La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Una cuestión de estética


En las frondas, mientras canta la chicharra y la canícula obliga a huir del sol, los ganados descansan y los pastores hablan de sus cosas.
-Oye, Filósofo, tu crees que antes también había medio ambiente -preguntó el Colorao.
-Claro, medio ambiente ha habido siempre -dijo el Filósofo.
-Entonces ¿por qué antes no se sabía nada de esto? -Interrogó el Colorao. -Yo nunca había oído hablar de ello.
-Mira, Colorao, antes, por aquí le llamábamos campo, es el lugar que habitamos.
-Y en las ciudades, ¿también hay medio ambiente? -Continuó preguntando el Colorao.
-Claro que sí, igual que aquí -dijo el Filósofo.
-Pero el medio ambiente de las ciudades estará sólo en los parques y en las zonas verdes ¿verdad? -Preguntó el Colorao.
-El medio ambiente está en todas partes, es todo lo que está fuera de nosotros, el lugar que habitamos sea rural o urbano -dijo Romero que hasta entonces había estado callado.
-Pues, si eso es así, y no dudo de vosotros, no lo entiendo -dijo el Colorao.
-¿Qué es lo que no entiendes? -Preguntó el Filósofo.
-Pues que, si todo es medio ambiente y el medio ambiente de las ciudades esta tan podrido, como todos sabemos, ¿por qué nos dan tanto polsaco a los rurales, que tenemos nuestro medio ambiente tan bien conservado? -Sentenció el Colorao.
-Es que esto del medio ambiente ha pasado a ser una cuestión de estética, además de un asunto político, como todos ya sabemos. Algo que poco o nada tiene que ver con la realidad y sí mucho con la vanidad humana y con el interés de algunos que han hecho de ello su medio de vida. -Dijo el Filosofo.
-Explícate, a ver si lo entendemos -dijo Romero. 
-Mirad, amigos, para ser una persona perfecta no es necesario tener un cuerpo perfecto, -¿verdad? Dijo el Filósofo- ni tener una figura perfecta. Tener un cuerpo perfecto, según las exigencias de la moda en estos tiempos, entraña pasar muchas horas en el gimnasio o en la estética, incluso en la mesa de operaciones. Tengo la impresión de que estas exigencias de la moda urbana, se intentan trasladar al medio natural y rural, para hacer una naturaleza estética. Una naturaleza de ver y no tocar, para poder enseñar a los turistas. Una naturaleza improductiva, que penaliza las actividades económicas que se practican en el medio rural, lo cual, a mi juicio, es el mayor de los errores.
-Te quiero entender, pero no acabo de cogerlo -dijo el Colorao.
-Yo tampoco acabo de entenderlo -comentó Romero.
-Mirar, amigos, según pienso, el campo de toda la vida desaparece, convirtiéndose en una prolongación de las ciudades, donde los urbanitas disfrutan de su tiempo libre y, lo que empezó como turismo rural (su espíritu primigenio consistente en hacer un poco más rentable la explotación agropecuaria, acogiendo algunos turistas de vez en cuando), ha desembocado en una verdadera industria, al margen de la explotación rural, cuando no va en contra de ella.

El campo de toda la vida, en manos de estos diseñadores, es transformado en Parques de varias clases, en Monumentos de la naturaleza, en Reservas y otras figuras que, de alguna manera, hacen pensar a los visitantes que se encuentran en lugares más especiales de lo que eran cuando no tenían estos títulos. Todo lo etiquetan para que sea más fácil a las agencias de viajes preparar sus paquetes de fin de semana, puentes o vacaciones en general.

Ahora, en estos tiempos, en el monte sólo intervienen las cuadrillas de trabajos forestales. A los nativos se nos ha prohibido prácticamente todo y lo que no está prohibido ya no se hace, por si acaso. 

-Hace sólo unas décadas éramos nosotros quienes limpiábamos el monte y sacábamos algún provecho de ello; también apagábamos los incendios forestales cuando se producían, y lo hacíamos gratis, cosa que mucha gente no sabe -dijo Romero.
-Me dejas con la boca abierta -comentó asombrado el Colorao-, pero creo que te entiendo. Somos como sus criados, tenemos el medio ambiente -que ahora ya sé lo que es- en perfecto estado de revista, para que los urbanitas lo disfruten cuando quieran, y sin cobrar nada a cambio, incluso han dejado sin rentabilidad nuestro trabajo, somos como los antiguos esclavos, ¿y aún quieren que nos quedemos a vivir en el campo?
-Esa es una gran mentira, si de verdad quisieran eso, harían lo posible para que pudiéramos vivir de nuestro trabajo -dijo el Filósofo-. Pero esa es otra historia que dejaremos para otro día, pues ya refresca y mueve el ganado y hay que salir al careo.


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