La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Tren o ruina


Tomo prestada la frase tras la cual miles de conquenses se echaron a la calle para defender su tierra: “Autovía o ruina”.

La autovía Madrid Valencia finalmente no pasó por la capital y eje central de la provincia, y se nos condenó con ello a esa ruina que ahora llamamos despoblación.

Una pesada condena que no caduca ni prescribe, de forma que aún hoy se nos niega la libertad condicional que supondría la autovía Cuenca-Albacete que, unida a la Tarancón-Cuenca, nos devolvería al eje de prosperidad al que pertenecemos por geografía. De la continuidad de la A40 hacia Teruel ya ni hablamos.

Llama la atención observar cómo las infraestructuras con mayor capacidad de dinamizar y articular un territorio, carretera y tren convencional, se amputan a la altura de Cuenca según llegan desde Madrid.

El eje Madrid-Valencia permanece intacto en su desvío por Albacete, aunque el camino más corto pase por Cuenca, que hasta eso desconocen muchos conquenses, sumergidos en una burbuja cual sueño de los justos. Ea.

Envidio la evasión que supone desconectarse de la realidad real de esta tierra (y no me refiero a su inmenso patrimonio histórico y natural). Después de veinte años de militancia conquensista, asumo que no lo conseguiré y, sí, me siguen indignando noticias como la siguiente:

“Albacete y Alcázar de San Juan serán sucursales logísticas del Puerto de Valencia” (El Digital CLM 070223). También que el 40% de las importaciones y exportaciones del país pasan por el puerto valenciano.

Ilustra la noticia la habitual fotografía de manos juntas entre nuestro (es un decir) presidente regional, el consejero de fomento, alcaldes y presidentes de diputación.

Y mientras tanto o al mismo tiempo, la actualidad en Cuenca pasa entre otras cosas por la planta de purines en Palancares, o por la polémica sobre qué significa eso de campa de coches descontaminados, o porqué el vertedero de Almonacid parece una instalación de alta seguridad del ejercito americano a la que no es fácil acceder.

Mientras esto pasa en Cuenca, el alcalde de Albacete señala: “El primer edil ha recordado que Albacete está en la zona de influencia del Puerto de Valencia, que existe una línea ferroviaria convencional perteneciente a la Red Ferroviaria de Interés General (RFIG) que conecta Albacete y Valencia, y que se engloba dentro de la Red Transeuropea del Transporte como Red Básica de Mercancías”.

Exacto, esa misma red de la que se ha extirpado el ferrocarril de Cuenca, cuya estación, ya abandonada en pleno centro de la ciudad, empieza a ser foco de comportamientos, por decirlo suavemente, asociales.

Conviene recordar que Albacete, por poner un ejemplo, inició la andadura autonómica en razonable plano de igualdad con Cuenca, y 40 años después esto es lo que tenemos.

Y para los que no quieran verlo, que es como digo una ensoñación tan placentera como egoísta, tengo malas noticias. El final del pozo conquense está aún muy lejos.

Y si en lugar de luchar por el tren o cualquier otra palanca de desarrollo para el futuro de nuestros hijos, nos conformamos con ser el basurero de España, que nadie dude que lo seremos.

Y, por favor, dicho sea esto con todo el respeto para quienes, empresarios y trabajadores, se ocupan de mover, almacenar, reciclar, valorizar y reutilizar las ingentes cantidades de basura que entre todos generamos.

Pero yo solo pido que cada uno limpie su escombro y que el reparto de dones y dineros sea equitativo.

 

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