La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Tren vacío


Es por necesidad, no por inveterada costumbre: me vuelvo a citar (sic).

Pero antes citaré las palabras de la Subdelegada del Gobierno con motivo de la clausura del tren convencional en Cuenca: “Lo que no se puede es mantener un tren que vaya vacío” La Tribuna de Cuenca (020522).

Del título de tres artículos publicados en La Opinión de Cuenca:

“Hervir la rana” (011221). Se puede cocer una rana sin que el animal se rebele con solo subir lentamente la temperatura del agua. Un par de grados tenía el agua cuando se decidió cerrar la circulación de los trenes Talgo en la línea de ferrocarril de Cuenca. En años posteriores, en todos y cada uno de los cuales se dejaron de realizar las necesarias inversiones en mantenimiento, los grados fueron subiendo. Con motivo de los destrozos de la borrasca Filomena, el agua ya quemaba. Finalmente cierran la línea, y la rana está hervida.

“El donut” (141222). De este drama del tren, lo que más llama la atención es que se cierra únicamente el tramo conquense en una línea de ferrocarril plenamente operativa en los extremos. De nada sirve a Cuenca por tanto su posición central en el eje Madrid-Valencia si nos cercenan las comunicaciones y nos encierran y aíslan. Algo así como el agujero de un donut o rosquilla, un vacío interior (Cuenca), rodeado de masa (Madrid-Levante).

“Palabras basura” (020322). Llamamos hoy comunicación política a lo que con frecuencia no es otra cosa que retorcer el significado de las palabras. Se puede entender el uso, pero ya estamos en el abuso. Abandonar una infraestructura para finalmente clausurarla por falta de uso, es un abuso de creatividad en la argumentación. Declarar año tras año que el ferrocarril de Cuenca no se iba a cerrar, a sabiendas de que tarde o temprano tal cosa iba a ocurrir, sobrepasa el concepto de abuso de la palabra.

Solemos decir que España es un país de pícaros, y no seré yo quien determine esta cuestión, pero sí creo poder afirmar, o cuando menos sospechar, que los responsables de Adif han sido “pícaros” con Cuenca. Y digo esto porque, en estos años en que la rana se iba cociendo, ha sido recurrente la afirmación de que la línea de ferrocarril se atendía en su mantenimiento, modernización incluso, pues no otra cosa podía significar el almacenamiento de traviesas a estrenar en los terrenos de la estación de Cuenca. Las mismas traviesas (ahora son de hormigón) que han comenzado a expedir a otros destinos ahora que la línea de Cuenca se cierra.



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