La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Y el tren dejó de venir a Cuenca


Hace algunas semanas, desde diversos sectores de la opinión pública conquense, aquellos que han decidido abandonar por una vez nuestro legendario “ea” cada vez que los políticos dan un nuevo palo a nuestras legítimas aspiraciones como ciudadanos de España, aquellos se han decidido, por una vez, a armarse con la fuerza de la verdad contra la decisión de esos políticos de robarnos el tren convencional, nos aseguran que aún estamos a tiempo de revertir la situación, que todavía podemos recuperar el tren que nos habían robado. Para ello, y quizá en nuestro caso sea lo más difícil de conseguir, deberemos unirnos todos, los usuarios de la vía y los que no la usamos tanto, y pedir con toda nuestra fuerza aquello que nos corresponde: el mantenimiento de la vía del tren convencional. Sin embargo, como suele ser usual en estos casos, esta primera cláusula, que en buena lógica debería resultar sencilla, se me antoja demasiado complicada, por el carácter tradicional de los conquenses. Este mismo verano he oído comentar a algunas personas, tan conquenses como tú, querido lector, o como yo mismo, y tan alejados de cualquier posición política, de uno o de otro signo, que afirmaban, con total tranquilidad, que la supresión de la línea era lógica: “si no va nadie en los trenes; si van vacíos.” Es una línea, decían ruinosa, y hacían oídos sordos a quienes les contradecíamos afirmando que si la gente no utiliza la línea es porque esos trenes eran incómodos y muy lentos, que la inversión en la línea durante los últimos años había sido nula, que los servicios públicos no deben ser nunca un negocio, y que, en definitiva, nosotros, los conquenses, aunque seamos pocos, tenemos el mismo derecho a la movilidad que los habitantes de cualquier otro lugar de España.

Cuenca se ha convertido, con esta última decisión de ADIF y del Gobierno de la nación, con el beneplácito de la Junta de Comunidades y hasta de las instituciones conquenses, en la única capital de España que no cuenta con una sola línea del tren convencional. Se nos dice que no deberíamos preocuparnos, que tenemos el AVE, que comunica a nuestra ciudad con muchos puntos de España. Pero en muy poco tiempo se han perdido también algunos de esos servicios del AVE, y aunque en las últimas semanas se han recuperado algunos de los servicios perdidos, otros siguen desaparecidos. Por otra parte, al vecino de Huete o de Carboneras de Guadazaón, de Tarancón o de Arguisuelas, la existencia del AVE no les supone ningún alivio en su movilidad, por mucho que se hayan puesto en funcionamiento unos autobuses que comunican esos pueblos con la estación Fernando Zóbel, aunque tarden mucho más tiempo de lo que tardaba el tren. ¿Cuánto tiempo se va a mantener esa flota de autobuses, bastante cara, por cierto, quizá tan cara como lo era el tren convencional? Probablemente, como ha pasado casi siempre, esas líneas se irán reduciendo en los próximos años, hasta terminar por desaparecer… porque si el tren convencional era deficitario, también lo es este nuevo servicio que se nos quiere imponer. El tiempo lo dirá.

Decíamos antes que estamos todavía a tiempo de revertir la situación y recuperar la línea del tren convencional. Quizá sea por ello, por lo que las administraciones que tienen algo que decir en este tema, se estén dando una prisa inusitada para retirar, en algunos tramos de la línea, las traviesas de madera. Y es que deben estar convencidos, parece ser, de que la decisión de intentar recuperar la línea en algún momento será mucho más difícil, por su coste y por la necesidad de recuperar las infraestructuras desde cero. Decíamos también que Cuenca se ha convertido en la única capital de provincia que ya no cuenta con tren convencional, con lo que a nuestros abuelos les costó obtener esa gran infraestructura … Corría el año 1885, con varias décadas de retraso, cuando se creó la línea Aranjuez-Cuenca, una línea que no se vería ampliada con el ramal que llevaba hasta Valencia hasta los años posteriores a la Guerra Civil. Y todo ese trabajo se ve ahora menospreciado por la decisión de unos políticos que, contra toda lógica, no dudan en poner sus propios intereses personales por encima de los de toda la ciudadanía, aprobando un nuevo ordenamiento urbanístico que, sin embargo, y así se ha denunciado públicamente, tiene todas las características de ser ilegal.

