La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

¡Uy!, con mi… en las tri...


La voz escrita en una pantalla no tiene textura ni olor. La voz del resinero es áspera o lo debería ser, como las manos con las que labora, que además son de piel gruesa. Y el olor, sobre todo en invierno, algo desagradable, y no por guarro. Olor rudo y grosero, a ajo crudo recién masticado en las primeras horas del día; a monte en verano; a tomillos, salvias y romeros en primavera, a tierra húmeda. Pero todos los olores que emanan de su noble presencia, su rudeza, son puros como su sudor. Y me vienen al melondro: los afeites, los aceites, los mejunjes, y las sedas de sus señorías. Y no tienen merito, que son a a costa del contribuyente en un salón de las Cortes, de enjuagues, afeites, y estilistas estilosillos. 

El cortesano es todo finura, como sus trajes o su piar, sin textura ni color, la que nos lleva al muladar. Al resinero no llega, como no llegan sus llagas a sus despachos, ni los fondos europeos a quienes más lo necesitan. Mi chivo, o chivato, me ha dicho que les pagan dietas por ir a Madrid de a dos mil al mes por ser de Cuenca, aunque en Cuenca, salvo elecciones no les vemos el pellejo ni barruntamos su impostada voz, esa que juega como nadie al birle birloque, y que no elucubramos si es churro, mediamanga o mangutero, la que seguro que nos va a rilar un poco más. 

No dice el dipu de Cu “no sin mi tren” “son son sera, será será”, diputado nunca más. Y es que no hay lo que hay que tener para vivir dignamente del trabajo, pa ganarse el pan decentemente. Ofrecen borricas a los resineros, esas que ya no necesitan desde que la Campi llegó al Solán en 1926, época en la que aún se podía elegir entre burro o cafetera (entiéndase autobús que echa humo negro en el Monsaete de los maquis). Digo que ofrecen borricas, que ya quisiéramos, que no tenemos tren, ni podemos pagar el gasoil, y lo que queda de la Campi va a su bola. Menos mal que aún tenemos cartero, pero poco, y llega el Amazon del toco-mocho. ¡Ah! ¡Uy! ¡mecachis! que tenemos esmenoraos e inútiles blablaberos plomíferos que, cual tonto repanchingao, progresan adecuadamente gracias a la podredumbre de la que viven. ¡Miren sus mondongos y menudos llenos de mi…! Lo malo es que ni siquiera se han ganado el derecho a tener mi… en las tri...

 

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