La Opinión de Cuenca

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El perro del hortelano


La expresión,  “Ser como el perro del hortelano, que no come ni deja comer” es una frase popular que tiene su origen en una comedia del más insigne comediógrafo español de todos los tiempos Lope Félix de Vega y Carpio (Lope de Vega para los amigos).

En la comedia, el autor utiliza la figura del perro, un animal no vegetariano que no come las verduras del huerto de su amo, pero que tampoco deja que los otros animales las coman. Así pues, en la obra, plagada de líos amorosos, su protagonista (Diana) no puede amar a quien en realidad desea (Teodoro), pero a la vez tampoco le deja que ame ni mucho menos que sea amado.

Viene a colación la famosa comedia de Lope en los tiempos actuales, en los que hay personajes similares a Diana, que ni hacen ni dejan hacer. Y aún más, se permiten el lujo de decirnos al resto del rebaño (en buena parte inmunizado) lo que debemos hacer y qué es lo que más nos conviene.

Supongo que ya habrán adivinado en este caso que el perro del hortelano, viene a ser don Alberto Carlos Garzón Espinosa, ese gran ministro con nombre de culebrón venezolano, quien recientemente ha lanzado una campaña contra el excesivo consumo de carne en España, y ha vuelto a poner en la diana a la industria ganadera, a quien acusa de “provocar elevadas emisiones de gases de efecto invernadero”. En resumen, una ‘garzonada’ más, o lo que es aún peor, un desconocimiento total del ministerio que ocupa (que le concedieron como parte del cupo de comunistas que apoyan al gobierno de Sánchez). Otra bobada de similar calibre a la que lanzó contra la hostelería hace no mucho tiempo.

Visto el panorama que vivimos en este país, no es de extrañar que, tras la declaración del ilustre, las reacciones de los responsables del sector hayan sido de total rechazo y que hasta el presidente del Gobierno, haya dado un tirón de orejas al experimentado ministro, cuyo ministerio podía estar unido al de Sanidad. Pactos obligan. 

Desconozco si el señor Garzón ha sido quien ha pensado él solito lo que ha dicho en la prensa o se lo ha sugerido alguno de los múltiples asesores que debe tener tan necesario ministerio. Sea de una manera u otra, de lo que no me cabe duda es de que mientras Garzón pastaba apaciblemente en su despacho, cobrando mensualmente una buena pasta, ha ido rumiando la idea y la ha soltado en el peor momento, tal vez para que sirviera de cortina de humo a la crisis económica que atravesamos en España, ya que somos el país que menor número de turistas recibiremos este verano  y, por tanto, la ruina para miles de familias que, mire usted por dónde, señor Garzón, van a tener que dejar de comer carne porque no la van a poder pagar. Claro que usted puede volver a declarar que: ‘no hay mal que por bien no venga’, ya que, a menor consumo de carne, menor contaminación. ¡Olé tus garzones!. 

En fin, querido Alberto, espero que recapacites y caigas en la cuenta de lo que has dicho, aunque creo que no vas a rectificar ni mucho menos a dimitir de tu cargo. Y comprendo que no lo hagas, porque yo tampoco lo haría, teniendo en cuenta el chollo que es sentarse en el sillón ministerial y recibir todos los meses la nómina que te cae como llovida del cielo.

Mira por donde, por una vez estoy de acuerdo con Sánchez (en lo del chuletón al punto), aunque en otras cuestiones no sea santo de mi devoción, aunque como bien sabes, las devociones van y vienen, según el viento que sople o quien te ofrezca un cargo. ¿Me vas entendiendo? Pues si no me entiendes, que te lo explique alguno de tus innumerables asesores.

¿Sigues empeñado en que no comamos carne de vacuno? Yo sigo empecinado en la obra de Lope. Por favor, no seas como el perro del hortelano. Me parece estupendo que tú no comas, pero por lo menos, déjanos la libertad de decidir.

Por cierto, y volviendo a la emisión de gases de efecto invernadero: ¿se ha parado usted, señor ministro, a pensar en la gran contaminación que supone los sueldos que reciben miles de políticos, cuya misión principal es la de no aportar soluciones a los problemas y entretenerse en nimiedades? Esos sí que son gases perjudiciales, tanto físicos, para la capa de ozono, como económicos para quienes tenemos que contribuir con nuestros impuestos para que ustedes se dediquen a seguir cabreando cada día más a este país que no merece tanto iluminado como tenemos. 


Pepe Monreal

El Búho

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