En todo caso, y aunque no sea así, todos sabemos cuál va a ser la provincia que va a salir beneficiada con esta decisión de los políticos: la de siempre, Albacete. La eliminación de la rivalidad conquense conlleva un incremento del flujo ferroviario de la línea Madrid-Albacete-Valencia, precisamente ahora, cuando se espera que vayan a llegar desde Europa grandes cantidades de dinero para beneficiar a lo que se ha venido a llamar la España vaciada. Castilla-La Macha es, lo sabemos bien, una de las comunidades más despobladas de España, y lo es por provincias como Guadalajara y, sobre todo, Cuenca. ¿Se va a repartir todo ese dinero de manera proporcional, más euros para las más desfavorecidas, o volverán a ser las otras provincias de la región, como siempre ha ocurrido, las que se verán más beneficiadas por el reparto? Desde algunos sectores de opinión se viene afirmando que a Toledo y a Albacete les interesa una Cuenca deshabitada y empobrecida para sacar más beneficio de Europa.

Es un tema, éste del tren convencional, que sigue siendo de interés y actualidad en los medios de comunicación, y yo mismo ya lo he tratado también en alguna columna anterior de este mismo medio. Y es que sigue siendo lo suficientemente importante como para que no deba quedar en el olvido. La línea del ferrocarril de Cuenca, a pesar de los cuantiosos problemas de infraestructura con los que cuenta, debido sobre todo a la secular falta de inversiones -todavía en los años sesenta y setenta llegaban hasta la estación de Cuenca, desde Madrid, Valencia o Barcelona, los mejores ferrocarriles que entonces había en España, como el TALGO-, tiene todavía muchas posibilidades. Posibilidades en lo que respecta al tren convencional, ahora que, precisamente en otros lugares de España, se están realizando grandes inversiones para rentabilizarlo. Posibilidades para el transporte de mercancías, mucho más barato y menos contaminante que el pesado transporte por carretera, que tanto está tensionando últimamente nuestras carreteras y autovías. 

Y posibilidades, sobre todo, por el tren turístico. El tren de la fresa, en Aranjuez, es un clásico en este sentido, pero las nuevas líneas abiertas de este tipo de comunicación lúdica son ya numerosas. Hace sólo unos días se puso de nuevo en servicio el tren de Felipe II, entre la capital y algunas localidades de la sierra madrileña. Hace ya cuatro años, en 2018, se pidió desde la Diputación de Cuenca un proyecto, Serranía en Vía, con el fin de obtener un cierto aprovechamiento turístico para el ferrocarril convencional conquense, al tiempo que se iniciaba por parte de la misma institución, un plan de inversiones para la restauración de las diferentes estaciones y apeaderos con los que contaba la vía. La contestación que los directivos de ADIF han hecho a la petición de las anteriores instituciones conquenses ha sido, como es bien sabido, la clausura -¿definitiva?- de la línea; y con el beneplácito, ya lo hemos comentado, de las propias instituciones locales y regionales conquenses, las que deberían velar para que este hecho nunca se hubiera producido. 

En Cuenca se cierran los trenes, pero en otros lugares, mejor tratados por la despoblación, los billetes se ofrecen de manera gratuita, con todos los problemas que ello causa. Se ha hablado repetidamente de personas que reservan sus billetes, provocando la correspondiente salida de estos de la oferta, y que luego no viajan, sin haberse molestado ni siquiera en anular la reserva. De esta manera, hay personas que no pueden acceder a esos billetes porque los trenes van supuestamente llenos, a pesar de que luego resultan que van semivacíos. Mientras tanto, por otra parte, a los conquenses se nos niegan el derecho a ser como el resto de los españoles, por la única razón de que ya no tenemos tren convencional. Y el AVE es cada vez más caro, incluso en las supuestas líneas de bajo coste que se han venido abriendo en los últimos meses, resultando algunas veces más caras que las propias del AVE. 

Y mientras todo esto ocurre, podemos llegar a cualquier paso a nivel abandonado de la línea conquense, en la que resulta que una ráfaga de viento ha bajado la barrera, inservible pero todavía en su lugar, provocando a un lado y otro de la misma una interminable fila de vehículos, hasta que el conductor de uno de esos vehículos, con más lógica y más sentido común, y con una cierta dosis de valor, se decide a bajarse de su vehículo, y con mucho cuidado, para asegurarse de que no viene el tren -el tren no va a venir nunca, porque los políticos ya se han encargado de que no venga-, se decida a ir dando paso poco a poco a todos los vehículos atrapados. Podrán decirnos que eso es imposible, pero yo conozco a alguien a quien le ha ocurrido en el paso a nivel de Chillarón. Sin embargo, todavía fue peor cuando el hecho ocurrió al revés, cuando alguien cruzó aquel mismo paso, despreocupado porque la barrera entonces se encontraba subida; el susto fue enorme cuando, nada más haber cruzado el paso a nivel, el tren -entonces todavía había trenes que paraban en Chillarón-, silbando con un cierto retraso, cruzó por aquel mismo paso cuando el vehículo acababa de cruzar.

 

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