La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Parquímetros purindimensionales


Los resineros y otros venimos a Cuenca a hacer gestiones, que en la mayoría de los casos no duran ni unas horejas, a bancos, haciendas, y otros recaudalímetros, y no hay tu tía, o hechas al monedero del parquímetro guarrín o te multan “ascape”. La muchedumbre visita tiendas de Carretería, o reposta en las muchas terrazas fiscalizadas. Eso ocurre aquí, en Valladolid, Albacete o Madrid. Lugares que no ha mucho he visitado, y en los que no he visto ninguna tecla tan sucia, mugrienta, o tan caída en desgracia como las de nuestros guarrines o guarrindongos parquímetros. Los purines de hoy ya eran de ayer cuando se lo hice notar personalmente al mariscal del campo conquense hace años. Él, Mariscal, mandó un wasap a la empresa que él, ignorante, creía “responsable”, y pensó que lo iba a solucionar, y me lo mostró para mi satisfacción, pero en Cuenca las comunicaciones van lentas y no debió llegar el mensaje del cacharrín, pues los purines se siguen acumulando en las teclas de los armatostes guarrines, que tienen agujeros mas gordos que las patatas de los calcetines de las polainas del resinero. Quizá sea que los regidores de la ciudad pintan o invierten poco. Un fusfris de dos pavos y unas horejas semanales de un currito lo solucionarían, que ya sé que el ayuntado va pillado y no es bueno que haya que desfibrilarlo por el despilfarro en una limpieza de dos euros. En lo mas duro de la enésima ola de covid opté por ponerme guantes en alguna ocasión, y así sobre llevar el duro tramite de tocar los purines de letras y números de la infecta superficie resinosa y grasa. Otras, la esencia de trementina solucionó mis temores a una infección. Ahora dicen de la viruela del mono y estoy confuso, y como los coches oficiales no son para los que somos de pueblenin o aldea, no sé qué decir ni qué hacer ante tan cicatera jodienda, pero lo allego a los que por ignorancia o precaución no las tocan. ¿O es que los que paseantes institucionales no miran los purines de la macro granja que recorre con sus cerditos teclamentosos transfigurados desde el pocete nevado o el barrio teresiano al Carrero ignaciano?

Siento envidia cuando recorro los suburbios, otrora muladares, de las ciudades antedichas, cuando veo el orden y la limpieza de las afueras que conocí desaseadas hace décadas y hoy están lustrosas, en Vicálvaro, en el Paseo de la Cuba Albaceteño, o en las riberas del Pisuerga. Y no digo na del asfalto o la señalización (hacemos de guías cuando nos visitan para que puedan llegar al centro), baches y hundimientos aparte, que aquí en la muy noble, etcétera, y muy etcétera cicatera ciudad, se eternizan de por sí de hace mucho tiempo, de cuando el gorrino por san Antón y mucho antes de los albañales de los rascacielos.

Los guarrines parquímetros purindimensionales estuvieron limpios alguna vez, y cierto es que así fue, que ya lo dijo Emilio Sánchez Vera: “in illo tempore.”

 

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