La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Venezuela 1981. Rica, sin conciencia de esfuerzo y principio del fin


Mi primer trabajo profesional después de terminar la carrera fue en el grupo de empresas Schlumberger, uno de los más prestigiosos y grandes del sector de la exploración y producción de hidrocarburos.

El primer destino fue Venezuela. Concretamente la ciudad de Maturín, capital del estado de Monagas, que linda con el estado de Delta Amacuro donde desemboca el río Orinoco y donde existen unas reservas de petróleo enormes -dos veces las de Arabia Saudita-, aunque por su mala calidad necesita un tratamiento y refino complicados.

Mi llegada a Caracas, escala obligada hacia Maturín, se produjo en un avión de la entonces compañía aérea de bandera de Venezuela, VIASA -ya desaparecida- y con bastante retraso. Perdí el vuelo de enlace y me tuve que quedar en un hotel cerca del aeropuerto de Maiquetía.

VIASA me dio un “vale” para pagar al taxista y otro para el hotel. Era ya de noche. Cogí el taxi y a los tres o cuatro kilómetros, en una carretera oscura y solitaria, el taxista paró el coche y me dijo: “con qué me vas a pagar”. Al decirle que con un vale de VIASA me respondió: “o me das 40 bolívares y el vale o te bajo aquí”. Ante tan convincente argumento accedí a la amable petición y continuamos hasta el hotel.

Al día siguiente, con un vuelo reservado para las 10 de la mañana, tampoco tuve mucha suerte y me fueron dejando fuera en los sucesivos vuelos “porque estaban todos llenos”. Después de una horas conseguí hablar con alguien de nuestra oficina central y me explicó que lo mejor era que “engrasase” la reserva con un billetito de 50 o 100 bolívares metidos en mi pasaporte junta con la misma. Me preció horrible, pero no parecía haber otra solución. Funcionó al instante.

No crea el lector que siempre fue así durante los 18 meses que allí pasé. Pero la entrada me hizo reflexionar. Siempre odié estas corruptelas y por ende la corrupción. Creo que es un mal que debería tener unas penas mucho mayores de las que hoy tiene. Especialmente si se hace aprovechando un puesto público en el que el dinero es de todos los contribuyentes.

Afortunadamente, en los 18 meses que estuve allí no tuve otros episodios similares si exceptuamos que cada día que salía de la ciudad para ir a visitar el campo de petróleo donde trabajaba, que eran casi todos, había un control de policía que requería una “pequeña colaboración” para que no me quedase retenido por alguna razón. Era todos los días y a casi todo el mundo que conducía un coche con distintivo de empresa extranjera del petróleo. Así que iba preparado y como al poco tiempo ya conocía las patrullas, nos saludábamos y mi empresa colaboraba adecuadamente.

Sirva esta introducción para ir al fondo del asunto de esta experiencia de mi vida. 

En 1991, el presidente de Venezuela era Luis Herrera Campins, que había sucedido al más conocido Carlos Andrés Pérez en 1979 (Pérez repitió otro cuatrienio de 1989 a 1993). Venezuela tenía 15 millones de habitantes (ahora 31 menos los que se han exiliado), exportaba unos 3 millones de barriles diarios lo que le daba un ingreso por persona enorme para poder invertir en desarrollo y formación. El bolívar tenía un cambio fijo desde 1961 de 4,3 bolívares por cada 1 US $. Mucha gente venía a Europa y a USA para comprar de todo.

No había conciencia del valor del esfuerzo, del estudio, del trabajo duro. El dinero llegaba fácil. La gasolina era prácticamente gratis. Una manzana costaba 4 bolívares (1 dólar) y todo era carísimo.

Y pasó lo que tenía que pasar. La primera semana de octubre de 1982 se devaluó para algunos usos de 4,3 a 25 bolívares por dólar. El 12 de marzo de 1983 se pasó a 7,5 para los usos que habían quedado en 4,3 en 2012, el 2 de febrero de 1983 a 38,6 y así sucesivamente. El principio del fin.

En 1996 ganó Chávez las elecciones. En los años siguientes se fueron haciendo devaluaciones de varios ceros, en 2018 se le habían quitado 7 ceros. Uno de 2018 equivalía – ya con el nombre de Bolívar Soberano- a la diezmillonésima parte que uno de 1982, cero arriba o abajo. El 1 de octubre de 2021 se sustituyó por el Bolívar Digital que se consigue quitándole otros 6 ceros. Vaya, incompresible para nuestra cabeza el número por el que hay que dividir uno del 1982 para comparar con este de 2021.

¿Y toda este relato para qué? Lo que pasó allí se debió a la ausencia del valor del esfuerzo, se aprobaba fácil, las universidades eran -en general- generadoras de títulos por estar, había dinero fácil que era generado por el petróleo. Creo que en España nos estamos yendo por estas opciones y eso, seguro, no puede traer nada bueno. Además stamos teniendo “dinero fácil” que viene del enorme aumento de la deuda pública.

Menos mal que quedan reductos, universidades, colegios -públicos y privados- que luchan y se esfuerzan en exigir esfuerzos y sacrificios. Debemos apoyarlos. Nuestro futuro depende en gran parte de ellos. No podemos aceptar una educación laxa. Es un error fundamental si es que se continúa en esa línea. No nos va a pasar lo que a Venezuela, pero algo no muy bueno nos va a llegar como no corrijamos.

Si no cambiamos esta inercia habremos sido “ricos”, habremos perdido el concepto del esfuerzo y la meritocracia y estaremos en el principio del fin. ¡Ojalá reaccionemos pronto!


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