todavía aquellas máquinas y aquellos vagones, plateados y escarlatas, de los TALGO (Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol), los mejores trenes españoles de la época, el único tren de nuestro país que llegó a formar parte del selecto grupo de trenes TEE (Trans Europ Express). Yo todavía lo recuerdo allí, parado en la estación, esperando su salida hacia una nueva estación, en los años setenta, cuando íbamos a recoger a mi tía, que venía desde Lérida, para pasar unos días con nosotros. Si se hubiera invertido lo necesario para mantener estos trenes, los más rápidos en aquellos años, la realidad de la provincia habría sido muy diferente a la actual: trenes más utilizados por los usuarios, y, por lo tanto, más rentables para la empresa, y también para la sociedad.


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