La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Remontes


¿Dónde estabas la primera vez que oíste hablar de los remontes mecánicos al casco antiguo? No hay conquense que no tenga respuesta a esta pregunta.

Para los de mayor edad, la fecha se difumina en las brumas de la memoria, porque son ya varias décadas de hablar y no hacer. Y en los de menor edad, pudieran los más jóvenes incluso pensar que el debate es nuevo, cayendo en la ilusión óptica de un cronómetro siempre a cero, con el tiempo suspendido en el día de la marmota conquense.

Sería incluso pintoresco si fuera la excepción, pero esta incapacidad de hacer, que mantiene a la ciudad en una suerte de parálisis decadente, es lamentablemente la norma. La incapacidad de Cuenca para resolver una cuestión, como es la movilidad vertical con medios mecánicos, es el paradigma de una ciudad que lleva décadas en las que, en lugar de avanzar, retrocede.

Una ciudad, capital de provincia solo por título, que se ha desconectado del resto del país y región, en esto de los remontes como en todo. No sé si habrá alguna ciudad en la que sean más necesarios, sí sé que el resto ya tiene sus ascensores y/o escaleras mecánicas.

Pero retrocedamos en el túnel del tiempo, para despejar la bruma de la desmemoria de los más mayores y poner en perspectiva a los más jóvenes.

“Medio siglo de remontes” es el título de la noticia o reportaje que a su vez suma varios lustros durmiendo en la hemeroteca. Recordaba la información, publicada en el año 2004, que la primera noticia sobre un medio para unir “las dos Cuencas” apareció en 1952. Setenta años, siete décadas, catorce lustros han pasado.

Descubrimos también en la hemeroteca que, el entonces alcalde, inaugurando una costumbre que se ha hecho ya vicio, declaraba rotundo en 1952 que en dos años “Cuenca sería perforada de arriba abajo”.

Daría para una tesis doctoral, tanto las ingentes informaciones aparecidas sobre el tema, como las declaraciones y promesas oficiales y los proyectos técnicos efectivamente realizados y pagados. La tesis tendría que ganarse el “cum laude” explicando el motivo por el cual, setenta años después del primer amago, no se ha hecho nada.

Como aquí no vamos a hacer esa tesis, nos conformaremos con solo tres paradas en este peculiar regreso al pasado.

Año 1952, se anunciaba la inminente perforación de la roca. En 2004, año de la información aquí rescatada, se anuncia a su vez que dos ascensores unirán “finalmente” el casco antiguo con el resto de la ciudad, con foto incluida en la que el presidente Barreda, el alcalde Cenzano y el consejero Gil se dan la mano en simbólica rúbrica del ¿nuevo? protocolo entre administraciones. Año 2022, se anuncia una vez más un ¿nuevo? protocolo para redactar un ¿nuevo? proyecto para ¿hacer? los remontes (ahora escaleras).

Soy de los que piensan que los remontes son necesarios, aunque admito que la ciudad pueda sobrevivir sin ellos, pero, con o sin remontes, no nos espera otra cosa que decadencia si no revertimos esta parálisis, si no reseteamos Cuenca, también de arriba abajo.


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